lunes, 9 de mayo de 2011

LA PATRIA ES UNA NARANJA / Félix Luis Viera

La Revista del Diario. 05-05-2011.Por Luis de la Paz.
.Dos puntos geográficos, Cuba, el país natal del autor, y México, la nación de su exilio, conforman La patria es una naranja (Ediciones Iduna/Absalón Editores, Miami, 2010) del escritor cubano Félix Luis Viera (Santa Clara, 1945), un extenso poema de gran aliento (inmenso aliento sostenido), donde el desgarramiento, las definitivas pérdidas, la separación familiar, el choque generacional y cultural, marcan el encuentro (y el desencuentro) del poeta con su destino.

El texto es un muestrario de realidades, muchas de ellas patéticas, dejando al descubierto heridas que no es posible cicatrizar, porque todo resulta muy doloroso e intenso. “Mi hijo una vez se uniformó con el uniforme de la patria/ (es decir, con el uniforme de los soldados de la patria del Tirano)/ y estuvo dispuesto a darlo todo por ella haciendo estallar la pólvora/ hasta la muerte”.

En este libro no hay medias tintas, las secciones están marcadas por una amargura que sólo aquel que ha vivido “momentos claros y oscuros” como diría Zweig, puede entender en su entera dimensión. Hay una aprehensiva acidez en el lenguaje, en la manera diáfana de exponer, un sombrío desaliento, no en la voz del poeta que se crece en sus versos, sino en el hombre consciente de su destino, para no decir su tragedia. La patria es una naranja es, además de un documento poético de gran valía, una importante denuncia social.

Viera se sitúa en sus dos realidades, la cubana y la mexicana, para desarrollar las 80 secciones que tiene su libro, agrupadas en XIII partes. Hacía tiempo que no leía un poema que lograra sostener la energía a lo largo de su extenso recorrido sin decaer en ningún momento. El autor retrata los dos contextos, donde la corrupción, la indiferencia, el hambre, el miedo, la fe, la esperanza y las penurias campean a su antojo. “El Tirano habla habla habla habla/ Y los árboles caen/ Y caen los hombres/ Y caen los pájaros perplejos/ Y caen los pensamientos convertidos en pánico”.

A diferencia de otros poemas cubanos de gran aliento, La patria es una naranja, no es un canto fundacional, no intenta englobar el todo nacional, sino que parte de individuo inmerso en una realidad, de la familia como centro, y a partir de ahí elabora una especie de teoría de la miseria íntima, de mínimo desastre personal –las carencias, la nostalgia, la separación familiar y el peso de la muerte acrecentado por la distancia– y lo expande, lo multiplica.

El poeta le escribe a la familia: “de niño/ mi madre me avisaba sobre la desintegración del porvenir”. Recrea los quince años de su hija: “En varias de las fotos de sus Quince Años/ mi hija aparece con ropas prestadas por sus contemporáneas, quienes/ las habían recibido de allende los océanos”. Lamenta una y otra vez, no haber podido tener un pecera: “Tan pobre hemos sido,/ nunca hemos tenido, por ejemplo, una pecera”. Un libro, que brota del desaliento. Un poema donde el desarraigo es en gran medida, el sostén, el eje conductor de las dolorosas pérdidas que se van sucediendo a lo largo de sus páginas. Un poema grande, necesario en la literatura cubana.
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3 comentarios:

EL SITIO DE LA LUZ dijo...

Es un libro muy completo, excelente reseña.

Anónimo dijo...

Dede que se publicaban periódicament, sabís que sería un gran libro.
Y muy buena reseña.

joel

Anónimo dijo...

Leti, diles que pongan donde se puede conseguir el libro editado. Yo ya lei unos versos en internet.

Liz