viernes, 8 de agosto de 2008

HALLAZGO

Gonzalo Rojas es un asombroso caso de vitalidad y auténtica vocación. Leo una selección de su poesía editada por la Fundación TELMEX, al cuidado de la poeta cubana Elena Tamargo. Encontrar en un poeta contemporáneo la sensibilidad trascendente de los clásicos, una desafiante vocación lirica (en el sentido mas primitivo) y el impulso, siempre latente y muchas veces manifiesto de violentar todo orden (ejercicio de poder si se busca en la esencia), romper todo canon (probar su fragilidad) es algo que nos sucede cada muchos libros, cada muchas horas de lecturas baldías, cada muchos regresos al inicio del agua en la clepsidra. Gonzalo Rojas es uno de esos arqueros que afila las palabras como dardos, que extiende la mirada y su arco describe una parábola en que cada saeta, cada palabra, encuentra su costado indefenso.


LAS HERMOSAS
Eléctricas, desnudas en el mármol ardiente que pasa de la piel a los vestidos,
turgentes, desafiantes, rápida la marca,
pisan el mundo, pisan la estrella de la suerte con sus finos tacones
y germinan, germinan como plantas silvestres en la calle,
y echan su aroma duro verdemente.
Cálidas impalpables del verano que zumba carnicero. Ni rosas
ni arcángeles: muchachas del país, adivinas
del hombre, y algo más que el calor centelleante,
algo más, algo más que estas ramas flexibles
que saben lo que saben como sabe la tierra.
Tan livianas, tan hondas, tan certeras las suaves. Cacería
de ojos azules y otras llamaradas urgentes en el baile
de las calles veloces. Hembras, hembras
en el oleaje ronco donde echamos las redes de los cinco sentidos
para sacar apenas el beso de la espuma.


TOMAD VUESTRO TELÉFONO

Tomad vuestro teléfono
y preguntad por ella cuando estéis desolados,
cuando estéis totalmente perdidos en la calle
con vuestras venas reventadas, sed sinceros,
decidle la verdad muy al oído.
Llamadla al primer número que miréis en el aire
escrito por la mano del sol que os transfigura.,
porque ese sol es ella,
ese sol que no habla,
ese sol que os escucha
a lo largo de un hilo que va de estrella a estrella
descifrando la suerte de la razón, llamadla
hasta que oigáis su risa
que os helará la punta
del ánimo, lo mismo que la primera nieve
que hace temblar de gozo la nariz del suicida.

Esa risa lo es todo:
la puerta que se abre, la alcoba que os deslumbra,
los pezones encima del volcán que os abrasa,
las rodillas que guardan el blanco monumento,
los pelos que amenazan invadir esas cumbres,
su boca deseada, sus orejas
de cítara, sus manos,
el calor de sus ojos, lo perverso
de esta visión palpable del lujo y la lujuria:
esa risa lo es todo.


ADIÓS A HÖLDERLIN

Ya no se dice oh rosa, ni
apenas rosa sino con vergüenza; ¿con vergüenza
a qué?, ¿a exagerar
unos pétalos, la
hermosura de unos pétalos?
Serpiente se dice en todas las lenguas, eso
es lo que se dice, serpiente
para traducir mariposa porque también la
frágil está proscrita
del paraíso. Computador
se dice con soltura en las fiestas, computador
por pensamiento.
Lira, ¿qué será
lira?, ¿hubo
alguna vez algo parecido
a una lira?, ¿una muchacha
de cinco cuerdas por ejemplo rubia, alta, ebria, levísima,
posesa de la hermosura cuya
transparencia bailaba?
Qué canto ni canto, ahora se exige otra
belleza: menos alucinación
y más droga, mucho más droga. ¿Qué es eso de
acentuar la E de Érato, o Perséfone? Aquí se trata
de otro cuarzo más coherente sin
farsa fáustica, ni
Coro de las Madres, se acabó
el coro, el ditirambo, el célebre
éxtasis, lo Otro, con
Maldoror y todo, lo sedoso y
voluptuoso del pulpo, no hay más
epifanía que el orgasmo.
Tampoco es posible nombrar más a las estrellas, vaciadas
como han sido de su fulgor, muertas,
errantes, ya sin enigma,
descifradas hasta las vísceras por los
instrumentos que vuelan de galaxia en
galaxia.
Ni es tan fácil leer en el humo lo
Desconocido; no hay Desconocido. Abrieron la
tapa del prodigio del
seso, no hay nada sino un poco
de pestilencia en el coágulo del
Génesis alojado ahí. Voló el esperma
del asombro.
Gonzalo Rojas: Poeta chileno nacido en Lebú, Arauco, en 1917. Estudió Derecho y Literatura en el Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile. Fue profesor de Estética Literaria y Jefe del Departamento de Castellano en la Universidad de Concepción. Ejerció la docencia en Utah, EE.UU., Alemania y Venezuela. Organizó a partir de 1958 los famosos Congresos de Escritores en Concepción, reuniendo lo más selecto de la literatura latinoamericana. Fue diplomático en China y Cuba. Perteneció al grupo surrealista reunido en torno a la Revista Mandrágora, 1938-1943. Ha recibido numerosos premios internacionales entre los que se cuentan: Premio Sociedad de Escritores de Chile por «Poesía Inédita» 1946, Premio Reina Sofía de poesía de España, Premio Octavio Paz de México y José Hernández de Argentina, además del Premio Nacional de Literatura de Chile en 1992 y del Premio Cervantes de Literatura 2003.


2 comentarios:

Efory Atocha dijo...

Yo le vi aquí, en Madrid, con más amigos una tarde, querido Heriberto.

Te puedo asegurar que no te agradaría nada escuchar sus opiniones sobre los Castro brothers y sus peripecias. No te gustaría saber lo que piensa el laureado poeta chileno con gorrita de los cubanos que viven en Miami.

Tampoco es que sea algo secreto. Suele publicar el El País, de aquí, Spain.

En fin, que va a ser uno de esos casos donde la literatura salve al individuo, tal vez.

De todos los poetas de esta quinta (chilenos) un poquito mayor que este y contemporáneo de Neruda, el que más interesante me resultó siempre fue Pablo de Rokha, que aseguraba con relación al propio Neruda que le había plagiado tanto que le plagiaba hasta el nombre...

Muy anarquista, creo que lo era más que comunista, pasó un trabajo del carajo en vida y murió temprano. Lo mataron, si no recuerdo mal, luego de ir a la carcel.

Neruda le metió el peso de su influencia y no lo publicaron casi nada.

Vendía el mismo (de Rokha) sus libros puerta por puerta, de los que recuerdo con mucho cariño: Gemidos, del que logró vender 10 ejemplares a precio irrisorio.

Me extiendo.

Un saludo.

Ch.

Heriberto Hernández dijo...

Así es, amigo Chago. Son casos lamentables de ceguera ideológica. No son frecuentes los casos de intelectuales lúcidos, como Vargas Llosa, que son capaces de reconsiderar sus presupuestos ideológicos a la luz de los imperativos de la realidad y la razón. Yo, a veces escucho a Serrat o a Sabina, o leo a muchos intelectuales valiosos y me pregunto como es posible tanta cortedad, tanto empecinamiento. Nunca he tenido una respuesta para esto, a no ser la que escuché una vez a un amigo:

“Es que la izquierda paga más que la derecha. Porque necesita más, claro”

Yo me resisto a aceptar esto porque supondría que todos son unos miserables mercenarios y no creo que sea el caso de muchos. Un equivocado, un obtuso, un desatinado político, puede ser un buen poeta o un refinado y sensible artista, pero un miserable sólo puede nadar en sus heces.