viernes, 4 de diciembre de 2009

CUESTIÓN DE SINONIMIA

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¡Menudo progreso hemos logrado! En la Edad Media, me hubieran quemado. Ahora les basta con quemar mis libros..........Sigmund Freud
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En su conocida estrategia de “hacerse el loco”, que le tributaba libertades inusitadas, Samuel Feijóo fue progresivamente enajenándose de verdad. Una de las manías que sobrevinieron fue la de hacer grandes ediciones de sus conocidas revistas “Islas” y “Signos", así como de los textos de ficción y otros géneros que publicaba. Pareciera que, después de la distribución personal que hacía de ejemplares a sus amigos de la isla y el resto del mundo, perdía el interés y los almacenaba en cuanto espacio tenía a su disposición, sin un orden, clasificación o control de inventario. A su retirada en 1968 de la Universidad Central de la Villas (mi alma mater), después de un encontronazo con el rector de entonces, que intentaba poner orden en esto y recortarle de algún modo sus atribuciones, el poeta se llevó apenas sus objetos personales, pronunciando una frase que aún se recuerda: “No volveré nunca más a esta cochiquera.”
Recién comentaba con el poeta Manuel Sosa la reciente polémica acerca de la Destrucción de libros en Cuba y no podía dejar de recordar como esta institución fue progresivamente deshaciéndose de la enorme colección de revistas “Islas” y libros editados y publicado por Samuel Feijóo, cuando era editor-jefe del Departamento de Publicaciones, usando el método simple de sacar grandes cantidades de ellos y ponerlos a la intemperie para que los transeúntes se los llevaran, a su discreción y voluntad.
Es cierto que gracias a esta barbarie muchos de los alumnos de entonces, interesados, pudimos ser dueños de colecciones completas de su invaluable revista (que continuaría al año siguiente bajo el nombre de “Signos") y de textos ineludibles como: Cantos a la naturaleza cubana del siglo XIX, Contrapunteo cubano del tabaco y el azúcar de Fernando Ortiz, Crónicas habaneras de Julián del Casal, El movimiento de los romances cubanos del siglo XIX, El pan de los muertos de Enrique Labrador Ruiz, José A. Saco, estudio y biografía de, Manuel Moreno Fraginals, Lo cubano en la poesía de Cintio Vitier, Tratados en La Habana de José Lezama Lima y los dos tomos de Valoraciones de Medardo Vitier, entre los que recuerdo y muchas veces lamento no tener conmigo ahora.
Lo cierto es que muchos de estos libros y revistas fueron a parar a manos inescrupulosas que les depararon destinos innobles y en más de una ocasión, la cantidad expuesta a la intemperie era tal que no eran retiradas durante el día por los interesados, y resultaban dañados irreparablemente por la lluvia o la exposición a la humedad nocturna, sin que nadie se preocupara de ponerlos a resguardo. “Descartar no significa botar ni eliminar”, asegura Eduardo Torres Cuevas, en un patético esfuerzo por justificar lo injustificable, pero “descartar”, “botar” y ”eliminar” siguen siendo sinónimos para muchos de los que hablamos español, y un común denominador que ha caracterizado las acciones de autopreservación del régimen cubano ante cualquier asunto molesto, sea este causado por "hombres" o por "libros".
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2 comentarios:

Juan C Recio dijo...

Muy lamentable y triste todo esto

yenima dijo...

La necedad, mal incurable y desventurado; por el cual hoy tenemos que pagar con una reeducación que va llevar el doble del tiempo; es decir una vida._¡de seguro la mía!