martes, 23 de agosto de 2011

EL POETA SUICIDA

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Tinta, vida podría decirse, calamar
con una humedad, más profunda que el mar
o la noche.
. Bestia de las profundidades, derroche
de voluptuosidades sin otras razones
fuera de transgredir, fuera de sórdidas emociones
que serán versos, trenos,
o argumentos para evocar una cuerda, o venenos.
. Encerrado, recluido, condenado,
poseído por ese cuerpo, tendido ahora en el asfalto helado,
aún palpitante,
agoniza, ahogado en su tinta, un calamar gigante.
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Nota: Este curioso texto, de un entonces “joven poeta” (lo primero ya no, y lo segundo no sé si llegó a serlo), es un muestrario de todas las cosas que no deben hacerse, si de escribir poesía se trata; pero, ¿Alguien puede sostener que no es un buen poema?