viernes, 7 de agosto de 2009

POEMAS INÉDITOS

de MARÍA ELENA HERNÁNDEZ CABALLERO.REGRESO DEL FUEGO
El tiempo vela.
Devorador del sueño se alarga, se adelgaza.
No es un soplo. Es un alma que sufre.
Por encima de los candelabros y de las antorchas nos trae la luz.
Luz: Pájaros de fuego humanizados.
Guerra amarilla que consume los elíxires de la madera: Apoteosis.
Alegría en combustión: la llama pestañea.
Empujo con un tizón la madera y me sobresalto
para quedar llameante y quemante como un girasol.
Girasol: Flujo y reflujo de la luz: Altura.
La altura es el karma del fuego.
Nacimiento vertical y muerte fácil.
Destruyéndose, purificándose, regresa siempre el fuego.
Para que regrese y se abrace al primer hombre,
al primer animal y a la primera yerba que encuentre a su paso
debo olvidar la pequeña lumbre e inventar la dinamita.

No quieren ser árboles los árboles de la tierra y del cielo.
Sólo carbón y más tarde cenizas.
Para resucitar no como el ave fénix, sino como Empédocles.
El fuego de Empédocles no era tan sabio como el de Heráclito.
Tenía Heráclito un heliotropo y Empédocles un selenotropo.
Pero se amaban como la luna y el sol.
Si yo les trajera ahora una carga con dinamita
quizá escucharía el grito del hombre oscuro en la caverna. Quizá.
Pero la hoguera reconforta.
Con un hilo de luz ante ellos me plantaría.
Y lloraría el hombre oscuro
y Empédocles y Heráclito cenarían con nosotros.

Bajo mis ojos el lila se evapora: el rojo no, arde concentrado.
Estoy viva, llama viva: Devoremos juntas todos los crepúsculos.

Un humo negro vela.
El fuego ha regresado y muerto una vez más.
LETANIA DEL OJO
El espía sabe que me espía y que yo lo espío.
Su ojo dorado incide en mí.
Me rastrea. Su olor me rastrea.
Lo siento.
Lo presiento:

Es el espía que en la hora matutina enciende la luz de la lámpara de su ojo. Siento la insidia abrasadora de este ojo. A veces me impide el movimiento. Hay algo paralizante en el miedo. Hay algo aterrador. Su avidez es directamente proporcional a mi ambición de volar. Y mientras más alto es mi vuelo, más siento mi falta. Soy el traidor de no se qué causa. De no sé qué guerra. De no sé qué historia ocurrida antes de mi nacimiento, antes de mi crecimiento. Desconozco el origen del odio, pero lo siento sobre mi lomo. El odio. El odio. El odio. El odio. Odio me dice el ojo. Y tiemblo.
Se que algún día tendré que volar. Volar será mi perdición. El ojo me rastrea. El ojo adicto esclavo de su oficio delirante. Soy su presa. Lo veo. Lo siento. Mi ojo y su ojo, ese par. Si pudiera transmitirle este temblor. Si pudiera sobreponerme y volar. Sabe que me inquieta, lo sabe y lo disfruta. Soy inocente. Soy inocente, quisiera gritar a los cuatro vientos. Quisiera gritar y volar. Las nubes deberían ser mi única casa. Mi salvación. Mi único destino. Las nubes y el mar. Lo etéreo, lo sublime. A dónde voy, dónde no voy. Más alto. Más alto. Soy inocente. Déjenme volar. El miedo paraliza, me paraliza. Mis patas se aferran a este trozo de tierra. Mis patas, ¿por qué estos hierros en mis patas? No quiero vivir aquí, este pedazo de tierra, ¿a qué me aferra?
El miedo sabe. El espía se mete dentro de mi ojo que lo espía. Su ojo y mi ojo, ese par. Soy el traidor del miedo antes de mi crecimiento. La ambición es mi perdición. Tiemblo proporcional a mi origen. Soy inocente lo siento, lo presiento. Vengo de la caída. Soy presa de las nubes. Si pudiera sobreponerme y caer. Sobreponerme y caer mi oficio de traidor. El origen del origen. Soy un pedazo de tierra, lo siento. Sin falta ni adicción esclava destinataria de no sé qué guerra, de no sé qué causa. Lo siento sobre mi lomo. El ojo dentro de mi ojo. Lo siento. Es mi presa lo etéreo, lo sublime. Si pudiera sobrevolar y gritar antes del nacimiento de mi origen del miedo. Delirante como un inocente. Como un inocente. Como un inocente. Como un inocente. Como un inocente. Como un inocente.

Grito dentro del ojo más alto el odio si el espía sobrevuela.
Si no sobrevuela.
Venganza.

Caída.
María Elena Hernández Caballero: La Habana, Cuba, 1967.
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Publicó el libro de poemas Donde se dice que el mundo es una esfera que Dios hace girar sobre un pingüino ebrio, con el que obtiene el Premio David de poesía, otorgado por la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, en 1987, Elogio de la Sal, Editorial Cuarto Propio, Chile y Electroshock-Palabras, Ediciones La Bohemia, en Buenos Aires.
Ha sido antologada en numerosas muestras de poesía cubana, tanto en el país como en el extranjero.
En 1994 emigra a Santiago de Chile, donde dirige, junto a la poeta cubana Damaris Calderón, la editorial Las Dos Fridas.
Reside actualmente en Buenos Aires.