viernes, 19 de marzo de 2010

PRUEBAS DEL SUFRIMIENTO / Octavo Cerco

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"Publico esta foto con la conciencia completamente tranquila, si ellas no constaran no habría pruebas del sufrimiento al que estos seres fueron sometidos. Si no fuera por las duras fotos que los denunciaron, el Holocausto Nazi, el genocidio de Pol Pot o las torturas en la prisión de Abu Ghraib tampoco habrían existido."
................................................Claudia Cadelo
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martes, 16 de marzo de 2010

UNA PUERTA QUE OLVIDAMOS CERRAR / Manuel Sosa

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Nota: Esta crónica, a su manera esencial, de una visita suya a Miami, es uno de los regalos (aunque no lo sea del todo, porque es el pago de una apuesta, recuerdan) más valiosos que he recibido hoy. Gracias Manuel.


Para Félix Luis Viera

I
Al principio no sabíamos qué hacer con tanta inmediatez. Exilio, destierro, lo que fuera. Diáspora, decían; pero a la vez nacimiento. Teníamos el mundo en un ordenador. Larga distancia: redundancia. Nos aguardaban aquellas voces que extrañábamos, y también las que nunca habíamos escuchado. Unos dígitos, un pulsar nervioso, y ocurría el milagro. Eso sin contar el directorio que crecía en nuestro nicho virtual; sumábamos direcciones y nombres apetecibles, incluyendo adversarios, aliados que aún no habían renovado sus pactos, futuros enemigos. Era asombrosa la celeridad de los registros. ¡Se estaban yendo todos! Y cada vez crecía más la noción de un país paralelo (el país posible) que sustituyera nuestro fracaso terrenal. El dedo titubeaba, pero siempre vencía la curiosidad. A veces respondía algún dómine, otras veces los condiscípulos. Teléfono, correo electrónico, emisiones, irradiaciones. Describíamos el fragmento de patria que habíamos inventado para sobrevivir, y las coincidencias eran francamente risibles, en el mejor sentido de la palabra. Lo más sorprendente resultaba, de nuevo, la inmediatez. Antes, cuando teníamos país, era trabajoso reunirse y fraguar alianzas estéticas. Una alianza estética tenía que ser una conspiración. Pero ahora podemos (de ser necesario) recopilar firmas y lograr adhesiones desde cualquier confín. Sin embargo, al cabo del tiempo nos acostumbramos a la idea; inventamos pretextos para no actualizar los directorios, la indolencia aparece cada mañana en el espejo, y volvemos al destierro original: el monólogo. La idea de la proximidad se adormece en nuestra conciencia. Podemos decir: “será mañana” sin remordimientos. La comunicación se ha convertido en otro deber, algo que cumplimos una vez al año: diplomacia, astucia.

II
Antes de salir palpamos la maleta, la abrimos y la revisamos con desconfianza. Siempre se queda algo: sobre la mesa, la cama. O si no, una puerta sin el cerrojo. Cuando andamos de paso por otras ciudades nos acompaña un sobresalto inexplicable, el mismo que nos hace escudriñar maletas y volver sobre nuestros pasos. Si será exilio o destierro, o viaje temporal: algo falta. Hace unos meses logramos reunirnos varios amigos. Yo disimulaba mi regocijo como podía. Este oficio de rescatar términos. “Reunión”, por ejemplo. Una ciudad tan vilipendiada, (defenderla es de mal gusto, me dicen) y que sirve como punto de confluencias… ¿Otra contradicción más retórica que verificable? Nos habíamos citado, para hablar y evocar, y yo disimulando mi deleite, porque comprobaba que “reunirnos” era derrotar a los hados que antes nos convirtieron en piezas intercambiables. El tablero que dispuso alguna tiranía. Debíamos estar dando testimonio en otro lugar, cada cual puliendo su monólogo, y no era así. Esa noche nos reíamos del maleficio. Aquella cita era circunstancial, marcada por la brevedad… Quizás le pasamos por encima a cosas esenciales, pero juro que durante un par de horas la tiranía cedió y fue menos opresiva. Sabiendo que no alcanzaría el tiempo, dejé varias preguntas para la otra ocasión, quién sabe cuándo. “No es saludable agotar la agenda del reencuentro”, me dictaba la voz del juicio. Siguiendo el ritual, descuidamos el equipaje, olvidamos asegurar las ventanas. No importa dónde estemos, nos obligamos a dejar cosas pendientes, como pretexto para deshacer las maletas, aunque tengamos la certeza de que nada falta. Por mucha placidez que ostentemos, seguiremos despertando con sobresalto, creyendo haber escuchado el batir de una puerta, tarde en la noche, una puerta que olvidamos cerrar..

domingo, 14 de marzo de 2010

VEINTE Y TRES / XXIII / 23

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ALBIS TORRES (20 de marzo de 1947 / 15 de marzo del 2004)
No quería dejar de escribir esta semana sobre esta mujer. Su modo de estar sin que puedas decir que la has visto o que dijo esto o aquello. Su andar subterráneo por todo un período importante de la segunda mitad del siglo XX cubano, su aporte fundamental en la consolidación de una sensibilidad que diera unidad y coherencia a toda una generación. Ese desvelo suyo por poner la riqueza de nuestra tradición musical en la mesa precaria de cada cubano. Esa pregunta esencial, “qué diría de todos por mi culpa”, que la hizo hacerse enorme, gravitante, sin abandonar su “silla de oficina”, enclavada en el corazón infartado de un país. Pero no puedo decir nada que Sigfredo no haya dicho mejor.
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..DORMIDA SOBRE LA DICHA .Por Sigfredo Ariel
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Hace veinte años Albis Torres está sentada en una silla de oficina, mirando al objetivo de la cámara (mirándonos) con su linda cara burlona. Unos datos breves bajo la fotografía la describen de manera somera. En la página de al lado unos poemas: “Mamá está en el balcón”, “Ciencia ficción”, “Cocosí”… hablan acerca de ella más y mejor. Yo la había conocido fugazmente un par de años atrás, en Topes de Collantes; la había leído un poco antes en Breaking the Silences, aquella antología de escritoras cubanas que preparó Margaret Randall en el 76 o en una fecha cercana a ese año. Ahora (1985) coincidíamos en Usted es la culpable, con Reina María, Novás, Soleida, Marylin, Escobar, Osvaldo, Víctor, Bladimir, Lorente, Larrea, Codina… Formamos una especie de familia, me dice, y ya sabes, uno no escoge a sus parientes.
En aquellos años no había muchos refugios para los poetas, músicos y pintores jóvenes, gente errante y enamoradiza de los años 80. El más gregario y democrático se situaba en la casa que tenía Albis Torres en la calle Jovellar. En aquella sala diminuta nos conocimos muchos y estuvimos conversando (o discutiendo) a lo largo de siglos. Nos animaba a veces el nebuloso espíritu de “la venganza de Ceaucescu”, espécimen de vino tinto que cobraba muy alto al amanecer la locuacidad de la alta noche. Oíamos a la Burke y a Génesis, Pink Floyd, Ma Rainey, Afrocuba, Barroso, y a unos grupos alternativos ingleses, finlandeses o nigerianos que albergaban los casetes de Atilio Caballero y de los que nadie, salvo él, se acuerda, pero que conocieron instantes gloriosos en la reproductora aquella, instalada sobre la nevera mínima.
Por Jovellar número 111 pasaban también actores y actrices, productores, locutores de la radio, guionistas y directores de cine. Algunos artistas de mucho nombre iban a parar también, inevitablemente, al gran sofá Gollum sobre el cual dormimos algunos afortunados peregrinos, y se platicó sobre todos los asuntos posibles. Wendy Guerra ha escrito un hermoso poema sobre aquellas noches y una crónica y quién sabe si una novela.
Albis-imán, Albis-comedia-drama-sainete, Albis-poeta finísima, Albis-toda la música. Su amigo predilecto era Lázaro Sarmiento: “el mejor de todos nosotros”, nos decía a los demás, como si nos importara, porque al fin y al cabo nos alcanzaba con la cuota de su atención que nos tocaba, fuera un plato de arroz con almejas o la consulta sentimental o profesional, con su respuesta siempre imaginativa al sucesivo, más bien constante, ¿qué tú crees que haga, Albis?
Cuando necesitaba un abogado en las alturas, le rogaba al fantasma de Machito para que intercediera en un asunto irresoluble, como mejorar los parvos resultados académicos de Wendy. Si añoraba un lugar que visitar en el mundo, dividía su deseo entre Angkor y Florencia, y en su fonógrafo íntimo convivían Moraima Secada y Bob Dylan en apasionado maridaje. Se emocionaba con los versos de Walter de la Mare, Gastón Baquero ¿banense como ella? y Allen Tate, entre otros incontables. Creo que su galán imaginario fue Fayad Jamís, profesor suyo de pintura en los primeros años 60, en Cubanacán, con Rigol y Antonia Eiriz.
Me resulta extraño contar cosas de Albis en tiempo pasado, también de Fayad o Pepe Rodríguez Feo, que se marcharon de uno para siempre, igual que de otros amigos míos que ahora andan dispersos por el mundo: Damaris, Tosca, María Elena, Emilio, no sé cuántos más. Albis sentía vivamente sus huecos de ausencia particulares. Casi todos los días mencionaba a personas que echaba de menos y de las que apenas recibía noticias. A la vez detestaba lo que llamaba “encuentros con el pasado”, pues su nostalgia no era de un tiempo anterior, la bobería de la anécdota vieja, sino de la cercanía en el hoy y ahora de la gente semejante, del afín, del equivalente, incluso del antagonista o el revés. Ahora es que vengo a comprenderla, igual que a su poesía, que me revela hoy relieves que antes no había logrado advertir.
El número de la revista Matanzas dedicado a Marta Valdés* incluye un poema suyo: “Imagen de mujer desnuda dormida sobre un potro”. Permiso para un leve sobresalto (Lezama dixit) ahora que Albis se nos aparece.
Dócil bajo su carga
el potro ni ladea los costados
no sea que se caiga
y de repente rompa
como el cristal del agua con su hocico
este encantamiento.
Busco los poemas que me dio una tarde “porque si los dejas conmigo los voy a cambiar y cambiar hasta desgraciarlos”. Reconozco los tipos de la misma máquina de escribir: tanque de guerra alemán con que escribía libretos para la radiodifusión ingrata con la que siempre o casi siempre estaba en deuda, pues, aunque concibiera y realizara programas y programas espléndidos ¿Palabras contra el olvido?, los agentes del aire siempre quieren, exigen más y, a cambio, dan un mínimo que apenas da para el sustento cotidiano, la electricidad, el agua, el gas, la latica de almejas.
Me han contado a Europa.
Una y otra vez los buenos peregrinos
la sustraen de la noche nevada.
mis queridos indianos
entre cenas
frugales y tazas de café amargo
la deslizan ante mí
dibujada en una servilleta
allá en París o Rótterdam
o en la Praga antigua.
Ellos vieron al Giotto de mi alma
y al enorme joyán de Brunelleschi
contra el cielo de la sin par Florencia.
Europa ya me sabe a café amargo
y a comidas frugales.
Confieso tener un mapa de Pompeya
y una foto autografiada de Harold Lloyd
que me parece fiable.
Muchas veces, durante muchos años
me contaron a Europa
mientras las cariátides perdían mansamente
las narices.
Toda su obra ocuparía un volumen de modesta extensión. Rompió mucho, desechó, destruyó sus originales. Publicó pocos poemas, siempre movida por un encargo, el pedido de un antologador o alguien de una revista. Procuraba estar atenta a las noticias de la radio y la televisión, que interpretaba luego muy a su manera. Su mirada no estaba centrada en lo temporal, sino en los espacios y la historia de la gente, el tiempo pasaba sin que lo advirtiera. Siempre dejó para luego el reunir su poesía; en realidad, creo que no dio una sola página suya por terminada. Se sentía contemporánea de todo el mundo, por eso lograba entenderse con caracteres disímiles de todas las generaciones. Sus poemas están mezclados con la historia de Cuba, con su familia, real o fantasmagórica, la actualidad de sus amigos y con algunos puntos de su particular mapa del planeta, que era francamente albiscentrista.
Hay mitos que nadie ha fabulado,
mitos como universos que habitan
en los seres humildes.
El mío son las olas y un hombre
que las vio diligentes hacer y deshacer,
el paisaje lunar de las Galápagos
y un hombre que no cruzó el océano
e imaginó, mil veces veinte, un viaje
sin riberas.
Mi país es ese instante único
que ahora mismo sucede en todas partes,
orillas de la tierra,
lugares a los que no sé ir
ni puedo, y llego sin embargo.
Amo esa alquimia de olas y pacientes orillas.
No hay mejor patria
ni asta en que poner
bandera alguna.
Amaba la novela gótica, a Bela Lugosi, al libro de Ezequiel, la gran poesía y la gran novela norteamericana del siglo veinte. Le gustaba compartir y leer en voz alta sus hallazgos. Sin embargo, creo que el nexo de comunicación que nos articuló de manera más honda fue la música, lengua común que se enriquecía de continuo. A veces aquel dialecto nuestro lleno de alusiones era ininteligible para quienes nos rodeaban. Adorábamos un tango de Gardel, titulado “Senda florida”, porque parecía encerrar nuestra particular ontología, basada en “las armonías de una dicha singular”. A los boleros que cantaba Vicentico Valdés en nuestra retentiva ¿cientos de ellos? se sumaban un buen día letras de Charly García, un guaguancó de Santos Ramírez (“perdió su barco Colón víctima de un terremoto”), la fase encantada de algún lied, la manera en que alguien (Sarah Vaugham) interpretaba a Lennon-McCartney. Descubrimos juntos muchos mediterráneos y mucho navegamos en ellos. Por no lograr penetrar en nuestra jerga hubo quien llegó a odiar el dueto que formamos.
Albis rendía culto a la memoria viva de todas las cosas, canción o película remotas, una tarde junto a Eliseo Diego que con el tiempo ganaba cada vez nuevos matices e interpretaciones, el Banes de su infancia en el colegio cuáquero, el sabor verdadero de una fruta “que ya no sabe igual” y que en su delicadeza refugiaba su única, indefectible calidad. Por eso resultó tan absurdo que sus recuerdos se confundieran hasta disolverse en un limbo de mutismo en sus últimos años. No sé si porque barruntó su final, creía firmemente en la existencia de una dimensión que acompaña la nuestra, un espacio sin espacio donde no hay pérdidas, melancolía ni evocación, sólo lucidez en medio de las armonías de aquella dicha singular a la que aspiró siempre.
Por ahora
Dejémosla
no sea que la blanda dejadez de sus espaldas
nos diga que está muerta
o que de pronto
sepamos el color de su mirada
y ya no sea más
una mujer dormida sobre un potro.
*Revista Matanzas. Año VI, Números 2 y 3, mayo-diciembre, 2005.
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Nota: Continuamos poniendo todos los domingos textos que por alguna razón tuvieron una significación especial en la década de los ochenta y en algunos de los turbios años posteriores. Para ver los post anteriores, picar en la etiqueta 80 X OCHENTA.
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jueves, 11 de marzo de 2010

POEMAS NO INCLUIDOS EN LIBRO II / Félix Luis Viera

.DOBLEMIRA.Me senté a mi puerta
para ver pasar el cadáver de mi enemigo.
Mi enemigo
se sentó a su puerta
para ver pasar el cadáver de su enemigo.
(23 de febrero de 1993)
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POR AMBOS BANDOS CONDENADO
.Vendrán a buscarte en la noche cerrada.
Tumbarán tu puerta, te sacarán
manos arriba delante de los tuyos.
Tus pasos vacilarán como los de todo el
que marcha hacia la Muerte.
Como a todo el que marcha hacia la Muerte
cruzarán unos segundos por tus ojos
fragmentos de imágenes perdidas:
aquella muchacha junto a un árbol,
una calle ancha y una niña que te espera
bajo el sol de la tarde,
tu obsesión por el Otoño (hojas
amarillas disímiles que
crujen, se rompen
bajo tu andar, aquella cerveza
en aquella boca –ambas
tan doradas como aquel Otoño– y ya
no habrá más. La noche
no tendrá bombillas y sí una luna grande
y un viento al parecer del sur
que aumentará tu miedo.
Sean quienes fuesen los vencedores, te dirán traidor:
¡traidor!,
¡a la pared!:
serás simplemente el enemigo necesario
que debe morir.
Tu miedo conocerá la inmensidad.
Escucharás las armas prepararse.
Escucharás el ruido del metal y el
de las suelas de tus verdugos rasgando
la tierra.
La descarga se escuchará hasta muy lejos
y, junto con ella, unos cuantos ojos
comenzarán a llorar tu muerte.
Sólo por éstos, intenta al menos morir como un Hombre.
(19 de abril de 1993)
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HE VISTO AL CUERVO VENIR

..........................a Carmen Sotolongo
Yo he visto al cuervo venir.
Lo he visto venir fulgiendo de negro bajo el sol de la tarde.
Lo he visto viajar directamente hacia mis ojos.
Él ha creído
que duermo
pero yo lo he visto desde su primer gesto.
Y cuando ha llegado me he abierto el pecho.
Y cuando ha llegado he abierto los ojos.
Y el cuervo ha comido de mi pecho y mis ojos
y ya no habrá quien lo salve.
(26 de agosto de 1993)
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.Félix Luis Viera: (Santa Clara, 1945) Poeta, cuentista y novelista. Ha publicado los poemarios: Una melodía sin ton ni son bajo la lluvia (Premio David de Poesía de la Uneac, 1976, Ediciones Unión, Cuba), Prefiero los que cantan (1988, Ediciones Unión, Cuba), Cada día muero 24 horas (1990, Editorial Letras Cubanas), Y me han dolido los cuchillos (1991, Editorial Capiro, Cuba), Poemas de amor y de olvido (1994, Editorial Capiro, Cuba) y La que se fue (2008, Red de los Poetas salvajes, México); los libros de cuento: Las llamas en el cielo (1983, Ediciones Unión, Cuba), En el nombre del hijo (Premio de la Crítica 1983. Editorial Letras Cubanas. Reedición 1986. ) y Precio del amor (1990, Editorial Letras Cubanas); las novelas Con tu vestido blanco (Premio Nacional de Novela de la UNEAC 1987 y Premio de la Crítica 1988. Ediciones Unión, Cuba), Serás comunista, pero te quiero (1995, Ediciones Unión, Cuba), Un ciervo herido (Editorial Plaza Mayor, Puerto Rico, 2003) y la novela corta Inglaterra Hernández (Ediciones Universidad Veracruzana, 1997. Reediciones 2002, 2006 y 2008, Edizoni Il Flogio, Italia.) Su más reciente novela, Un ciervo herido –que aborda el tema de las Umap, eufemísticamente llamadas Unidades Militares de Ayuda a la Producción y, en realidad, campos de trabajos forzados establecidos en Cuba en la década de 1960–, ha sido traducida al italiano por la editorial L´Ancora del Mediterráneo. Actualmente es ciudadano mexicano.Foto: Emmanuel Juárez.
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lunes, 8 de marzo de 2010

ORLANDO ZAPATA

Dom, 28/02/2010 - 05:00
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Nota: Los intelectuales peruanos se solidarizan con el pueblo cubano. Como antes la poeta Rocío Silva Santisteban, y también en su columna de La República, el periodista, analista político, ex ministro del Interior durante el gobierno de Toledo y especialista en temas de Seguridad Ciudadana y Reforma Policial, Fernando Rospigliosi publica un demoledor artículo sobre la muerte del preso de conciencia Orlando Zapata. Nuestro agradecimiento.
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Por Fernando Rospigliosi
frospigliosi@larepublica.com.pe
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La muerte del obrero cubano Orlando Zapata, en una mazmorra de los hermanos Castro, muestra la auténtica faz de la más antigua y feroz dictadura de América Latina.
La infame prisión norteamericana de Guantánamo es un hotel de cinco estrellas comparada con las espantosas cárceles cubanas, donde son arrojados los disidentes políticos.
Orlando Zapata, obrero, negro, pobre, fue detenido hace siete años. No era un terrorista, no ponía bombas. No era un delincuente, no asaltaba bancos. Fue adoptado como preso de conciencia por Amnistía Internacional. Era miembro del Directorio Democrático Cubano, organización que lucha por elementales libertades democráticas en la Cuba gobernada desde hace 51 años por los hermanos Fidel y Raúl Castro.
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EL CRIMENZapata fue apresado porque cometió el peor de los delitos que se puede perpetrar en una dictadura totalitaria, oponerse con la cara descubierta al régimen de terror, que se sostiene por el miedo de la mayoría a un sistema represivo omnipresente que parece invencible.
El régimen tiene que sancionar con rapidez, brutalidad y extrema crueldad a los disidentes, porque de lo contrario el “mal ejemplo” se extiende y las masas adormecidas y resignadas, pero hartas de un sistema corrupto que las ha privado de libertad y de los bienes más esenciales, se rebelarían.
Por el hecho de expresar su deseo de libertad, el obrero Orlando Zapata, fue condenado a 32 años de prisión en juicios sumarios, una farsa peor a la de los tribunales sin rostro de la época de Alberto Fujimori.
En esa misma época, la “primavera negra” del año 2003, fueron detenidos otros 75 periodistas y activistas de la democracia y los derechos humanos.
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EL HORROR DE KILO 8
La bloguera cubana Yoani Sánchez ha publicado un testimonio desgarrador sobre la situación de Zapata en la prisión Kilo 8, en Camagüey, testimonio reproducido en El País de España:
“Después llegó la soledad de una celda tapiada, los malos tratos, las palizas y con ello terminó la ilusión de que un preso no condenado a muerte tiene derecho a que le respeten la vida."
“Al cancelarse la visita a Cuba del relator de las Naciones Unidas contra la tortura, terminó para muchos la esperanza de ser rescatados de los malos tratos en los penales. Aprovechándose de su impunidad, los guardas metieron a Orlando en un espacio breve, donde tenía que compartir el suelo con las ratas y las cucarachas.
“Le gritaban por la rendija de una puerta de hierro que no iba a salirse con la suya, pues en una prisión revolucionaria un preso político equivale a los gorgojos que acompañan –permanentemente– al arroz."
“Se resistió a ponerse el uniforme de presidiario y eso le trajo otra andanada de golpes y el punzante castigo de reducirle las visitas de sus familiares. Cuando abrieron el sitio donde lo habían enterrado vivo, ya el daño era irreversible y la culpa salpicaba hasta la mismísima silla del actual presidente cubano.”
(“¿Quién mató a Orlando Zapata?”, El País, 26.2.10).
En esas condiciones, Zapata realizó una huelga de hambre, de las de a verdad. Murió 86 días después, el 23 de febrero. Ningún medio de prensa de la dictadura totalitaria de los hermanos Castro informó nada en Cuba sobre la huelga, la muerte y el entierro de Zapata.
Ahora cinco disidentes más –cuatro de ellos en prisión– se han declarado también en huelga de hambre en Cuba.
.LOS CÓMPLICES
Mientras Zapata moría lentamente, los presidentes de América Latina –incluido el sátrapa cubano– se reunían en México para formar una organización –¡otra más!– regional. Ni una palabra salió de allí para demandar la libertad o un mejor trato para los más de 200 presos políticos cubanos.
Peor aún, el antiguo sindicalista, luchador antidictatorial y hoy presidente del Brasil, Lula da Silva, visitó Cuba y se reunió con los hermanos Castro. Por supuesto, no dijo una palabra sobre Zapata –que agonizaba en ese momento– ni sobre los presos de conciencia.
El jueves pasado, otro dictador que sigue los pasos de los Castro, abandonó la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (como Fujimori) e insultó procazmente a su Secretario, el argentino Santiago Cantón: “excremento puro” le dijo.
Cantón es conocido en el Perú. Visitó muchas veces el país en la década de 1990 como funcionario internacional, apoyando a los periodistas y demócratas que luchábamos contra la dictadura de Fujimori y Montesinos.
¿Qué dicen de todo esto los izquierdistas peruanos? Están mudos. Los más desvergonzados defenderán a Castro y Chávez, la mayoría no se atreverá, pero guardará silencio cómplice.
Como se dijo en esta columna la semana pasada, el compromiso con la democracia y los derechos humanos de las élites de izquierda y derecha es oportunista, los defienden sólo cuando les conviene.
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domingo, 7 de marzo de 2010

VEINTE Y DOS / XXII / 22

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Antonio José Ponte, a medio camino entre el Poeta como encarnación de cada uno de sus contemporáneos y el renegado, heresiarca que calibra sus instrumentos desafiando la inmutabilidad de los cánones, la falseada perspectiva de las convenciones aceptadas como absolutos, ha manifestado de un modo explícito la necesidad de refundar sobre sus ruinas la sensibilidad de una nación cauterizada por el dogma. Su propensión a edificar una gestualidad modélica ante los imperativos del poder, que pareciera una recurrencia en el resto de su obra, adquiere en su poesía la fragilidad amable de quien asume el verso como la instancia última en que las resistencias todas podrían hacerse solubles.
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ENTRE LOS COLEGIALES DE LOS KARAMAZOV
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Te gritaron también como le gritan
al que toma unas piedras de la calle,
y te echaron en cara delgadez,
poca fuerza
en unos ejercicios que los demás salvaban.
Tu inteligencia que la reconocieran los maestros,
el buen carácter en tu casa.
Los de tu edad sólo veían cuánto te demorabas
en responder a los insultos con insultos.
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No eras como los otros.
Lo quisiste
o lo quisieron ellos para ti.
Eras ese muchacho cargado de piedras
entre los colegiales de Los Karamazov.
Buscaste como él volverte algo sin vida
(un cristal, una estrella, un adulto lejano),
vivir en otro día...
La pelea, sin embargo, no estaba terminada.
Tantos años después todavía tú gritas
"Házte piedra,
golpea".
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ANTONIO JOSÉ PONTE: (Matanzas, 1964) Poeta, narrador y ensayista. Graduado como Ingeniero Hidráulico por la Universidad de La Habana, ha trabajado además como guionista de cine y profesor de literatura. Ha publicado los libros de cuentos: In the cold of the Malecon & other stories (City Lights Books, 2000), Cuentos de todas partes del imperio (Éditions Deleatur, 2000), este último traducido al inglés como Tales from the Cuban Empire (City Lights Books, 2002) y Un arte de hacer ruinas y otros cuentos (Colección Aula Atlántica, Fondo de Cultura Económica, México, 2005); y la novela Contrabando de sombras (Mondadori, Barcelona, 2002). Entre sus ensayos destacan Las comidas profundas (Éditions Deleatur, 1997) traducido al francés como Les Nourritures lointanes (Éditions Deleatur, 2000), Un seguidor de Montaigne mira La Habana / Las comidas profundas (Verbum, 2001) y El libro perdido de los origenistas (Aldus, México, 2002). Ha publicado los libros de poesía: Trece poemas (1988), Poesía 1982-1989 (1991) y Asiento en las ruinas (Letras Cubanas, 1997). Publica regularmente en las revistas La Habana Elegante, Cuadernos Hispanoamericanos y Letras Libres.
.Nota: Continuamos poniendo todos los domingos textos que por alguna razón tuvieron una significación especial en la década de los ochenta y en algunos de los turbios años posteriores. Para ver los post anteriores, picar en la etiqueta 80 X OCHENTA.
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miércoles, 3 de marzo de 2010

POEMAS INÉDITOS 2008-2009 / Yoel Mesa Falcón

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.Para envidia de esa rata que me mira
me llevo un pedazo de queso a la boca
mastico
mañana
la ofrenda de la vaca saldrá de mí.
La rata es toda nervio
soy como ella
amansado por los hábitos
la serenidad
que la cultura impone
sobre el animal desasosiego.
Como queso y tú no
me tocó la suerte
tienes hambre
vas del rincón al hoyo
de allí al fondo de la tierra
tienes criaturas que alimentar
tienes más que yo
que sólo poseo mi mente.
Me miras
hambrienta
mientras yo como queso
bajo estrellas que parpadean.
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Puede venir alguien
el ánima de un recién ahorcado
y quedársete mirando
como si pensara
por qué me maté
si éste está más jodido que yo
y míralo qué campante
hasta sonríe casi
mira las estrellas
como si fueran un tesoro
esos cristalitos
punticos de luz
ojos miles
de un dios demente.
Puede venir alguien y plantarse ante ti
como la aparición de todas las ausencias.
De sus ojos cascadas
de su boca silencios en forma de flautas
de sus poros la exudación del existir.
En quietud que será reproche:
si ya nada te ilusiona
qué haces aquí
en el reino de los ilusos
tú que eres como yo
ya
como yo…
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Yoel está loco
me lo acaba de decir una piedra
después calló largamente
y es increíble
que si alguien la tomara en su mano
y la llevara junto a su cama como adorno
siga callando
sea el silencio
demuestre
una y otra vez su mudez
para el ser que tan gentil
se portó con ella.
Igualmente si un niño rompiera un cristal
sería estrépito de vidrios
pero ella misma incapaz de sonares
muerta como está
imperturbable.
Una lagartija se pasea por su lomo
y ella no le cuenta de los cientos de manos
las caricias o el desprecio
su historia de herramienta
su quietud
la indiferencia sólo comparable
al firmamento que se alumbra y oscurece
entre bostezos altísimos.
Así son las piedras
hablan una vez
−una única vez
en excepción y con voz
como sólo la roca puede
expulsar−
y luego callan para siempre.
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Belleza del aura
que sólo ese niño que va en el cochecito ve
oculta
para el portador, cuyo cuerpo
ahíto de vulnerabilidad y padecimientos
le hace pensar que todo lo que existe
es la inevitable,
molestísima materia
y el tiempo
que le sirve de barca:
avanza por la calle
aterido de remordimiento y ansiedad
mientras lo siguen los ojos extremadamente abiertos
del niño, en deleite de los colores
de una imagen que quedará
sin remedio sepultada
por montañas de incoloro,
albísimo olvido.
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Nadie te va a preguntar “¿qué te pasa?”a pasarte la mano por la cabeza
a ellos también el mundo los alfilera
y van pensando en ocupaciones, preocupaciones, amenazas del destino
y están tristísimos
y sueñan
con que el cielo se haga una mano compasiva
que acaricie sus cabellos
y les pregunte “¿qué te pasa?”.
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YOEL MESA FALCÓN
: Manzanillo (1945) Poeta, narrador y ensayista. Licenciado en Letras Hispánicas por la Universidad de Oriente en 1975. Recibió el premio en el concurso Poesía de Amor, Varadero’ 85 y obtuvo en 1987 el premio UNEAC de poesía por su libro El día pródigo. Sus colaboraciones han aparecido en Unión, Cine Cubano, Casa de las Américas, Letras Cubanas, Juventud Rebelde, Bohemia, Azor, Asimetría y Semiosis. Ha publicado los siguientes poemarios: El día pródigo (1991), En el cofre de música el mar (1996), Todo el afán (2000) y Fabulaciones (2003). Su novela inédita Extraños en la noche fue finalista en los concursos “La ciudad y los perros” (2004) y “La Otra Orilla” (2006). Reside en México..

martes, 2 de marzo de 2010

IMÁGENES INTERCAMBIABLES

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Estaba tratando de editar un post, pero he confundido las imágenes y las leyendas de cada foto. Como no estoy seguro de cual pertenece a cada una, y a fin de cuentas no hay mucha diferencia, no me voy a desvelar por eso.
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.• Cadáveres de judíos en una fosa común nazi.
• Cadáveres de pacientes psiquiátricos cubanos, muertos por hambre y frío en el Hospital Psiquiátrico de La Habana, conocido como “Mazorra”.
• Campesinos cubanos, víctimas de la política de “reconcentración” dictada por el general Valeriano Weyler.
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LULA VISITA OTRA CATÁSTROFE

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El maestro Manuel Díaz Martínez comenta una burrada del presidente de Brasil, durante su visita a Chile, en su blog. Me permito añadir (entre paréntesis) una acotación.
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LULA, a Michelle Bachelet: “Chile no merecía una catástrofe como ésta”.
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MDM: ¿Y cuál merecía? (Una revolución y una dictadura de medio siglo, donde los prisioneros políticos tienen que morir en una huelga de hambre para que se le respeten sus más elementales derechos)
¿Y qué país se merece una catástrofe como ésta?
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lunes, 1 de marzo de 2010

MUERE ZAPATA / Rocío Silva Santisteban

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Nota: Cuando la mayoría de los intelectuales vuelven el rostro, aletargados por la propaganda de la dictadura o el sueño de un premio Casa de las Américas; cuando la clase política prefiere no indisponerse con los consulados cubanos, tan diestros en alebrestar sindicatos, intervenir en campañas electorales y alarmar organizaciones no gubernamentales; cuando la prensa, no sólo la de izquierda, hace silencio ante la muerte de un hombre que lo único que quería era ser tratado con respeto a su dignidad, uno no sabe como agradecer este gesto de la poeta peruana Rocío Silva Santisteban, en su columna de La República y en su blog Kolumna Okupa.
.MUERE ZAPATA
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Por Rocío Silva Santisteban
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Justamente cuando José Ignacio “Lula” da Silva y Hugo Chávez aterrizaban en La Habana, estalla en la isla el caso de un preso que ha muerto por una prolongada huelga de hambre. Orlando Zapata Tamayo tenía 42 años y 83 días sin probar comida sólida cuando su cuerpo no resistió más y murió en un hospital de La Habana, adonde lo habían trasladado desde Camagüey (ahí lo estuvieron alimentado por vía intravenosa). Zapata había sido capturado en el año 2003 y sentenciado a tres años de prisión por desacato, desorden público y desobediencia, aunque posteriormente en prisión y por “indisciplina” fue acumulando condenas hasta llegar a 30 años. Zapata ha sido considerado por Amnistía Internacional como un preso de conciencia.
Algunas versiones desde la isla sostienen que Orlando Zapata, quien era albañil y afrocubano, apenas era un preso común que “entraba y salía de prisión” y que por su condición había sido “utilizado” por la contra-revolución como chivo expiatorio. Sostiene Enrique Ubieta de Cubadebate lo siguiente: “Transformado después de muchas idas y venidas a prisión en ‘activista político’, Zapata fue el candidato perfecto para la autoejecución”. Obviamente este último sustantivo tiene reminiscencias de la tristemente célebre “autotortura” de Leonor La Rosa anunciada así por Martha Chávez. Además agregan que la bloguera Yoani Sánchez, así como otros disidentes, estarían “utilizando su cadáver” como buitres y que en realidad quienes lo han matado no son los dirigentes del gobierno, ni las condiciones ignominiosas de prisión, sino los propios contrarevolucionarios con sus juegos de poder.
Así como la versión de Leonor La Rosa fue enrevesada y no del todo transparente, no dudo que la historia de Orlando Zapata sea laberíntica y esconda algo, pero la versión de los hechos proclamando a Zapata como un “cadáver útil” desde la isla y sus representantes oficiosos –más que oficiales– es, de por sí, absolutamente cínica. Repulsivamente cínica. Y creo que es un deber de cualquier persona comprometida mínimamente con los derechos humanos dejar constancia que un preso de conciencia internacional ha muerto en Cuba por mantener su voluntad de seguir una huelga de hambre hasta las últimas consecuencias.
De la misma manera como Margaret Thatcher dejó morir a Bobby Sands, el activista del IRA tras 66 días de huelga de hambre; Raúl Castro ha hecho lo propio con Zapata, quien –como dice el poeta Heriberto Hernández– no es ni poeta, ni político respetable, ni ex miembro de ningún congreso, ni cámara, ni camarilla, sino un obrero, negro, pobre entre los pobres, de hecho con educación y salud gratuitas y seguras de por vida, pero sin la posibilidad de poder hablar sino a través de su cuerpo. Lo único que le pertenecía era precisamente ese cuerpo de albañil y plomero, y una voluntad férrea para llevar a cabo una “huelga de hambre de verdad”. Como dueño de su propio cuerpo lo convirtió en símbolo para atravesar todas las censuras y no ha sido sino a través de la muerte de ese cuerpo que el hombre, Zapata, ocupó su lugar. Hablar de “autoejecución” es realmente indignante: la muerte como posibilidad de “nombrar” –de convertirte en símbolo para “hablar"– es perversa siempre, sobre todo, cuando se dicen discursos de un lado y otro, de la revolución y la contrarevolución, con el cadáver de un disidente de conciencia de por medio.
.ROCÍO SILVA SANTISTEBAN: Lima (1963). Ha publicado cuatro libros de poesía: Asuntos circunstanciales (1984), Ese oficio no me gusta (1987), Mariposa negra (1993, 1998) y Condenado amor (1995) y uno de relatos Me perturbas (1994 y 2001); ha editado dos libros de crítica: El Combate de los Ángeles (Pontificia Universidad Católica, 1999) y Estudios Culturales. Discursos, poderes, pulsiones (junto con G. Portocarrero, V.Vich y S. López-Maguiña, RED, 2001). Nadie sabe mis cosas: ensayos en torno a la poesía de Blanca Varela (junto con Mariela Dreyfus) se encuentra en prensa en el Fondo Editorial del Congreso (Perú). Textos suyos han aparecido en diversas antologías como Las horas y las hordas, El turno y la transición, ZurDos, Poésie Peruvienne du XXe siécle, Prístina y última piedra, Lavapiés, Escritoras mirando al Sur, entre otras. Como periodista ha publicado en diversos medios de América Latina y es colaboradora permanente de La Insignia. Doctora en Literatura por la Universidad de Boston, actualmente trabaja como directora del diploma de periodismo de la Universidad Jesuita de Lima.
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