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viernes, 30 de diciembre de 2011

SOBRE LA “PREMURA” Y “EL RETRASO”: UNA RECTIFICACIÓN

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Creo que me he apresurado al decidir, apenas el martes 27 de diciembre, concederle el título de la “frase del año” a Carlos Alberto Montaner. Faltaban cuatro días y han sido suficientes para que alguien exceda sus excesos (valga la redundancia) No por casualidad en el mismo sitio, alguien que firma con el seudónimo Ángel Velázquez Callejas, nos asegura que Sigmund Freud consideraba “que Charles Chaplin no era un gran actor”, o que “al menos a Freud no le gustaba”. Para sustentar esta afirmación menciona una supuesta carta, de la cual no da referencia bibliográfica alguna y ni siquiera menciona el destinatario, para que los neófitos en tales materias podamos encontrarla en el extenso epistolario del autor.
Sin escatimar citas no constatables y una generosa ensalada de conceptos vacios, dice: “Charlot era un fracaso para el psicoanálisis. Charlot negaba a Freud”; y se contradice: “De modo que esa aptitud de Freud ante Charlot, de negarlo constantemente, produjo un gran desacuerdo con el psicoanálisis”. ¿Quién negaba a quien? No hay que apresurarse. Según el disertante, esta supuesta animadversión de Freud por Charlot produjo un cisma entre sus seguidores y “L. H. Lawrence (¿? perdonen mi ignorancia pero no aparece ni en Google) fue uno de los que se opuso coherentemente al psicoanálisis a partir de ese entonces”. Al parecer se opuso con tal fuerza que renunció al psicoanálisis y se dedicó a la ingeniería, no sin antes sustentar que “Freud era un retrasado mental”, con tal fuerza que ha logrado entusiasmar al docto Callejas al punto de hacerle exclamar: “Y yo estoy de acuerdo”.
No sé que ha sido peor, “mi premura” o “el retraso de Callejas” al pronunciar su frase.
Rectifico: esta es.
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martes, 9 de agosto de 2011

FANTASIA Y PLACER (apuntes para una respuesta de Ariosto)

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.........¿De dónde ha sacado tantas historias, Maestro Ludovico?
..........................Cardenal Ippolito d'Este

En su texto El poeta y los sueños diurnos, originalmente expuesto en forma de conferencia el 6 de diciembre de 1907, en los salones del editor y librero vienés Hugo Heller, y publicado en su versión completa a comienzos de 1908, en una revista literaria de Berlín, Sigmund Freud intenta adentrarse en la investigación de los procesos de la creación literaria, para lo cual examina los orígenes del sueño diurno (la ensoñación) y su relación con los juegos infantiles.

Los profanos sentimos desde siempre vivísima curiosidad por saber de dónde el poeta, personalidad singularísima, extrae sus temas -en el sentido de la pregunta que aquel cardenal dirigió a Ariosto- y cómo logra conmovernos con ellos tan intensamente y despertar en nosotros emociones de las que ni siquiera nos juzgábamos acaso capaces. Tal curiosidad se exacerba aún ante el hecho de que el poeta mismo, cuando le interrogamos, no sepa respondernos, o sólo muy insatisfactoriamente, sin que tampoco le preocupe nuestra convicción de que el máximo conocimiento de las condiciones de la elección del tema poético y de la esencia del arte poético no habría de contribuir en lo más mínimo a hacernos poetas.

Pareciera claro que Freud admite la existencia de una capacidad especial, un don innato que seria útil desentrañar.

¡Si por lo menos pudiéramos descubrir en nosotros o en nuestros semejantes una actividad afín en algún modo a la composición poética! La investigación de dicha actividad nos permitiría esperar una primera explicación de la actividad creadora del poeta.

Ya poco tiempo atrás, en el estudio sobre Gradiva de Jensen (1907), Freud se había ocupado de los problemas de la creación literaria, pero en el presente trabajo el centro del interés recae en el examen de las fantasías. A través de la fantasía, la literatura aborda los grandes temas y preocupaciones de la humanidad sobre la vida, los llamados temas eternos. "¿No habremos de buscar ya en el niño las primeras huellas de la actividad poética?", se pregunta. Para él, el proceso creativo es consecuencia de un elemento lúdico, onírico o fantasioso. El poeta se ve trasladado a un recuerdo, que le provoca el deseo, y éste sólo se ve satisfecho por la obra poética: “el verdadero goce de la obra poética procede de la descarga de tensiones dadas en nuestra alma". T.S. Eliot está de acuerdo con esta función catártica de la escritura cuando dice que el creador está “oprimido por una carga que ha de dar a luz para conseguir alivio.”

El niño distingue muy bien la realidad del mundo y su juego, a pesar de la carga de afecto con que lo satura, y gusta de apoyar los objetos y circunstancias que imagina en objetos tangibles y visibles del mundo real. Este apoyo es lo que aún diferencia el "jugar" infantil del "fantasear".
Ahora bien: el poeta hace lo mismo que el niño que juega: crea un mundo fantástico y lo toma muy en serio; esto es, se siente íntimamente ligado a él, aunque sin dejar de diferenciarlo resueltamente de la realidad. Pero de esta irrealidad del mundo poético nacen consecuencias muy importantes para la técnica artística, pues mucho de lo que, siendo real, no podría procurar placer ninguno puede procurarlo como juego de la fantasía, y muchas emociones penosas en sí mismas pueden convertirse en una fuente de placer para el auditorio del poeta.
Así, pues, el individuo en crecimiento cesa de jugar; renuncia aparentemente al placer que extraía del juego. Pero quienes conocen la vida anímica del hombre saben muy bien que nada le es tan difícil como la renuncia a un placer que ha saboreado una vez. En realidad, no podemos renunciar a nada, no hacemos más que cambiar unas cosas por otras; lo que parece ser una renuncia es, en realidad, una sustitución o una subrogación.

La irrealidad es lo que tienen en común el mundo poético y el juego: tanto el poeta como el niño crean un mundo de fantasía, y al dejar de jugar, el hombre mantiene ese recurso de irrealidad mediante la ensoñación o el sueño diurno. Sartre, al afirmar en ¿Qué es la literatura? que “no se es escritor porque se ha elegido decir determinadas cosas, sino porque se ha elegido decirlas de un modo determinado”, incorpora un elemento que sugiere un origen volitivo en el acto creador, pero la diferencia entre los sueños, los juegos, las fantasías y la literatura reside en que en ésta, el escritor tiene que crear su contenido psíquico de una manera consciente, mediante el lenguaje.

Aunque “los mismos poetas gustan de aminorar la distancia entre su singularidad y la esencia generalmente humana y nos aseguran de continuo que en cada hombre hay un poeta”, Freud demuestra que las mismas leyes psíquicas que rigen el sueño, rigen la ficción, y que tanto en la literatura como en la neurosis hay una clara separación entre la imaginación y el pensamiento racional: una cosa es el material psíquico inconsciente como tal, y otra la manera en que ese material se presenta a la conciencia onírica (diferencia entre contenido latente y contenido manifiesto), lo que en la literatura se traduce en que hay un material psíquico reprimido que lleva al escritor y no a otro ser humano a la necesidad de escribir, la necesidad de expresarse.
Desde esa perspectiva, la literatura soluciona los problemas neuróticos del individuo que escribe (y lo mismo pasa con el lector que logra identificarse), que experimenta un placer en tanto que descarga unas tensiones: el escritor se expresa de determinada manera porque no puede evitarlo, su acto creativo es resultado de la frustración que produce el principio de realidad: lo que el poeta, por ejemplo, no puede hacer en la realidad, lo sublima a partir de sus textos, porque el arte es una manifestación del Inconsciente.

…cuando el poeta nos hace presenciar sus juegos o nos cuenta aquello que nos inclinamos a explicar como sus personales sueños diurnos, sentimos un elevado placer, que afluye seguramente de numerosas fuentes. (…) El poeta mitiga el carácter egoísta del sueño diurno por medio de modificaciones y ocultamientos, y nos soborna con el placer puramente formal, o sea estético, que nos ofrece la exposición de sus fantasías. A tal placer, que nos es ofrecido para facilitar con él la génesis de un placer mayor, procedente de fuentes psíquicas más hondas, lo designamos con los nombres de prima de atracción o placer preliminar.
A mi juicio, todo el placer estético que el poeta nos procura entraña este carácter del placer preliminar, y el verdadero goce de la obra poética procede de la descarga de tensiones dadas en nuestra alma. Quizá contribuye no poco a este resultado positivo el hecho de que el poeta nos pone en situación de gozar en adelante, sin avergonzarnos ni hacernos reproche alguno, de nuestras propias fantasías.

Aunque, como afirmara Jung, “el ejercicio del arte constituye una actividad psicológica”, el escritor siempre escribe para el lector que lleva dentro, lo cual nos podría hacer reconsiderar la incidencia del contexto, sino en el origen, al menos en la gestualidad del acto. Si además, aceptamos la tesis Freudiana “de la relación de la fantasía con el pretérito, el presente y el futuro, y con el deseo que fluye a través de los mismos”, podríamos convenir en que la poesía, en tanto se constituye para su satisfacción, encarna de algún modo la representación de un ideal del placer..

martes, 29 de diciembre de 2009

EN EL ÚLTIMO VAGÓN

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Es ya costumbre en las publicaciones periódicas hacer listas de los mejores libros, películas, sucesos más trascendentales del año, etc. La prensa de espectáculos y el gacetilleo amarillista se ensaña en destacar los peores vestidos o los ridículos notables. Los blog cubanos no son ajenos a unos y otros temas y ya hemos podido constatarlo. Resulta que siempre hay alguien al cual no se le acaba el año antes de hacer su aporte, en este caso a la lista de las Citas del 2009:
“Desde mi juventud me han interesado mucho las reflexiones de los grandes psicólogos. Comencé con Freud, pero muy pronto percibí que era un fabulador escabroso, más interesado en crear problemas psicológicos que en resolverlos.”........................Carlos Alberto Montaner.
Es una pena, porque no es usual escucharle tales ligerezas, y lo es más porque luego de esta frase infeliz, que me gustaría leer como un “chiste” vacío e innecesario, nos invita a leer a Ellis de un modo sustentado y convincente. Alguien podría sentirse tentado de darle otra vuelta de rosca a la tuerca, recriminándole además la última oración, por obvia, pero dados sus antecedentes en el tratamiento del tema cubano y el público al cual va dirigido DDCuba, pasa.
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martes, 17 de noviembre de 2009

DIVAGACIÓN PSICOANALÍTICA

.….......¡Aquí, Ramón Collar, en fin, tu amigo!
………¡Salud, hombre de Dios, mata y escribe!
……………….César Vallejo
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El psicoanálisis, y en general las escuelas dinámicas de psicología, entienden la estructura psíquica como un sistema de fuerzas, equilibradas, en parte, por los mecanismos de defensa. Se entiende por mecanismos de defensa, los procedimientos que el yo pone en marcha para evitar la realización de impulsos internos o protegerse de estímulos externos que siente como amenaza. Con ese fin, las defensas actúan sobre los impulsos instintivos de naturaleza inconsciente, modificándolos, así como sobre los afectos displacientes resultantes del contacto con el mundo exterior.
……Las defensas se suelen dividir en: defensas exitosas, que reciben el nombre genérico de sublimaciones, y consiguen el cese del impulso o afecto que se rechaza; y defensas ineficaces, denominadas patógenas, que obligan a una repetición o perpetuación del proceso. En consecuencia, los instintos rechazados no se transforman en algo diferente, sino que su descarga es bloqueada, con lo que se mantienen en el inconsciente inalterado y desconectado del resto de la personalidad. Entre tales mecanismos de defensa cabe incluir la negación, la proyección, la introyección, la represión, la formación reactiva, la anulación, el aislamiento y la regresión.
……La proyección es un mecanismo de defensa que consiste en atribuir a otros, y en general al mundo exterior, motivaciones que se rechazan o no se reconocen en uno mismo. Constituye un derivado de la primera negación infantil, la que consiste en “escupir” —poniendo distancia entre la fuente de displacer y el yo. En la proyección, el impulso censurable, en lugar de ser percibido en el propio yo, es atribuido a otra persona. También las amenazas que se perciben en el interior se transforman imaginariamente en peligros de naturaleza externa.
……La proyección, como patología mental está presente en los delirios alucinatorios y en las paranoias. Es esta la razón por la cual me resulta particularmente atractiva. La latencia apreciable de rupturas frecuentes con el principio de realidad y la presencia de manifestaciones de un evidente contenido reactivo en algunos blog cubanos y en los comentarios que estos propician, apuntaría a considerar el establecimiento de su origen. Cincuenta años de dictadura no pueden ser inocentes de las miserias apreciables en los usuarios de sus experimentaos sociales, y las secuelas nos seguirán como una sombra por décadas.
……Quién puede quitarle de sus cabezas, a una maza elevada por decreto a la cualidad de élite, que no está capacitada, que no tiene derecho a ocupar el sitio que se le antoje. Quién va a decirle a un individuo de ese pueblo elegido que no tiene derecho a ocupar todos los podios, a estar en todos los sitios, a ser llamado para todas ocasiones. Insertado en su estructura psíquica, ese toque homogenizador, esa tabula rasa en que Teófilo Stevenson y cualquier bulto con guantes rozan igualmente las nubes; no ha de extrañarnos que cualquier minusválido, sostenido por sus muletas de wikipedia, crea que puede disertar al lado de un intelectual que ha desgastado sus ojos en los libros; no ha de extrañarnos que un triste versificador, con un diccionario de rimas on line, aspire a adornar sus sienes con los laureles que honraran Heredia, Martí, Casal, Poveda, Brull, Lezama y otros tantos, por sólo hablar de nuestros mayores.
……¿Quién puede decirles que hay hombres con capacidades especiales que otros no tienen? ¿Quién puede hacerles entender que hay individuos que no hacen menos, por ser mejores en algo, a la raza humana? ¿Cómo decirles que negar eso es negar los valores propios que pudieran hacerles notables por algo, para reducirse a seres insignificantes, cegados por el ansia de acceder a lo que es dado a otros, haciendo dejación de sus sitios, tan simples y tan grandes como puedan elevarse en ellos?
……Entendemos, en estos términos, cada injuria o calumnia que adorna los muros del laberinto virtual por el que transitamos cuando abrimos la ventana de nuestro blogroll, ante todo, como la expresión auténtica de la naturaleza de quienes en ellos los han colgado. Ya en un plano más lúdico, lo entendemos como una invitación a ser cada vez menos reactivos, a desempolvar nuestro sentido del humor y a privilegiar mecanismos de defensa más edificantes.
……Freud opinaba que todos los resultados obtenidos en la esfera intelectual se debían a una sublimación del instinto sexual. Sin duda alguna, es muy posible que toda la energía psíquica que no puede desplegarse en el campo erótico, sea capaz de transformarse en fuerza creadora de índole espiritual. Sin embargo, es con toda seguridad una posición demasiado parcial el querer explicar por esta vía todo lo espiritual o intelectual. Debemos suponer que junto a los instintos elementales, también existirán, de un modo natural, instintos más elevados, pero si así no fuese (que en estas cosas uno nunca está muy seguro de nada); satisfechos estos como corresponde, sería razonable dedicar el remanente de nuestra energía psíquica a cosas más productivas, usando los talentos de que fuimos dotados.
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Foto: Sigmund y Anna Freud en 1913.
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