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domingo, 4 de septiembre de 2011

LA PATRIA È UN'ARANCIA / Félix Luis Viera

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Ya está a la venta la edición en italiano del libro La patria es una naranja del poeta y novelista cubano Félix Luis Viera, en la colección de Literatura Cubana que dirigen el poeta cubano William Navarrete y el traductor y editor italiano Gordiano Lupi, para Edizioni Il Foglio (Toscana).
Los editores han decidido conservar en la cubierta la imagen de una pintura de Erick A. Hernández que usáramos para el diseño de la edición original en español para Iduna Ediciones (Miami) / Absalón Editores (España), en el 2010.
La traducción debemos agradecerla al propio Lupi, que ha traducido numerosos libros de autores cubanos, e incluye un posfacio de la poeta de Ferrara Patrizia Garofalo.
. . UN POETA LONTANO DALLA PATRIA
. Félix Luis Viera e la nostalgia di un esiliato Félix Luis Viera è noto in Italia per aver pubblicato Il lavoro vi farà uomini (L’ancora del mediterraneo, Napoli - titolo originale Un ciervo herido), un romanzo verità che racconta la terribile esperienza delle UMAP, centri di rieducazione e lavoro per antisociali (dissiddenti, omosessuali, religiosi, rockettari...) creati dalla fantasia malata del comunismo cubano nei primi anni Sessanta. Molte opere di Viera sono inedite nel nostro paese, ma meriterebbero di essere tradotte, perchè è uno scrittore dallo stile colto e rafinato che ha il coraggio di raccontare il vero volto dell’isola caraibica. La patria è un'arancia è una raccolta basata sulla nostalgia per una terra lontana, la stessa nostalgia che provava Cabrera Infante da Londra immaginando L’Avana senza poter sentire il profumo del suo mare. Félix Luis Viera costruisce poesia d’amore e nostalgia. paragona la patria al corpo di una donna che gli ha permesso di avere meno nostalgia, tra freddo e solitudine. Descrive un rapporto d’amore intenso alternando similitudini delicate e immagini lascive, fino a immaginare che un giorno la patria comincerà in un prato e terminerà tra le gambe di una donna. L’amore è l’unica salvezza, secondo il poeta in esilio, la sola cosa che toglie dalla disperazione, dal rimpianto e che fa nutrire la speranza che un domani qualcosa possa cambiare. Félix Luis Viera ci regala una stupenda poesia d’amore che si trasforma in accorato canto politico per il futuro della sua terra.
………………………………………………….Gordiano Lupi
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lunes, 9 de mayo de 2011

LA PATRIA ES UNA NARANJA / Félix Luis Viera

La Revista del Diario. 05-05-2011.Por Luis de la Paz.
.Dos puntos geográficos, Cuba, el país natal del autor, y México, la nación de su exilio, conforman La patria es una naranja (Ediciones Iduna/Absalón Editores, Miami, 2010) del escritor cubano Félix Luis Viera (Santa Clara, 1945), un extenso poema de gran aliento (inmenso aliento sostenido), donde el desgarramiento, las definitivas pérdidas, la separación familiar, el choque generacional y cultural, marcan el encuentro (y el desencuentro) del poeta con su destino.

El texto es un muestrario de realidades, muchas de ellas patéticas, dejando al descubierto heridas que no es posible cicatrizar, porque todo resulta muy doloroso e intenso. “Mi hijo una vez se uniformó con el uniforme de la patria/ (es decir, con el uniforme de los soldados de la patria del Tirano)/ y estuvo dispuesto a darlo todo por ella haciendo estallar la pólvora/ hasta la muerte”.

En este libro no hay medias tintas, las secciones están marcadas por una amargura que sólo aquel que ha vivido “momentos claros y oscuros” como diría Zweig, puede entender en su entera dimensión. Hay una aprehensiva acidez en el lenguaje, en la manera diáfana de exponer, un sombrío desaliento, no en la voz del poeta que se crece en sus versos, sino en el hombre consciente de su destino, para no decir su tragedia. La patria es una naranja es, además de un documento poético de gran valía, una importante denuncia social.

Viera se sitúa en sus dos realidades, la cubana y la mexicana, para desarrollar las 80 secciones que tiene su libro, agrupadas en XIII partes. Hacía tiempo que no leía un poema que lograra sostener la energía a lo largo de su extenso recorrido sin decaer en ningún momento. El autor retrata los dos contextos, donde la corrupción, la indiferencia, el hambre, el miedo, la fe, la esperanza y las penurias campean a su antojo. “El Tirano habla habla habla habla/ Y los árboles caen/ Y caen los hombres/ Y caen los pájaros perplejos/ Y caen los pensamientos convertidos en pánico”.

A diferencia de otros poemas cubanos de gran aliento, La patria es una naranja, no es un canto fundacional, no intenta englobar el todo nacional, sino que parte de individuo inmerso en una realidad, de la familia como centro, y a partir de ahí elabora una especie de teoría de la miseria íntima, de mínimo desastre personal –las carencias, la nostalgia, la separación familiar y el peso de la muerte acrecentado por la distancia– y lo expande, lo multiplica.

El poeta le escribe a la familia: “de niño/ mi madre me avisaba sobre la desintegración del porvenir”. Recrea los quince años de su hija: “En varias de las fotos de sus Quince Años/ mi hija aparece con ropas prestadas por sus contemporáneas, quienes/ las habían recibido de allende los océanos”. Lamenta una y otra vez, no haber podido tener un pecera: “Tan pobre hemos sido,/ nunca hemos tenido, por ejemplo, una pecera”. Un libro, que brota del desaliento. Un poema donde el desarraigo es en gran medida, el sostén, el eje conductor de las dolorosas pérdidas que se van sucediendo a lo largo de sus páginas. Un poema grande, necesario en la literatura cubana.
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sábado, 20 de noviembre de 2010

martes, 20 de abril de 2010

POEMAS NO INCLUIDOS EN LIBRO III / Félix Luis Viera

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ESQUEMA DE LOS AMANTES CLANDESTINOS.………………………..…Para Marilis.Los amantes clandestinos sólo tienen punto de partida.
Las estaciones adonde llegan son siempre sitios intermedios.
Viajan los amantes clandestinos en carromatos destartalados.
Viajan y viajan y no saben ni remotamente dónde terminar.
Viajan.
En cualquier taberna oscura toman vino del
peor (para despistar) y se sirven de las posadas más
astutas y blanden y afilan un puñal que nunca podrán
utilizar contra nadie.
En su camino aprenden a cuidarse de los
Generales y los Presidentes (los Generales y los Presidentes
nunca aprueban a los amantes clandestinos, ni siquiera
cuando ellos mismos sean amantes clandestinos)
y aprenden a cuidarse del olfato de los perros y
de ciertos números mágicos que iluminan las noches.
Viajan.
No quieren detener su viaje y a la vez
quieren detenerlo, entre otras razones, porque les salen
ampollas en la memoria y un líquido abrasivo
les derrite cierta porción parecida a la conciencia.
Siguen.
Viajan.
Llenan tarjetas falsas y se hacen pasar por árboles y
cestos de basura,
la bandera que llevan en su carromato cada vez les parece
más dudosa, pierde esplendor,
el viaje es demasiado largo, o no es un viaje,
es un ir, un ir, sólo un ir.
Pero, agotados, siguen, no hay regreso.
Hasta que el carromato destartalado se derrumba,
y los caballos revientan
y a ellos les suda el alma
y sacan aquel puñal
y con él
asesinan el punto de partida.
(23 de julio de 1991)
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LA MUJER EN LA PLAYA, UNA CANCIÓN, NOSOTROS
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…………………………..
A Emilio Comas Paret
…………………..………A Francisco López Sacha
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Una mujer de ojos verdes viene hacia la playa.
La playa está gris –la arena el agua el viento gris– y
nosotros la miramos venir sin saber que es la mujer
que nos cantará la última canción.
Esta tarde hemos bebido el ron bebible y el ron del recuerdo
y estamos tristes porque quisiéramos mejorar el azul de esos
peces
y el ruido que deja ese pájaro al partir.
Largo rato
hemos hablado de algo tan incierto y necesario como el porvenir
y ha sido incierto el acento y el replicar y la homilía
dicha a favor del Destino.
Estamos agotados de un cansancio viejo
y las vísceras quisieran la poesía y alguna hoja de árbol y
alguna pelotica que regalar al primer niño que pasara.
La mujer llega y canta
la última canción posible,
pero ella no sabe que la estamos escuchando
y nosotros, después de todo, dudamos
de que sea ésa la última canción.
(7 de junio de 1991).
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.Félix Luis Viera: (Santa Clara, 1945) Poeta, cuentista y novelista. Ha publicado los poemarios: Una melodía sin ton ni son bajo la lluvia (Premio David de Poesía de la Uneac, 1976, Ediciones Unión, Cuba), Prefiero los que cantan (1988, Ediciones Unión, Cuba), Cada día muero 24 horas (1990, Editorial Letras Cubanas), Y me han dolido los cuchillos (1991, Editorial Capiro, Cuba), Poemas de amor y de olvido (1994, Editorial Capiro, Cuba) y La que se fue (2008, Red de los Poetas salvajes, México); los libros de cuento: Las llamas en el cielo (1983, Ediciones Unión, Cuba), En el nombre del hijo (Premio de la Crítica 1983. Editorial Letras Cubanas. Reedición 1986. ) y Precio del amor (1990, Editorial Letras Cubanas); las novelas Con tu vestido blanco (Premio Nacional de Novela de la UNEAC 1987 y Premio de la Crítica 1988. Ediciones Unión, Cuba), Serás comunista, pero te quiero (1995, Ediciones Unión, Cuba), Un ciervo herido (Editorial Plaza Mayor, Puerto Rico, 2003) y la novela corta Inglaterra Hernández (Ediciones Universidad Veracruzana, 1997. Reediciones 2002, 2006 y 2008, Edizoni Il Flogio, Italia.) Su más reciente novela, Un ciervo herido –que aborda el tema de las Umap, eufemísticamente llamadas Unidades Militares de Ayuda a la Producción y, en realidad, campos de trabajos forzados establecidos en Cuba en la década de 1960–, ha sido traducida al italiano por la editorial L´Ancora del Mediterráneo. Actualmente es ciudadano mexicano.Foto: Emmanuel Juárez..

miércoles, 24 de marzo de 2010

EL JARDÍN DE MIS RECUERDOS O LA CASI TOTALIDAD

Por Félix Luis Viera..

Esta obra de Roberto A. Solera resulta inclasificable: un catauro de sumo valor donde se transportan –con neutralidad que convence, con equidad cuando se analizan este y el otro bando– hechos históricos reexaminados con suma precisión; las enjundias del ser cubano; los avatares de la República; las vueltas que ha dado, a veces azar de por medio, la sociedad cubana desde su nacimiento hasta el presente más cercano. Es un libro que deberían leer todos los cubanos, incluidos aquellos que piensan que ya lo saben todo sobre la historia de su país. Es un libro para leer despacio; es una obra recurrente, de cabecera, que exige recapitulación en una y otra de sus páginas. En fin, un libro de consulta.
Cuba entraba en una época de democracia representativa en diciembre de 1940 que duraría hasta el nefasto 10 de marzo de 1952.
Memorias, ensayos, autobiografía, crónica de época, historiografía, artículos periodísticos se intercalan, o mejor decir se sueldan de manera diestra, en un todo armónico, en El jardín de mis recuerdos. Pienso que no pocos de los planos de este libro tienen como fuente las anotaciones del autor durante decenios, de lo contrario no me explicaría que se relatara un hecho de nuestro devenir épico o de lo cotidiano –que incluye lo político, lo artístico, lo social, aun lo que al deporte se refiere– con semejante lujo de detalles (detalles de indudable valor que sólo el autor vería en su momento y, que de no ser por su pasión de cronista, los hubiéramos perdido para siempre) que, en verdad, unos nos estremecen, otros nos hacen reír o reflexionar, y todos irán a las arcas de la idiosincrasia de nuestra Isla.
Como el dinero no abundaba, llevábamos a la bodega papel periódico que el bodeguero pesaba y que luego utilizaría para envolver los “mandados” y sacábamos diez o quince centavos que nos servían para entrar al Almendares.
Así, aquellos buscadores de datos o simplemente los que quieren saber de dónde vinimos, qué hicieron nuestros antepasados o aun lo que han hecho nuestros contemporáneos en las diversas facetas de la historia patria, y de la historia del cubano común, se dará gusto con El jardín de mis recuerdos, que por demás está escrito de forma directa, clara, sin que sea menester un basamento de instrucción específico para metabolizar esta o aquella de las vertientes que expone.
Los lectores, claro, somos subjetivos, porque subjetivos somos los seres humanos. Para el que suscribe han sido de mucha utilidad los segmentos referidos al devenir de lo que podríamos llamar la “historia política” de la nación cubana; confieso que sobre este tema he aprendido mucho más de lo que esperaba de un libro de corte semejante. Aquí, en este plano de la obra, es donde mejor se puede apreciar la neutralidad y equidad que citaba al inicio de estas líneas. Solera no toma partido, no cae en lo pueril; analiza y expone, claro, desde su punto de vista, pero de ningún modo carga la mano injustamente hacia uno u otro lado de la balanza.
Siempre es bueno echarle una mirada a la casa del enemigo, aunque éste desgraciadamente, sea de la misma sangre y afortunadamente milite en el campo contrario.
Hacia el final de la obra, el autor incluye –sin dejar de intercalar, como viene haciendo a lo largo del libro, sus apreciaciones individuales sobre lo cotidiano ontológico– una serie de artículos, crónicas, apuntes que punzan sobre los aconteceres vinculados con los despropósitos de la dictadura cubana, así como de los hechos más destacables de ésta allende la frontera patria. Debo suponer que estos artículos no fueron reeditados para ser incluidos en el libro; así, queda claro que el autor, desde siempre, se ha preocupado por la objetividad dejando a un lado la pasión que a veces nos hace olvidarnos de que estamos escribiendo para exponer con suficientes elementos de juicio, no para anatemizar guiados por rencores que, si bien tienen una justificación, pueden obnubilarnos y, de este modo, hacer que perdamos profundidad en la interpretación de los hechos.
Convoco a leer esta obra –publicada por Término Editorial y que merecería un mejor cuidado en su factura–, despacio, como decía al inicio, o más bien rumiando en cada una de sus 429 páginas. Luego, verá el lector que no es un libro para olvidar en el librero, a él tendrá que recurrir cada vez que quiera indagar sobre el devenir de Cuba y de los cubanos.
“…Hoy muchos años después vuelvo a ver los flamboyanes y su belleza indescriptible me hace sentir la felicidad al observarla, y hallar a mis viejos amigos, nunca olvidados, ¡siempre en la memoria!”.
Félix Luis Viera: (Santa Clara, 1945) Poeta, cuentista y novelista. Ha publicado los poemarios: Una melodía sin ton ni son bajo la lluvia (Premio David de Poesía de la Uneac, 1976), Prefiero los que cantan (1988), Cada día muero 24 horas (1990), Y me han dolido los cuchillos (1991), Poemas de amor y de olvido (1994) y La que se fue (2008); los libros de cuento: Las llamas en el cielo (1983), En el nombre del hijo (Premio de la Crítica 1983 y 1986) y Precio del amor (1990); las novelas Con tu vestido blanco (Premio Nacional de Novela de la UNEAC 1987 y Premio de la Crítica 1988), Serás comunista, pero te quiero (1995), Un ciervo herido (2003) y la novela corta Inglaterra Hernández (1997, 2002, 2006 y 2008) Actualmente es ciudadano mexicano.
Foto: Delio Regueral.
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jueves, 11 de marzo de 2010

POEMAS NO INCLUIDOS EN LIBRO II / Félix Luis Viera

.DOBLEMIRA.Me senté a mi puerta
para ver pasar el cadáver de mi enemigo.
Mi enemigo
se sentó a su puerta
para ver pasar el cadáver de su enemigo.
(23 de febrero de 1993)
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POR AMBOS BANDOS CONDENADO
.Vendrán a buscarte en la noche cerrada.
Tumbarán tu puerta, te sacarán
manos arriba delante de los tuyos.
Tus pasos vacilarán como los de todo el
que marcha hacia la Muerte.
Como a todo el que marcha hacia la Muerte
cruzarán unos segundos por tus ojos
fragmentos de imágenes perdidas:
aquella muchacha junto a un árbol,
una calle ancha y una niña que te espera
bajo el sol de la tarde,
tu obsesión por el Otoño (hojas
amarillas disímiles que
crujen, se rompen
bajo tu andar, aquella cerveza
en aquella boca –ambas
tan doradas como aquel Otoño– y ya
no habrá más. La noche
no tendrá bombillas y sí una luna grande
y un viento al parecer del sur
que aumentará tu miedo.
Sean quienes fuesen los vencedores, te dirán traidor:
¡traidor!,
¡a la pared!:
serás simplemente el enemigo necesario
que debe morir.
Tu miedo conocerá la inmensidad.
Escucharás las armas prepararse.
Escucharás el ruido del metal y el
de las suelas de tus verdugos rasgando
la tierra.
La descarga se escuchará hasta muy lejos
y, junto con ella, unos cuantos ojos
comenzarán a llorar tu muerte.
Sólo por éstos, intenta al menos morir como un Hombre.
(19 de abril de 1993)
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HE VISTO AL CUERVO VENIR

..........................a Carmen Sotolongo
Yo he visto al cuervo venir.
Lo he visto venir fulgiendo de negro bajo el sol de la tarde.
Lo he visto viajar directamente hacia mis ojos.
Él ha creído
que duermo
pero yo lo he visto desde su primer gesto.
Y cuando ha llegado me he abierto el pecho.
Y cuando ha llegado he abierto los ojos.
Y el cuervo ha comido de mi pecho y mis ojos
y ya no habrá quien lo salve.
(26 de agosto de 1993)
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.Félix Luis Viera: (Santa Clara, 1945) Poeta, cuentista y novelista. Ha publicado los poemarios: Una melodía sin ton ni son bajo la lluvia (Premio David de Poesía de la Uneac, 1976, Ediciones Unión, Cuba), Prefiero los que cantan (1988, Ediciones Unión, Cuba), Cada día muero 24 horas (1990, Editorial Letras Cubanas), Y me han dolido los cuchillos (1991, Editorial Capiro, Cuba), Poemas de amor y de olvido (1994, Editorial Capiro, Cuba) y La que se fue (2008, Red de los Poetas salvajes, México); los libros de cuento: Las llamas en el cielo (1983, Ediciones Unión, Cuba), En el nombre del hijo (Premio de la Crítica 1983. Editorial Letras Cubanas. Reedición 1986. ) y Precio del amor (1990, Editorial Letras Cubanas); las novelas Con tu vestido blanco (Premio Nacional de Novela de la UNEAC 1987 y Premio de la Crítica 1988. Ediciones Unión, Cuba), Serás comunista, pero te quiero (1995, Ediciones Unión, Cuba), Un ciervo herido (Editorial Plaza Mayor, Puerto Rico, 2003) y la novela corta Inglaterra Hernández (Ediciones Universidad Veracruzana, 1997. Reediciones 2002, 2006 y 2008, Edizoni Il Flogio, Italia.) Su más reciente novela, Un ciervo herido –que aborda el tema de las Umap, eufemísticamente llamadas Unidades Militares de Ayuda a la Producción y, en realidad, campos de trabajos forzados establecidos en Cuba en la década de 1960–, ha sido traducida al italiano por la editorial L´Ancora del Mediterráneo. Actualmente es ciudadano mexicano.Foto: Emmanuel Juárez.
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sábado, 8 de agosto de 2009

ESPEJO DE TRES CUERPOS, ODETTE ALONSO

Publicado originalmente en Otro Lunes / Número 09 / Año 3 / Agosto 2009.por Félix Luis Viera
. No pocas veces he dicho, y lo sostengo, que la literatura gay, lésbica, erótica, etcétera, no existen. No descubro nada al afirmar que la creación literaria tiene como basamento fundamental el “drama humano”; nada descubro cuando asevero que los temas eternos del hombre –del ser humano, valga aclarar en este caso específico– ya están preestablecidos desde el surgimiento de éste: el amor, la muerte, la lealtad, la traición, la bondad, la perversión… y los que faltan. Lo demás, y seguimos hablando del arte literario, son Asuntos. En cualquier narración o poema que se respete, pueden aparecer una o varias facetas de lo antes dicho, porque así de humanos, o a veces de inhumanos, somos. Ah… bueno… que el Asunto se desarrolle en un ámbito homosexual, por ejemplo, es otra cosa, pero los Temas son los Temas, y en este ámbito, como en cualquier otro, aparecerán.
El menos afortunado de los rótulos que mencionaba en la primera de estas líneas, es la llamada “literatura erótica”. El erotismo es un recurso creador que determinados escritores manejan; sólo un recurso que puede estar en una u otra obra de variados alcances y propósitos; pero asumir que existe un género narrativo o poético denominado “poesía”…o “narrativa erótica” (aun se imparten talleres literarios bajo este título) es algo risible. Las novelas que por ahí nos han vendido bajo esta etiqueta no son más que bodrios plagados a veces de pálidos excesos sexuales y otras de ígneas batallas carnales que pretenden una calentura insulsa, más acá del alma, de la incursión en las entretelas de la enjundia humana; es decir, no hay más que vacío.
En lo que a la novela se refiere, aun las ya establecidas como género, “policial”, “negra”, de “ciencia ficción”, “suspense”, “horror”, entre otras, son tópicos que darían para la polémica: en cada una de las obras de estos géneros –si en verdad son buenas, si en verdad son Literatura– vamos a encontrar un valor per se a partir de su incursión en la honduras del quehacer humano, que las deja fuera de las clasificaciones; o sea, vamos a hallar en ellas el sabor de una novela “a secas”.
Aislar, poner parte, es, en la mayoría de los casos, sobreproteger a lo menos vigoroso, a lo que por sí mismo no tiene el valor o el valer para medirse con el resto. Así, ¿qué estamos haciendo cuando llevamos a cabo, por ejemplo, una exaltación de “la literatura escrita por mujeres? ¿No estamos protegiéndolas frente a la que escriben los hombres?, ¿acaso ambas, las que escriben las mujeres y las que escriben los hombres no son, igual, literatura, buena, mala o regular? ¿O debemos entender que los hombres son superiores escribiendo y por esta razón es necesario estudiar, aparte, la creación de las mujeres, otorgándole de este modo cierta condición de minusválida?
Sabemos que por motivos ancestrales, es refrescante, en el terreno del arte, y en otros, ponderar el avance del género femenino. Pero no es éste el caso.
Para ciertos editores, la denominación de “literatura lésbica” o “gay” puede resultar un “gancho” para objetivos de promoción y venta, con base en el morbo de un posible consumidor. Pero estas denominaciones son un espejismo, o peor: un rótulo que pone en franca desventaja al creador de obras cuyo Asunto sea el homosexualismo; algo así como certificar que es una parcelita aislada del gran espacio terrestre literario.
Bien, puede haber una causa para exaltar la literatura de contenido homosexual: a lo largo de la historia los homosexuales de ambo sexos (si es que así se puede decir) han sido perseguidos, discriminados, maltratados de múltiples maneras por los curas, los comunistas, los nazis y, en fin, los retrógrados y reaccionarios de toda laya y de todas las épocas; maltratados y marginados tanto los que han practicado el homosexualismo como aquellos que han escrito sobre él. Pero esto es un hecho que se ubica dentro de lo social y, por lo tanto, no tiene por qué convertirse en un género literario gracias a la flexibilidad relativa que otorgan los tiempos actuales para este tipo de creación. Sea de Asunto lésbico o gay, se trata de creación, no de otra cosa; no hay por qué dar fe de un bautizo que no tiene sentido; un aviso del Asunto está bien, a manera de información, pero convertir el Asunto en Género, resulta descabellado.
Todo lo anteriormente dicho –larga introducción, lo acepto– no es más que para anunciar que la cubana Odette Alonso acaba de publicar, por la editorial mexicana Quimera, su primera novela –muy buena, por cierto–, Espejo de tres cuerpos. Su asunto es lésbico, pero esto no es lo fundamental: estamos diciendo que es una buena “novela propiamente dicha”. En Espejo de tres cuerpos nos hallamos de nuevo frente al triángulo amoroso: Ángeles, Berenice, Nidia; un triángulo amoroso que, ya lo verá el lector, por momentos se acerca al cuadrángulo.
En su estreno como novelista, Alonso –poeta de vasta y sólida obra y autora asimismo de un buen libro de cuentos– no parece una novelista de estreno si consideramos el oficio que muestra tanto en la construcción del lenguaje –que en todo momento va por el mismo centro, sobrio, sin recurrir a los recursos metafóricos que podríamos esperar de una excelente hacedora de versos–, neutro, matizado por giros, “decires”, “acepciones”, apelativos absolutamente mexicanos. De modo que, contada por un narrador omnisciente que en ocasiones, comedidamente, se pasa a personajes secundarios, esta novela no parece escrita por una cubana; algo, al menos para mí, novedoso y que demuestra hasta qué punto Odette Alonso, durante sus 17 años de exilio en México, ha captado la manera de hablar, las costumbres y la idiosincrasia existentes en la capital azteca.
Si es obligatorio clasificar esta novela, a riesgo de resultar cursi, la clasificamos como una novela de amor. Llama la atención en esta obra –que se desarrolla fundamentalmente en el ámbito universitario– la rotunda autenticidad de los personajes, los cuales, literariamente hablando, son fieles a sí hasta el final de la narración; en este aspecto, en la construcción de los personajes, no se nota ni un breve bache (y miren que uno los busca, a ver).
Ángeles, quien se estrena en el amor lésbico por causas que, aunque no aparecen escritas, se pueden deducir a partir de las acotaciones como al desgaire, de soslayo, del narrador –como debe ser– halla en el amor referido, más que esto, una pasión que la arrastrará aun al cinismo. Vence Ángeles – divorciada, profesora respetable, portadora de una ética casi canónica, madre de una hija adolescente– los atavismos, el ¿sí o sí?, el terror que siente al verse en el umbral de algo amoral según su credo, y va a dar finalmente en los pliegues de Berenice, también profesora, pero unos veinte años más joven que ella.
La otra esquina del triángulo es Nidia, para el que suscribe el personaje más amado del triángulo, puesto que es la más amadora, la más sufriente y, si bien lucha por no ser “destronada” por Ángeles en la predilección de Berenice, mantiene la dignidad suficiente a la hora de perder a quien ha amado, ama. Ya sabemos que hay relaciones amorosas “totales” que se logran y que han tenido su inicio exclusivamente en la pasión. Así sucede con Nidia. La relación entre Ángeles y Berenice no alcanza un verdadero ensamblaje humano. ¿Por qué? Porque la segunda, con sólo 25 años de edad, se nos muestra como una experta en la manipulación del objeto de su lujuria, un ser que raya en el hedonismo, a veces sumamente inteligente en sus sentencias ontológicas, a veces cursi, siempre inclinándose a la veleidad.
Entre los personajes principales se halla Raquel –hija de Ángeles–, a mi entender el que más aristas posee y el prototipo de la adolescente mexicana rebelde, abstrusa, egocéntrica y creída de sí misma. Será Raquel quien, hacia los finales de la novela, aportará un viraje que conducirá al desastre pleno.
Daniela es una mediadora, la depositaria de uno y otro “secreto”, consejera de sus amigas desde una perspectiva que podríamos llamar de “buena fe”; exhorto a analizar este personaje que, entre los no pocos actores secundarios que corren a través de las 185 páginas de la obra, juega un “inteligente” papel estabilizador en lo que a la trama se refiere. Y no podía faltar en Espejo de tres cuerpos la arpía: Teresa, bien delineada por el narrador, elemento catalizador a la que éste recurre cuando es realmente necesario.
Los personajes masculinos inmersos en Espejo de tres cuerpos tienen una actuación paralela, complementaria, dentro del corpus de una novela donde las protagonistas desarrollan sus amores de mujer a mujer como a la sombra de la transparencia pública. Entre aquéllos destaco al doctor Rogelio Galindo, director de la carrera universitaria en donde trabajan las protagonistas: atildado desde su lenguaje aséptico hasta su vestimenta y su peinado impecables; es decir, el prototipo del orden establecido, de la decencia, del “buen vivir”; el encargado de aplicar la guillotina, y la aplica, a las ovejas descarriadas del redil de las buenas costumbres.
Espejo de de tres cuerpos, como toda obra literaria valedera, resulta subversiva en notable proporción: la exposición de los variados estamentos sociales de la ciudad de México, la doble moral, la hipocresía, la polémica sobre las asunciones religiosas, entre variados aspectos, otorgan a la novela otro de los motivos que la hacen interesante.
Es de viejo sabido que lo que decide los alcances de la creación literaria es la forma, no el contenido. Así, debemos sumar a lo dicho en las primeras líneas acerca del uso del lenguaje y la capacidad de sugerencia de Odette Alonso, su pericia para cortar el capítulo en el momento justo o para fragmentar la narración en determinados pasajes en busca de una intensidad que muy bien alcanza, lo cual se corresponde en buena medida con ciertos puntos de giros inesperados y, en dependencia, con un aceleración o ralentización del tempo. Agréguese además la ausencia de melodrama y la imparcialidad a la hora de juzgar al Otro con mano que no se ve, sino que deducimos que ahí está.
Convoco a leer esta novela, que muy bien alimento resulta para el espíritu y el conocimiento. Mas, quien vaya hacia ella no debe hacerlo con el morbo de que es una “novela lésbica” ni con el prejuicio porque lo sea. Es sólo una novela, una buena novela.
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Félix Luis Viera: (Santa Clara, Cuba, 1945) Poeta, cuentista y novelista. Ha obtenido en dos ocasiones (1983 y 1988) el importante Premio Nacional de la Crítica concedido en Cuba a los mejores libros de cada año. En el campo de la narrativa tiene publicados los libros de cuentos Las llamas en el cielo (considerado un clásico del género en Cuba) y En el nombre del hijo; y las novelas Con tu vestido blanco, Serás comunista, pero te quiero e Inglaterra Hernández. Su novela Un ciervo herido, publicada por la Editorial Plaza Mayor en 2003, fue traducida al italiano en 2005, con una acogida extensa en la crítica literaria de Italia. Actualmente trabaja en México.

domingo, 4 de enero de 2009

CONVERSACIÓN CON UN CIERVO

Entrevista a Félix Luis Viera, publicada originalmente en La Peregrina Magazine.


No se si será fácil conversar con un ciervo, normalmente se escabulle al menor ruido, está atento al mínimo movimiento que ocurra a su alrededor, olfatea el peligro con precisión, es un animal sensible que tiene el gran mérito de recorrer grandes distancias sin agotarse, y sabe eludir la muerte, aunque a veces sea superado por las trampas humanas. De todas maneras, me voy al bosque, caminando en puntillas, y allí encuentro al ciervo que busco, tranquilo sobre el remanso.

CARMEN KARIN ALDREY
-Ante todo la Poesía, esa llave filosófica que desde los orígenes abre las puertas a la indagación. ¿Puedes definirla tal y como la sientes?
FÉLIX LUIS VIERA -Coincido con la introducción a la pregunta: "…llave filosófica [la poesía] que desde los orígenes abre las puertas a la indagación". Cualquier respuesta que yo dé a continuación no supera a esta máxima.
Pero bien. Yo no creo en la "inspiración poética", en que unos duendecitos o unos pajaritos vienen a decirte las cosas en los oídos sólo en el momento indicado. Mas, respeto a quienes afirman que así sienten el "acto del poema"; no todos somos iguales, claro. Creo, o siento, una especie de excitación (no inspiración) que me lleva a intentar escribir el poema (o los poemas, porque en mi caso rara vez me "agrede" un solo poema, sino una cuadrilla); una excitación como otras, como la sexual digamos. Es decir, la poesía "la siento" como una necesidad biológica, en alguna medida, y la llevo a cabo entre dos luces: la necesidad antes dicha y ese afán de creer que es importante lo que quiero decir –para unos pocos, ya se sabe– por medio del poema. Lo que ya sabemos: un acto del intelecto y del corazón a la vez; y de las vísceras, podría agregar, para ser congruente con lo antes aludido. Algo, la poesía, que debe tener de alguna manera, y en cierta medida, valor utilitario, sin que esto signifique imponerse determinada autocensura para lograr este valor. Dentro de la creación literaria, la poesía es la Dama de la Pureza y los poetas los más puros de los escritores, puesto que ni ella ni él tienen por qué venderse: gozan de poca demanda. Si la poesía (el poema escrito y publicado digo) fuera tan demandada como otros géneros, ya no sería tan pura, tendría razones para prostituirse. Claro, ha habido excepciones en cuanto a "masividad" de algunos libros o algunos autores –siempre, no obstante, muy relativa en cuanto a magnitud–, y las hay, pero, salvo muy honorables rarezas, no se ha tratado de poemas y poetas, sino de comerciantes. La pregunta sería: ¿alguna vez la poesía se convertirá en un género mayoritario y aun así conservará su pureza, su valer artístico, su capacidad subversiva?
La poesía, el poema, tienen pocos "consumidores". Sin embargo –como puede ocurrir con otras disciplinas artísticas y humanísticas–, estos pocos van regando por el mundo las esencias de la poesía leída; de modo que no se sabe a cuántas personas, en realidad, llegará un libro de poemas de modesto tiraje. He ahí la relatividad.

CKA -Dices que los más puros de los escritores son los poetas, puesto que no tienen por qué venderse, sin embargo, a través de la historia vemos ejemplos notorios que podrían contradecir esta idea. ¿No piensas que algunos, incluso muy reconocidos, por congraciarse con el poder existente o por oportunismo, han escrito grandes alabanzas poéticas a regímenes totalitarios o a sus líderes?
FLV -Digo que la poesía y los poetas, en relación con los demás géneros literarios y autores, son los más puros porque, de modo general, no dependen de un mercado. Por ejemplo, las grandes y medianas editoriales privadas ni se ocupan de la poesía, no la tienen en los catálogos ni en sus corazones. Es decir, la poesía no da dinero, así que no tiene que quedar bien con nadie. No sé si esos ejemplos notorios que tienes en mente son los mismos que tengo yo; de ser los mismos, creo que esos autores, en su momento, escribieron esos poemas creyendo en lo que escribían. Porque, vamos a ser sinceros, los poetas son personas por lo general muy sensibles e inteligentes, es cierto, pero también, muchos de ellos –tal vez la mayoría–, son muy pasionales, muy sanguíneos. Salvando la distancia que me separa de esos "autores muy reconocidos", no tengo miedo de ponerme de ejemplo: en mi libro Prefiero los que cantan hay poemas de "alabanzas poéticas", escritos a finales de la década de 1970. Me equivoqué, lo cual hoy asumo en el poemario que debo concluir creo que dentro de poco: "debes tirar a un infiernillo/ los poemas en que alababas al hermano mayor/ que luego fue el Tirano", dicen unos versos de este poemario, que estoy citando de memoria. Hace poco, en un blog de una persona que no conozco, alguien que tampoco conozco mencionaba mi nombre y el de otros para ponernos como ejemplo de quienes, en su momento, escribieron ese tipo de cosas aupando en alguna medida al proceso revolucionario cubano y a su "antilíder" (ya no sería yo capaz de escribirlo sin este prefijo) porque tenían fe en ese fenómeno, "lo hacían de corazón", o algo así dice quien escribe en el blog.
Ah, bueno, que el poeta, como ser humano, como Nombre, se venda a un gobierno totalitario para obtener prebendas, de esos tenemos unos cuantos allá en Cuba hoy día, lo cual escribí en algún artículo por ahí. O sea, no valen nada como seres humanos, piensan una cosa y dicen otra frente a las esferas del Poder, o por lo menos le hacen el juego a éstas mintiendo con el silencio ante una afirmación de la oficialidad. Sin embargo, los poemas de estas personas, y de eso se trata mi respuesta, no se insertan a favor de la política ante la que se inclinan, y por supuesto, tampoco en contra. Claro, puede haber algunos que hayan escrito, como dices, "alabanzas poéticas por oportunismo…" "por congraciarse", no porque en realidad lo sientan, y pueden ser muy reconocidos por esto mismo, por el impulso que, a cambio, les han dado "los regímenes totalitarios", pero de verdad, de verdad, más allá de eso no son "reconocidos como buenos poetas", sino más bien como buenas putas.

CKA -Sí, desde luego, aunque cuando te hice la pregunta pensé más bien en ciertos poetas soviéticos, no precisamente en aquellos de la Cooperativa moscovita de escritores, fundada por Esenin, que surge en una época apasionada, de auténtico fervor idealista y de rompimiento con movimientos como el Imaginismo, sino de esos otros como Mayakovski, prácticamente un gendarme de la nueva lírica, o Marina Tsvietáieva, que escribe su Oda a Stalin quizás para ofrecer una imagen de conciliación con el poder revolucionario, en esencia porque le habían censurado sus libros y su marido e hijo se encontraban encarcelados. De esos ejemplos hay muchos, en Italia y Alemania bajo el fascismo, en la antigua Roma o Persia, y en nuestro patio… pues esos los conocemos muy bien, de pronto recuerdo el famoso Che Comandante, de Nicolás Guillén.

FLV - Mayakovsky creía en esa cosa y, sin embargo, Lenin llegó a detestarlo. Luego Mayakovsky dejó de creer y ya sabemos lo que pasó. Lo otro que dices es muy cierto, en Italia ocurrió mucho y en la URSS, pero aquí en algunos casos hubo presión y exigencias a cambio, la vida peligraba, no sólo era el encarcelamiento, también la amenaza. Sobre la oda de Guillén al Che, fue por encargo, pero Guillén creía en la "causa revolucionaria" (no sé si hoy, si estuviera vivo, seguiría creyendo). Lo que le hizo mucho daño fue que el gobierno revolucionario lo proclamara el Poeta Nacional, un disparate estalinista, y le otorgase tanto poder, lo indujera al aburguesamiento. Claro, de estar en su lugar, creo que muchos hubieran dudado en aceptar ese título, porque era algo demasiado "politizado", era como designarlo Ministro de la Poesía o algo así. Lo que no debemos dudar es que Nicolás Guillén era, o es, un gran poeta. Como lo hizo Tsvietáieva, otro poeta reconocido como grande, Pablo Neruda, escribió Oda a Stalin, algo terrible, pero así es esto.

CKA -Efectivamente, y a Maiakovsky llega un momento en que lo marginan, incluso se atribuye su suicidio a la gran depresión que sufre por haberse desilusionado de la revolución, amén de otros problemas existenciales y amorosos que venía arrastrando (curioso, son varios los poetas suicidas de la Rusia soviética) pero recuerda que aun así, cuando muere Lenin, le compone su famosa elegía Vladimir Ilich Lenin, algo que hace pensar en un coqueteo con el gobierno, un "cuidarse la espalda", pero como esto puede ser subjetivo, mencionarlo como un hecho es especular sobre las emociones o el ideal del poeta, que aunque avasallado, puede que todavía creyera en el discurso revolucionario. Por otra parte, ya sabemos que la peor etapa represiva bajo el poder soviético, ocurre a partir de Stalin, porque la primera etapa fue más bien un período de idealización en el que se deseaba romper con los moldes burgueses y decadentes, (Maiakovsky empleó frases similares cuando juzgaba a ciertos poetas) aunque no sólo en la Poesía, sino en todas las Artes.

FLV -Cuando lees Lenin (o Elegía a Vladimir Ilich Lenin) –en español, claro, que es como hemos leído este texto– al menos para mí, lo que rezuma este poema es sinceridad. Aún Maiakovsky, ponderando el debe y el haber, ponía este último a favor de Lenin, dejando de lado, ¿por desconocimiento?, los excesos de quien no pocos horrores perpetrara en "beneficio del porvenir". Lenin, el gran destructor de las principales líneas político-filosóficas de Carlos Marx, tal vez fuera el iniciador de la máxima: "Dile que sí a todos y, después que tengamos el poder, les damos con la hoz y el martillo hasta reventarlos". Fidel Castro, en cuanto a la marrullería se refiere, tuvo en Lenin a su gran maestro.
Lenin tiene el raro mérito de haber echado a andar un largo camino que regresaría al punto de partida. Y nadie puede asegurar que esto, a fin de cuentas, no haya sido beneficioso. Se aprende. Duele, ha costado millones de muertos en muerte y muertos en vida, pero ha sido una "lección" dolorosamente necesaria para la Humanidad. Mas, quienes dan pie a los Lenines, a los Castros, a los Chávez, son aquellos que les crean las condiciones para que surjan.
Yo sigo pensando que Maiakovsky fue un poeta de alto vuelo y lleno de confusiones; confusiones que, como se infiere de tu pregunta, eran muy probables en aquella época.


CKA -Gibrán dijo en su magnífico La voz del Maestro, que la humanidad está dividida en dos grandes hileras, la de los que escalan cuando en realidad están descendiendo, y la de los que ascienden como si fueran arrastrados por algún poder mágico e irresistible, ¿a cuál de las dos perteneces?

FLV -Creo que debemos partir de que esta sentencia de Khalil Gibrán es un poco esquemática. Con el mayor respecto a este honroso maestro de la filosofía y de la poesía, la humanidad, los grupos humanos, el hombre, se dividen y se redividen en tantas vertientes que sería muy largo el cuento.
Pienso que escalar cuando en verdad se está descendiendo es muy aplicable a tantos que van hacia arriba, en busca de algo glorioso, o al menos sobresaliente, sin reparar en los medios que utilizan; es decir, a toda costa, machacando la sangre ajena si es preciso. Entonces, claro, descienden en "la escala humana". Por supuesto, esto no sería más que una de las tantas interpretaciones que podría dedicársele a la frase en cuestión.
¿Ascender por algún poder mágico e irresistible? Creo que puede haber, o hay, algún poder irresistible que te haga luchar sin descanso por alcanzar, ascender, hasta ese punto que consideras que es tu razón de ser. Pero eso no significa que este poder "irresistible" (terrenal, del "más acá", supongo), baste para llegar a la cima que anhelas. En lo "mágico", en lo "mágico" literalmente, no creo.
La vida toda es casualidad, azar, cruces de caminos; y todo esto, sinónimos, vale aclarar, se compacta en eso que solemos llamar "suerte" y que es, también, otro asunto del "más acá". En fin, sería muy difícil, y muy vasto, discernir sobre la máxima que nos ocupa. (Por ejemplo, si el padre de Fidel Castro decide dejar para unos minutos más tarde el ayuntamiento con la progenitora de éste, el ser que hubieran concebido sería otro; de manera que tú ahora no me estarías haciendo esta entrevista.) Yo lo que creo –y así lo he dicho en alguna oportunidad–, es que, no sé por qué, hay hombres que nacen con el cañón con el cual habrán de derrumbar la montaña, y otros que deben derrumbar la montaña con la cabeza. Yo soy de los segundos.


CKA -Así también se podría interpretar la idea de Gibrán, quizás con un poco más de filosofía mística, al final se habla de dos tipos de hombres. Pienso que los caminos también pueden ser diversos, pero en esencia se llega al mismo punto. Además, tú sabes que toda obra, independientemente de la intención del creador, está expuesta a la interpretación de quién la observa. Tu misma poesía es probable que yo la lea diferente a como otros lo harían, supongo que tiene que ver con las motivaciones de cada cual, el momento, las vivencias personales o el estado anímico. ¿Crees tú que esto es posible, especialmente tratándose de poesía?

FLV -Yo no creo en lo místico, con el mayor respeto a los que sí creen. Mejor será creer en los que te aman y te salvan y saber que estás a expensas de los que pueden odiarte y joderte.
No estoy de acuerdo, no "se llega al mismo punto": en un instante, por la razón que fuere, puedes tomar un camino que te lleve a una vida distinta de la que hubieras vivido de no ser por ese instante decisivo –que entonces, es posible, para nada tenía el viso de lo decisivo– en que tomaste determinado camino. Kafka: "Hay un punto del cual no hay regreso, y ese punto puede ser alcanzado".
Como somos únicos e irrepetibles, y cada obra de arte también lo es, pues claro, cada cual ve y siente, en este caso en un poema, lo que no ve y siente igualmente otro. Lo que sí creo importante es no negar al otro (me refiero a los creadores) porque no esté en la misma línea tuya. Góngora y Quevedo eran dos grandes poetas, pero se negaban entre sí porque eran totalmente distintos en sus formas. O sea, alcanzar ese estadio en que se está facultado para reconocer que una obra literaria es buena, aunque no te gusten sus formas, o que no es tan buena, pero te gusta por equis razón. Naturalmente, como somos humanos, y por tanto, subjetivos, esto no es fácil; pero debe ser una meta (esta palabra no me gusta mucho… ya sabes…) de todo creador, lector, valorador, investigador literario, etc.

CKA -La que se fue, significativamente presente, ¿es idealización, espejismo, nostalgia, urgencia del poeta que se debate entre la autoafirmación y lo que nunca pudo, o no quiso retener?

FLV -La editorial Red de los Poetas Salvajes me pidió una antología con una extensión limitada; es decir, una antología breve. Así, tomé cinco poemas de cada uno de mis cinco poemarios publicados hasta hoy: veinticinco poemas en total que, decidí, para lograr un universo, que todos fueran de la llamada poesía amorosa.
Creo que La que se fue es todo lo que dices, si bien la dosis de nostalgia e idealización la presiento mayor. Es La Búsqueda, como se infiere, o se dice casi, en uno de los poemas; La Búsqueda de lo que no existe más que, precisamente, en nuestra (o al menos mi) idealización. No sé si alguien lo dijo antes, pero para ciertos temperamentos, he afirmado en no pocas ocasiones, lo que se ha conocido ya no existe. Es esa "Dama de la noche", título y contenido de uno de los poemas, que uno no debe tocarla, porque entonces se rompe y hay que empezar de nuevo. Fíjate que son poemas escritos a lo largo de 30 años y nada, lo mismo: en la medida en que te acercas al claro del bosque, él, el claro del bosque, se aleja; y nunca podrás alcanzarlo. Se van, se han ido; uno, o Él, aunque muchas veces hubiera podido, nunca hizo lo suficiente para retener a "la que se fue" porque ya era de carne y hueso, ya era lo conocido. Hastío, desencanto congénito, podría ser. Pero viene el contragolpe: uno, o Él, mira hacia atrás, evoca, y siente nostalgia, tristeza, y, raro, un sentimiento parecido al que "la que se fue" produjo cuando aún no había sido tocada, cuando aún era el espejismo que se amaba, la idealización que más tarde fue algo palpable. Quizás esta nostalgia, esta tristeza surjan luego porque, de nuevo, vuelve "la que se fue" a ser fragmentos –sólo fragmentos– de esa capacidad que mantuvo para irradiar el espejismo, la idealización, durante el lapso en que, en la "vida real", fuera sudor, aliento, zumos palpables. No sé si me explico; quizás no.

CKA -Amor, ternura, los afectos… pero también erotismo, sensualidad… clavé mi tronco eternamente en tu subsuelo… posesividad masculina, símbolo que también es entrega y sostén.

FLV -No, nada de eso, el verso que citas, del poema "Descubrimiento", más bien lo que quiere expresar, si nos fijamos en el universo del poema, es la determinación de permanecer en ese sitio, o en ese "amor hallado o más bien descubierto", paradigma (errado de nuevo, claro). Al recorrer los elementos que conforman el cosmos del texto, podemos ver que "tronco", "subsuelo", así como "nidos", "colmenas", "pájaros dulcemente cantadores", "cielo" que si acaso truena es "con amorosos relámpagos" y otras palabras y expresiones son precisamente una alegoría, o sería mejor decir un símil, de ese amor al fin descubierto en determinada individualidad. Repito: "clavar el tronco" es la decisión de "allí quedarse". No es este un poema, digamos, "carnal".

CKA -La sensualidad y el erotismo no tienen por qué ser carnales propiamente, sigo pensando, a pesar de tus alegaciones, muy válidas porque eres el poeta y tú más que nadie sabes lo que significa, que en el acto metafórico de "clavarse" como tronco en el "subsuelo", ya se denota una disposición a la libido, en otras palabras, un acto de posesividad y entrega que en algo tiene que ver con la naturaleza instintiva del sexo, independientemente de que ese cosmos del poema del que me hablas, tenga en sí mismo otras connotaciones. Yo veo la imagen sugerente en ese sentido -y te advierto, no soy nada perversa, y menos una maniática sexual que ve insinuaciones en todas partes. Lo que sí me parece, es que la conexión amor-sexualidad-erotismo es innegable. Yo te pregunto: ¿acaso no es el amor -y tu libro es un libro de Amor, con mayúscula-, sobre todo en sus inicios cuando es descubierto, la antesala de los encuentros carnales? Recuerda a Octavio Paz en La llama doble, " erotismo y amor: la llama doble de la vida".
FLV - Bueno, dije "carnal" como pude decir "sexual" o de "posesión corporal" o algo así. Repito: el tronco se aviene con los elementos que revisten el poema. Pude decir "clavé mis entrañas", "clavé mi vida", "clavé mis ansias" En tu Subsuelo, u otra bobería parecida. Pero lo del tronco cuadraba mejor, salió así. Claro, quién sabe si, en mi inconsciente, estaba lo que afirmas y así ocurrió.
De acuerdo, el amor– el Amor, se entiende–, produce, en no pocas personas, y en ciertas ocasiones, una antesala –a veces más largas, otras más cortas– dinamitada por eclosiones de ternura, de lirismo diríamos. En este lapso (me refiero a esas personas y a ese Amor y a esas ocasiones) aún no se está preparado para el "encuentro carnal". A veces, este período "romántico lila" puede ser tan largo que una de las dos partes demora quizás en exceso en desenvainar la espada púrpura. Aun sé de casos de varones que, al precipitar el encuentro carnal, obedeciendo a la "ley escrita", sólo han logrado una impotencia (disfunción eréctil, le dicen) que les ha complicado la vida con ese "amor descubierto". Lo que creo es que el sexo es el gran adversario y el gran aliado del amor, el que todo lo complica, y a la vez lo rectifica; el que para siempre nos dejará preguntando: ¿Qué es el Amor?: ¿es esto? Afortunadamente, nunca habrá respuesta para esta pregunta.

CKA -¿Se lamenta el poeta por haber sido un poco el mago que hace desvanecer las presencias, y a pesar de todo, las retiene como espacios de luz inspiradora? FLV -Bueno, las presencias no se desvanecen por mandato de uno, sino por la Inconsciencia del Yo. Me lamento, se lamenta Él, más bien por darle categoría de sueño realizado, o de pasar de la región del sueño hacia el predio de la realidad, a lo que no podía habitar más que en el territorio de lo primero, del Sueño quiero decir. Y me lamento, Se lamenta, por las aflicciones que haya podido infligir por esta razón. Más que "luz inspiradora" son dolores en órbita, dolores que deben tener en sus haberes quizás todas las personas, sólo que el poeta, el escritor, pueden llevarlos al papel, difundirlos. Y valga aclarar: dolores aun esos poemas en que el "objeto lírico", en su momento, provocaba el canto; en esos momentos en que el poeta, o el hombre, de buena fe, equivocaba el blanco; no mentía ni se mentía, únicamente sentía "en falso". CKA -¿Es la poesía el acto de sugerir, como dijera Eliseo Diego, o a veces intencionadamente sugerente?
FLV -Lo que ocurre, en mi humilde opinión, es que hay muchas maneras de sugerir. Hay una poesía alusiva, elusiva, azogada, que se basa sobre todo en su capacidad de sugerencia, en una polisemia muy marcada. Hay otra, de corte directo, de lenguaje descarnado, cuyo fundamento es únicamente el propio tropo que se expone –no la metafórica ausente–, y que también sugiere. Esto, claro, a grandes rasgos. Vaya, ya lo sabemos: si no hay sugerencia, si no queda para el lector, de alguna manera, una lectura paralela, una conclusión, una interrogante más allá de lo que le ha sido brindado en la página, no se ha hecho el poema.


CKA -Literatura cubana de fin de siglo , periodización del ensayista y narrador cubano, residente en Cuba, Francisco López Sacha… me llama la atención que te haya omitido. ¿Por el mismo patrón de censura que marginó en su momento a los poetas Heberto Padilla y Lezama Lima, entre muchos otros? ¿Qué piensas al respecto?
FLV -Ah, ya ese texto tiene unos cuantos años. No sé dónde se publicó originalmente. En su momento, varias personas, que al parecer lo tomaron de internet, me lo enviaron y me hacían la misma pregunta que tú ahora. Por aquí lo tengo impreso. Mira, a las periodizaciones y ensayos de Francisco López Sacha no hay que hacerles mucho caso. A veces hay ligereza en sus posiciones; poca profundidad, quiero decir. En no pocas ocasiones, según he visto, refríe sus textos anteriores, cambia, adiciona, resta, sin exponer un argumento sólido. Cuando leemos la periodización que nos ocupa, observamos que va hacia atrás y adelante y salpica con ejemplos que ya da por paradigmas y sigue por otra vía, en lo que se refiere a contenido digamos. Como, asimismo, el tono es de una prepotencia sublime, "de esto es así y para siempre"; es decir, si le hiciéramos caso, no hay duda: el camarada Sacha es Árbitro Supremo de la literatura cubana, o al menos de la de Fin de Siglo –un fin de siglo como de 50 años–. Pero creo que ya pocos son los que recuerdan este intento catequizador. Lo peor de todo es que cuando el camarada Sacha escribió y dio a la luz este texto, aún era presidente de la Asociación de Escritores de la UNEAC, lo cual le daba un viso oficialista a lo escrito. O, al menos, algunas personas así lo tomaron. Tamaña hazaña se propuso López Sacha: meterle a los tres géneros –poesía, cuento, novela– y afirmar lo que estaba bien –y, por omisión, lo que estaba mal– rotunda y definitivamente, para siempre, para siempre: la biblia de la literatura cubana del fin del siglo XX ha sido escrita, la escribió el camarada Sacha, nada más que hacer; no hay otra opción: el tono del escrito no lo permite. Yo creo que todos los que cita o incluye o enaltece en su texto, lo merecen, unos más y otros menos digamos. Si no "toca" mi obra en ninguno de los tres géneros, sus razones tendrá; lo que sí creo imperdonable es que omita a otros, casualmente residentes fuera de Cuba (algunos ya fallecidos), no sé si por ignorancia, por convicción, o por… No sé.

CKA -Eso no hay que analizarlo mucho, sabemos perfectamente la política cultural de la Isla, y también los cánones establecidos, muy bien asimilados por la intelectualidad, ya sabes que allí normalmente hay que seguir una metodología, mediatizada con el poder si quieres sobrevivir. Pero en este caso, ¿piensas que este señor siente algo así como una especie de inquina personal hacia ti, quizás celos porque has logrado escribir lo que a él le ha sido imposible, o sucede que a estas alturas le resultas molesto al gobierno de La Habana y han decidido censurarte?

FLV -No, al contrario, creo que Francisco López Sacha me tiene cariño. Es decir, si le preguntan, pienso que responderá que siente cariño por mí, un viejo cariño; no hay razón para que sienta inquina para conmigo por razones personales o profesionales; no sé si en el caso de la política, algún resentimiento, que no merezco. Esto último no lo puedo asegurar. Por otra parte, él ha escrito una obra cuentística muy importante. Yo no sería capaz de omitirlo si relacionara a los cuentistas destacados de la década de 1980.
En el texto que nos ocupa, el camarada Sacha incluye a algunos autores residentes en el extranjero, pero es imperdonable que excluya, por ejemplo, a Luis Manuel García Méndez, Osvaldo Navarro, Carlos Victoria, Andrés Jorge o Sindo Pacheco. Esto nadie lo entendería. De nuevo: ¿amnesia?, ¿mala fe?, ¿mala leche? No sé. Pero estos olvidos hacen que su periodización quede invalidada.
Otros ensayistas, a quienes considero más metódicos, más serios, menos venales que el camarada Sacha, han citado mi obra en sus textos. Claro, nada de esto, ni lo que suena a favor, ni lo que suena en contra, debe alterarte en algún sentido: el asunto es escribir y adelante. La vida dirá. Yo, de mí, no voy a hablar; quien quiera, que lea lo que humildemente he escrito y lo que, con verdadera imparcialidad, algunos han dicho sobre ello.
Pero mira, te decía que Francisco López Sacha a veces resulta muy raro. Hace ya tiempo escribió un ensayo en la revista Literatura Cubana donde ponderaba positivamente mi libro de cuentos Las llamas en el cielo y desechaba En el nombre del hijo, del mismo género; ambos aparecidos en 1983. En el nombre del hijo había recibido el Premio de la Crítica de ese año, pero al camarada Sacha le parecía superior Las llamas en el cielo (voy a omitir los elogios que entonces y luego tuvo para este libro), de modo que su reacción contra el primero (¿o contra el jurado que lo premiara?) fue irracional. Afirmaba en el ensayo aludido que la deficiencia fundamental de En el nombre del hijo era la huella tan palmaria de Luis Felipe Rodríguez. Ésta era una de sus clásicas improvisaciones. Nada, ni remotamente, tenía que ver mi libro con la obra del autor con la cual lo comparaba. Daba risa. "Se volvió loco", me comentó alguien que leyó el ensayo. Luego, el camarada Sacha, en una exposición oral, se retractó.
Otra de sus extrañezas. López Sacha ha demostrado ser un excelente cuentista. Sin embargo, al parecer se apasionó tanto con un cuento de Miguel Mejides, Mi prima Amanda, que lo llevó a escribir una especie de paráfrasis de esta narración que, la verdad, como muchos afirman, no hay nada más parecido a un inocente plagio.

CKA -De plagios está sobregirado el camino de la Literatura y el Arte, recuerdo el escándalo que hubo en Europa por El Jardinero y la Muerte, de Pieter van Eyck, que en realidad era un cuento breve de Borges, y éste a su vez lo había tomado de Cocteau, y al final resultó que su verdadero origen se encontraba en la Persia del siglo XIII. Como ese existen cientos de casos. ¿Lo más probable sea que el señor Sacha se haya inspirado en esa larga trayectoria de plagios históricos?
FLV- No, no lo creo, porque los plagios que mencionas son material para detectives. Y eso tan parecido al plagio que llevó a cabo el camarada Sacha, fue algo inocente, a la luz del día, sin ocultamiento; un plagio –si al fin lo es, para lo cual habría que buscar consenso– inconsciente, llevado por el amor, digamos.
Ya que seguimos tocando el Tema Francisco López Sacha, quisiera decir algo que sí me ha dolido. Voces amigas, y de toda confianza, me hicieron llegar la detracción que, junto con otros elementos de la intelectualidad cubana de "adentro" –éstos sí oportunistas y en alguna medida "oficialistoides" a conveniencia, a cambio de migajas– llevó a cabo el camarada Sacha de mi novela Un ciervo herido. No quiero decir que la novela sea una genialidad, sólo que, desde su silla en la presidencia de la Asociación de Escritores de la Uneac, sonaba sospechoso que él diera opiniones despiadadamente negativas sobre una novela de las que llaman contestatarias, pues ya sabemos de qué trata Un ciervo herido.
Pero total, ya estamos en el socialismo del siglo XXI y, al final de éste, nadie se acordará de Sacha ni de mí ni de los que omite ni de los que menciona, ensalza o denigra. De nada. Somos unos pobres tipos y un manojo de cuartillas entrampados en el infinito.


CKA -Tampoco estoy de acuerdo con esto, porque al leer en tu poema Leyenda "…la ternura estaba sentada, hacía milenios, en una piedra alta, visible desde todas las esquinas de la Tierra. O sea, que tú, estabas sentada sobre esa piedra, hacía milenios", he reconocido, como en otros de tu libro La que se fue, una poesía que trasciende, que eleva, que no podría morir y sí ser recordada como lo que pienso que es, magistral poesía escrita por un gran poeta, y ya sabes que los grandes poetas nunca son olvidados… Horacio… Firduci… José Martí… Lorca…
FLV -Qué va, esos que mencionas sí son grandes poetas, aunque, en mi humilde opinión, han trascendido tanto hasta hoy porque entonces eran menos los poetas (hoy hay una cantidad tremenda de poetas por kilómetro cuadrado) y porque escribieron desde Antes, desde las cunas de la Civilización y los seres que surgimos luego los hemos venido arrastrando, ya con el sello puesto. Sin embargo, hoy son muchos los poetas que, si vivieran en circunstancias semejantes a la de aquellos tiempos, serían catalogados de Grandes, pero son muchos digo, no es posible que haya tantos Grandes; ya es mejor y más fácil dejar a aquéllos como los Clásicos, los Grandes. ¿Y yo?, yo no, yo soy uno más en la multitud; acaso habré escrito algunos versos atendibles. Y aun, tal vez, ni sea poeta, como afirma por ahí, cada vez que viene al caso, el poeta cubano César López, residente en Cuba. Y una opinión como la de César López, un excelente poeta y un hombre sumamente culto e inteligente, debe atenderse, debe atenderse.

CKA -De todas formas, la grandeza es relativa, no acabo de entender el concepto de "gran poeta" dicho con propiedad de oráculo, ni creo en quienes clasifican y descalifican a los poetas, pero bueno, hablando de Un ciervo herido, ¿alguna vez sentiste la irresistible sensación de ajusticiar a tus carceleros? ¿Quién es en realidad Guillermo la Rumba? Si lo fuera, como personaje de ficción es desgarrador, y no sé si "compasión" es la palabra exacta, pero conocer a este personaje me hizo sentir vulnerable, con unos deseos tremendos de abrazarlo y decirle que no estaba solo, que todos éramos de alguna manera u otra, víctimas del tiempo que nos tocó vivir.
FLV -No, primero sentía mucho miedo. Después comprendí que ellos creían que estaban cumpliendo con un deber en pro del Futuro, de la Prosperidad. Desde el punto de vista de ellos, llevaban a cabo el deber de limpiar a la Sociedad de la lacra social, reeducándola con el "trabajo creador". Estaban seguros de eso. Se creyeron el cuento. Eran víctimas también. ¿La ira, en aquellos momentos, contra los autores intelectuales de las Umap? Sí. Gloria al gran Guillermo la Rumba, el de la "vida real", el de la ficción, que vienen siendo lo mismo. Gloria.

Y gloria a los ciervos, por el instinto defensivo tan arraigado que tienen como estirpe, por su valentía y por la nobleza de su corazón, condiciones que no les impiden llegar a ser grandes poetas.

Félix Luis Viera: Poeta, cuentista y novelista, nació en Santa Clara, Cuba, el 19 de agosto de 1945. Ha publicado los poemarios: Una melodía sin ton ni son bajo la lluvia (Premio David de Poesía de la UNEAC*, 1976, Ediciones Unión, Cuba), Prefiero los que cantan (1988, Ediciones Unión, Cuba), Cada día muero 24 horas (1990, Editorial Letras Cubanas), Y me han dolido los cuchillos (1991, Editorial Capiro, Cuba) y Poemas de amor y de olvido (1994, Editorial Capiro, Cuba); los libros de cuento: Las llamas en el cielo (1983, Ediciones Unión, Cuba), En el nombre del hijo (Premio de la Crítica 1983. Editorial Letras Cubanas. Reedición 1986.) y Precio del amor (1990, Editorial Letras Cubanas); las novelas Con tu vestido blanco (Premio Nacional de Novela de la UNEAC 1987 y Premio de la Crítica 1988. Ediciones Unión, Cuba), Serás comunista, pero te quiero (1995, Ediciones Unión, Cuba), Un ciervo herido (Editorial Plaza Mayor, Puerto Rico, 2003) y la noveleta Inglaterra Hernández (Ediciones Universidad Veracruzana, 1997. Reediciones 2003 y 2005).
Dibujo de Erick Alejandro Hernández.

domingo, 16 de noviembre de 2008

LAS VERDADES DE HERIBERTO HERNÁNDEZ

Por Félix Luis Viera.

La pujante Editorial Iduna, radicada en Miami, se está convirtiendo en una especie de “equipo de rescate” de la obra inédita de talentosos escritores residentes en aquella ciudad, y de un poco más allá; ya hoy en día cuenta con un catálogo envidiable de talentosos autores cubanos exilados. La más reciente publicación de Iduna, Verdades como Templos, poemario de Heriberto Hernández Medina, confirma con creces lo antes dicho.
Conformado por tres partes –o quizás por tres poemarios– esta entrega de Hernández Medina ratifica lo que ya anunciara cuando diera a conocer sus primeros textos en la década de 1980: se destacaría entre sus contemporáneos por un verso esbelto, cadencioso, pero sobre todo por la polisemia del contenido, por la hondura de la imagen que, no obstante, resulta asequible.
Verdades como Templos, si bien comprende tres períodos de creación (“Los frutos del vacío”, piezas escritas aproximadamente en el decenio que finaliza en 1996; “Las sucesivas puertas, el frágil aire eterno", 1997; y “Verdades como templos", 1998-2006) lo cierto es que resulta de una unidad de estilo que afianza lo que hemos referido antes: Hernández Medina, a lo largo del tiempo, a lo largo del libro, mantiene aquella misma cuerda, y ese tono alto aún en los poemas más breves –que son pocos–, así como en los de menor fulgor en cuanto a contenido.
Difícil resulta entresacar ejemplos en un libro como el que nos ocupa, sobran los poemas que pudieran registrarse en las más exigentes antologías de la poesía cubana (de “adentro” y de “afuera") de la actualidad.
En la primera parte, desde el poema que inicia, “A quién culpar", observamos una alusión subyacente, un mundo apenas referido que va corriendo, angustia de por medio, por debajo de cada verso –he aquí, más que en las dos secciones posteriores, la polisemia antes citada–: la aflicción pincha en uno y otro poema, en uno y otro verso, como sucede en “No puedo asegurar”:

No sé si será cierto que cuando callo nombro
la verdad que me mata o el miedo que me alienta,
avisa el poeta en este poema que, junto a “Hanging Judge”, “Panóptico” (de un muy logrado corte narrativo), “El Desterrado” y “Los Frutos del Vacío”, se hallan entre los más altos exponentes de esta primera parte.
La segunda, “Las sucesivas puertas, el frágil aire eterno”, tiene como basamento fundamental cierta profundidad filosófica, sentenciosa, y, en alguna medida, se infiere, proponente.
En mi opinión es esta la parte más lograda del libro, aunque no resulten imprescindibles los epígrafes que, para cada poema, selecciona el autor (o, tal vez, él fue, en cierta medida inconscientemente, “seleccionado” por el contenido de las frases de otros con las que abandera los poemas), puesto que el valor de cada pieza no necesita calzo alguno: por el contrario, las inscripciones que encabezan los poemas les restan soberanía. Aun así, reitero que es la zona más alta del libro, donde más se luce la capacidad reflexiva de Hernández Medina, la que más matices para la reflexión propia nos envía. Destaco los poemas VII,
VIII

No intentes mirar al cielo,
allí sólo has de encontrar luces vacías como las ciudades,
IX

y el XI, ejemplar en cuanto a transmutar elementos de lo cotidiano en valores de la universalidad.
La tercera parte, o el tercer poemario, “Verdades como Templos", que le da título al libro, es la saudade por los caminos recorridos, los restos de lo vivido en otras tierras, Cuba, Perú (donde estuvo exilado antes de partir para Estados Unidos) y ciertos sitios de Florida donde habitara para luego fijar su estancia definitiva en Miami. La saudade digo y por eso andan por aquí los versos más desgarradores del libro: “Un juego en la Nieve"

El tiempo no ha de importar,
no ha de importar la ausencia de la dama en el andén,
“Llegan cartas", poema en cuatro tiempos que parece resumir todos los dolores que causa la lejanía de la tierra, la casa natal y “Lamento”

En el ya próximo cielo de Lima,
esos astros velados por la niebla
son como mi memoria
simples testigos de cuanto he deseado olvidar
y cuanto olvido,
“Domingo en Chosica” y “Ese silencio” se hallan entre los más representativos de este manojo de suma fuerza dramática que, nunca, va a desembocar en el melodrama, aunque aquí y allá asome la lágrima contenida.
Nacido en 1964, en Villa Clara, Cuba, con Verdades como Templos, Heriberto Hernández Medina nos entrega un libro que se disfruta de principio a fin, un libro que deja marca en nosotros y, en la poesía, huella.


Nota: Escrito originalmente para Cuba en el mundo.com, y publicado en México, el 14 de noviembre del 2008.

Félix Luis Viera: Poeta, cuentista y novelista, nació en Santa Clara, Cuba, el 19 de agosto de 1945. Ha publicado los poemarios: Una melodía sin ton ni son bajo la lluvia (Premio David de Poesía de la UNEAC*, 1976, Ediciones Unión, Cuba), Prefiero los que cantan (1988, Ediciones Unión, Cuba), Cada día muero 24 horas (1990, Editorial Letras Cubanas), Y me han dolido los cuchillos (1991, Editorial Capiro, Cuba) y Poemas de amor y de olvido (1994, Editorial Capiro, Cuba); los libros de cuento: Las llamas en el cielo (1983, Ediciones Unión, Cuba), En el nombre del hijo (Premio de la Crítica 1983. Editorial Letras Cubanas. Reedición 1986.) y Precio del amor (1990, Editorial Letras Cubanas); las novelas Con tu vestido blanco (Premio Nacional de Novela de la UNEAC 1987 y Premio de la Crítica 1988. Ediciones Unión, Cuba), Serás comunista, pero te quiero (1995, Ediciones Unión, Cuba), Un ciervo herido (Editorial Plaza Mayor, Puerto Rico, 2003) y la noveleta Inglaterra Hernández (Ediciones Universidad Veracruzana, 1997. Reediciones 2003 y 2005).

quien dice muchacha ha dicho puerta,
quien dice un nombre de mujer
ha dicho puerta y ha grabado un número

martes, 7 de octubre de 2008

CANTO Y ELEGÍA

Por Félix Luis Viera.

Cuando, en 1972, Osvaldo Navarro recibiera el Premio David de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba con su poemario De regreso a la Tierra, publicado un año después, cambiaba el panorama de la más reciente poesía cubana. Antes de este libro, habían aparecido otros, también de poetas noveles, de indudable valor, pero De Regreso a la tierra establecía otra mirada tanto desde el punto de vista formal como de contenido. Resaltaba la fuerza descomunal de este libro telúrico, frutal, lleno de los aromas campestres, de los dolores de una niñez sumida en las carencias allá, en la campiña de la provincia de Las Villas, en un sitio rural cercano a la pequeña ciudad de Santo Domingo. A este trozo de tierra, precisamente, regresaba el poeta –adolorido, amador, furioso en ocasiones– en su primer libro de poemas, y éste era precisamente uno de los principales encantos de la obra: no había surgido hasta entonces otro poemario que tratara temas semejantes sin “acampesinar” las formas, he ahí una de las ganancias fundamentales de la obra, como escribiera, hace mucho tiempo, quien ahora les habla. De aquellos campos despegaría Osvaldo Navarro en plena adolescencia para sumarse a la lucha por alcanzar la Utopía, volvería de vez en cuando, sólo de visita, y un día, desechada la Utopía, ya no volvería más.
La obra poética de Osvaldo Navarro es vasta, resulta imposible resumirla en unas pocas cuartillas: Los días y los hombres (1975), Espejo de conciencia (1980), Las manos en el fuego (1981), Nosotros dos (1984), Combustión interna (1985), Clarividencias (1989), Xabaneras (1996) y Catarsis: cien y un sonetos, se cuentan entre sus poemarios más destacados. Si en su primer libro, ya aludido, De regreso a la tierra, el poeta asume sobre todo la temática campesina valiéndose de formas muy actuales, donde el verso libre alcanza una esbeltez paradigmática, Navarro, años después, nos iría sorprendiendo (valga el gerundio, que sí funciona en este caso) con una de las obras más sólidas –lo digo con suficientes elementos de juicio– de la poesía rimada escrita por cubanos. Quien lea Catarsis: cien y un sonetos no creo que se atreviera a negar que Osvaldo Navarro se halla entre los mejores cultivadores de esta modalidad en la historia de la poesía cubana. Como asimismo, lo afirmo sin pensarlo dos veces, sus décimas están en la vanguardia de los poetas cubanos de todos los tiempos dedicados a este molde estrófico. Es decir, una de las excelencias de la poesía de Osvaldo Navarro es que alcanzó, ha alcanzado, un valer descollante tanto en el llamado verso libre como en la poesía de corte tradicional, la cual él supo aderezar con elementos temáticos y formales de suma modernidad. Y esto, damas y caballeros, no es poco; esto ningún otro poeta cubano, que yo sepa, lo ha logrado en los niveles que Navarro lo hiciera. Para reforzar lo antes dicho, tómese en cuenta su último libro publicado hasta ahora: Horror al vacío, en el cual, en buena medida, regresa al molde estrófico, a la rima, y esta vez, en mi opinión, con más sabiduría formal, y nótese que convirtiendo asuntos de lo estrictamente cotidiano en verdadero “arte filosófico”, por decirlo de alguna manera.
Algo que no debemos pasar por alto en una ocasión como ésta es que, cuando Osvaldo Navarro escribía “dentro” de la revolución cubana, su poesía, con no poca constancia, abogaba por la crítica, clamaba por cuidar el Árbol de la revolución, de los elementos oportunistas, de quienes se aprovechaban de determinadas coyunturas para hacerse de prebendas, de quienes anteponían lo material al ideario entonces existente (cito: “y vi cómo subían al árbol las babosas"). De esto da fe principalmente en su libro Las manos en el fuego, que yo, en su momento, reseñara (creo que he reseñado casi toda su obra poética) con el título “Y tan difícil que es poner las manos en el fuego”, hace ya 25 años.
Hace un poco menos, 22 años se cumplen este verano, allá, en la pequeñita ciudad de Santo Domingo, tierra natal del poeta, como se ha dicho, nos encontramos una tarde de sábado para presentar su libro Nosotros dos, de temática amorosa, precisamente una de las mejores cuerdas que Navarro dominara, puesto que sus versos de amor tañen con campana suave, parecen arrullar en voz baja cuando en realidad retumban con delicadeza sublime, valga la paradoja, y en ningún momento toman el camino del desenfreno lúbrico, del escarceo emocional. Eso, más o menos, dije aquella tarde al presentar la obra en el mínimo parque de Santo Domingo. “La poesía canta y llora con la vida", me diría Osvaldo en una conversación aparte luego de la presentación. Y creo que esta frase suya, que tanto me impactara, encerraba, encierra, su credo poético. De aquella tarde conservo una foto en donde estamos él, un noble y candoroso poeta de la localidad y yo. Hoy, es una foto triste; hoy, parafraseando, diríamos que es una foto en que “la poesía llora con la vida".
Mas, a la par –y enfatizo: a la par– de su extraordinaria obra poética, Osvaldo llevó a cabo una labor igualmente magnífica en el campo de la ensayística, la narrativa, el artículo de fondo; de estos últimos recuerdo el que dedicara a la condición de “ser” caribeño, donde exponía con suma certeza los elementos que a lo largo de la historia dieron pie para que surgiera un área tan sui géneris en América Latina, un texto que en mi opinión representa una verdadera joya en esta temática. Amén de su inteligencia innata, su cultura humanística –que enriqueciera constantemente– era sólida, abarcadora, lo cual le permitía teorizar con agudeza no sólo en el terreno de la literatura, sino asimismo en el de la política y la filosofía.
A principios de la década de 1980, en los jardines de la sede de la Unión de Escritores y Artistas en La Habana, presente el buen amigo y colega Gustavo Eguren, Osvaldo nos confesaría que estaba escribiendo un relato “extraño” que lo traía completamente “amarrado". Este relato extraño sería El caballo de Mayaguara, publicado tres o cuatro años después y considerado por muchos entre las mejores obras del género testimonial que hayan visto la luz en la Isla. El personaje, o la persona “real", protagonista de este testimonio, sería el prototipo inspirador de la novela Hijos de Saturno, editada en 2002, cuyo eje temático es el desencanto de un luchador revolucionario y me atrevo a asegurar que la desilusión del propio autor.
Como todo ser humano, Osvaldo Navarro tendría defectos y carencias, pero quiero hacer hincapié esta noche en lo que sobrepasa a lo antes dicho: fue un poeta, un hombre valiente, optimista, estoico cuando la situación lo requería, agresivo cuando las circunstancias lo ameritaban. Durante sus veinte años de exilio en México, con un breve período en Miami, vio (y este vio tómenlo, claro, en su más plena acepción metafórica) morir a sus seres más queridos allá en la Isla, “acabo de encender una vela por mi madre, ha muerto allá en Cuba", me diría por teléfono aquella noche de la mala noticia. A pie firme soportó las buenas y las malas lejos de la tierra que lo viera nacer, y al menos yo nunca le escuché un quejido, y cuando algo de lo que me dijera se pareciera a un lamento, inmediatamente agregaba la idea emprendedora que lo borraba.
Amigas y amigos, hay hombres que cambian de ideario, de conducta social y política por conveniencia propia, o por falta de coraje, o por veleidades de temperamento. Quiero dar fe esta noche, porque conozco el caso de Osvaldo a fondo y a toda plenitud, y porque lo conocía a él a fondo y a toda plenitud, de que su dimisión de la causa revolucionaria que una vez con tanto ahínco y sacrificios defendiera, fue limpia, desinteresada, venida de su corazón, de su cerebro, del desencanto que tantos otros, con mucha razón, hemos experimentado. Y pienso, por otra parte, que resulta irracional juzgar negativamente a un hombre porque cambie de credo muy temprano o muy tarde en su vida, cuando ese cambio, como en el caso que nos ocupa, es raigal, absolutamente sustentado y, por demás, acarreará sobre todo amarguras, nostalgias, y la renuncia a ciertas preponderancias. Eso es loable. Algunos de los presentes podrían preguntarse a qué vienen estas palabras; otros, pueden inferir con toda claridad a quienes van dirigidas; ellos, los destinatarios de estas palabras, afortunadamente no se encuentran en esta sala.
Me resta decir que la Muerte ha quedado en deuda con nosotros; Osvaldo Navarro no: él nos legó todo lo que aquélla le permitiera antes de llegarle a destiempo. Sin embargo, aún hoy, cuando no tenemos físicamente al poeta entre nosotros, por qué no hacer válido uno de los versos de su más reciente poemario: “Me queda la primavera por delante”.
Muchas gracias.

Nota: Discurso pronunciado por el poeta Félix Luis Viera, en el Salón Tarkovsky de El Centro de Cultura Casa Lamm, el día 4 de agosto, en homenaje al poeta, novelista y periodista cubano, Osvaldo Navarro, fallecido el 7 de febrero de este año en su casa de México. Este día se presentó su libro “Melodías de Amor” editado por la dirección de publicaciones de El Instituto Politécnico Nacional.
Foto # 1: (Cortesía del autor) Foto mencionada en el discurso, hecha en Santo Domingo, tierra natal del poeta, el sábado 10 de marzo de 1986, durante la presentación de su libro “Nosotros dos". De izquierda a derecha, los poetas Eduardo Franco, Osvaldo Navarro y Félix Luís Viera.
Foto # 2: (Cortesía de Elena Tamargo, viuda del poeta) De izquierda a derecha, el narrador Rafael Carralero y los poetas Osvaldo Navarro y Félix Luís Viera, en su cumpleaños 50, celebrado en su casa de México, en 1996.
Foto # 3: (Cortesía de Elena Tamargo, viuda del poeta) El poeta Osvaldo Navarro, junto a su esposa, la poeta y profesora Elena Tamargo, durante la celebración del centenario de Nicolás Guillen, en el puerto de Veracruz, México, en el año 2002.

Félix Luis Viera: Poeta, cuentista y novelista, nació en Santa Clara, Cuba. Ha publicado los poemarios: Una melodía sin ton ni son bajo la lluvia (Premio David de Poesía de la UNEAC, 1976), Prefiero los que cantan (1988), Cada día muero 24 horas (1990), Y me han dolido los cuchillos (1991) y Poemas de amor y de olvido (1994); los libros de cuento: Las llamas en el cielo (1983), En el nombre del hijo (Premio de la Crítica 1983) y Precio del amor (1990); las novelas Con tu vestido blanco (Premio Nacional de Novela de la UNEAC 1987 y Premio de la Crítica 1988), Serás comunista, pero te quiero (1995) y la noveleta Inglaterra Hernández (Universidad Veracruzana, 1997) con una segunda edición a cargo de la Editorial Capiro en el 2003, Un ciervo herido, Editorial Plaza Mayor, Puerto Rico, 2003. Fue director de la revista cultural cubana Signos. Desde 1995 radica en México.