viernes, 11 de noviembre de 2011

EL CABALLO DE LA PALABRA, ¿UN ANTILIBRO?

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Escribir un libro fundamentado en una interacción dialógica con otro libro pareciera destinarle a una existencia referencial. Lo real es que la búsqueda de un interlocutor no es extraña a la poesía, forma parte de su patrimonio. El poeta aspira a obtener respuestas, asume esa curiosidad decimonónica que es siempre, en última instancia, su conflicto esencial, como un desafío para el cual sólo está armado de palabras. Tal es, como si apuntes hubiesen sido, este libro de Elena Tamargo, en los márgenes o en el reverso de los pliegos en que fuera escribiendo Osvaldo Navarro su Horror al vacío.
Hablando de este libro, la poeta, que no logra separarlo de su autor, reconoce en este “una pertenencia a la tierra, que mantiene a las cosas separadas en conflicto, pero que también las reúne…” En este estado, en que no discrimina la abstracción que se opera en el imaginario de la poesía y el humilde ser en que confluyen las coordenadas del dolor y el placer, de la convicción y las dudas, escribe El caballo de la palabra, un canto en que se reproduce la misma interrogante desde las antípodas del dolor, desde la aceptación del placer.
¿Un antilibro? No. El mismo libro puesto a desdecirse desde una suerte de confinamiento voluntario en sus márgenes, el mismo discurso con las palabra que al poeta ya no le servían para defenderse “del horror al vacío”, pero que conforman la posibilidad de acceder al goce mayor, “el as luminoso de los dioses”, por la aceptación de sucesivos humanos placeres.
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LA PARTE POR EL TODO.Tal vez por el camino del zoológico
llegará el amor,
traerá en las manos una fruta para dar en la boca al animal
y semillas de alpiste en los bolsillos
cundeamor para las pequeñeces.
Vendrá a resucitarme
sabiendo de mis versos
sabiendo que creía en el futuro
que luchaba en contra de lo simple
del amor servil.
Yo no he vivido del todo lo mío
no he acabado de amar
entretengo a los jóvenes
con yambos y sinécdoques
y no acabé de amar.
Yo ofrecí mi ternura siempre que hizo falta
y cuidé nuestras penas.
Amo también a los caballos.
Déjenme cuidarlos, caballitos míos
les daré mi susurro si alguna noche se desvelan.
Quiero vivir mi vida en el zoológico.
Por esa senda llegará el amor, estoy segura.
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BOLERO CON VOZ RONCA.
...................Si yo encontrara un alma como la mía
.........................María Grever

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Ya yo he encontrado un alma como la mía
que copia en un cristal mis propias hojas.
Se sostuvo algún tiempo como un barco
en el agua cerrada.
Mojados, sus vestidos, le pesaban.
Repetía pedazos de antiguas oraciones
y jamás orinaba
en la boca de un río que fuera a dar al mar.
Tal vez sería Tanagra la tierra de ese encuentro.
Vivía sin saber que vivía su fábula
y su sentido estaba dividido
como tallos de rosa.
De su raíz partía la sangre hacia los hombres:
me parecía entonces densa.
Por lo demás, no había nada rojo.
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EL CABALLO DE LA PALABRA, Elena Tamargo. Poesía. Ediciones Dos Aguas, 2010. Portada e ilustraciones de Elvira de las Casas.
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ELENA TAMARGO: La Habana, Cuba. Poeta, académica, ensayista, Germanista y Filóloga, es Doctora en Letras Modernas. Traductora de la obra de F. Hölderlin. Premio Nacional de Poesía “Julián del Casal”, de la UNEAC, 1987. Entre sus libros de encuentran: Sobre un papel mis trenos, Habana tú, El caballo de la palabra, El año del alma, Poesía de la sombra de la memoria y Bolero, clave del corazón. Después de una estancia en Rusia y otra en México, ahora vive en Miami.
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2 comentarios:

Manuel Vázquez Portal dijo...

Heriberto, gracias por este post. Yo le debía también uno a Ele, pero...El tiempo, me quitan todo el tiempo.

EL SITIO DE LA LUZ dijo...

Muy buen post y merecido, un gran saludo.
JC Recio