jueves, 19 de enero de 2012

MARIO CARREÑO / DALIA RAVIKOVITZ

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El sueño / Mario Carreño.
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Recuerdo esta obra del maestro Mario Carreño (Cuba, 1914-1999†) en la portada del libro Saber del corazón (Ediciones Mar del Plata, Santiago de Chile, 1992), del poeta chileno Fernando González-Urízar. Años después he vuelto a ver la imagen en una revista, ilustrando el texto Sueño de Tirso, de la poeta y periodista hebrea Dalia Ravikovitz (1936–2005†). El pesimismo y la desolación que recorre sus versos me resultan especialmente atractivos. Fin de Caída es uno de sus poemas más conocidos en castellano.
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SUEÑO DE TIRSO
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Dile ahora
todo mi amor,
dos horas antes de lo aurora
díselo todo.
No malgastes tiempo en saludos,
dile hasta la aurora
mi amor.
Vi una casa con veletas.
Un jardín bajo las copas de los arboles.
Mi amor anda entre esos árboles.
Enrédale los sueños.
Dile sólo mi amor.
No pierdas el tiempo inútilmente.
La mayor parte de las palabras son sin fundamento.
Escánciale una bebida cuando vaya a despertar.
No despierte como un hombre
cualquiera,
dile sólo mi amor
hasta que se confundan sus sueños.
No desperdicies tiempo en cumplidos
dos horas antes de Ia aurora.
Llévale al patio,
llévale al árbol de Laurel,
venga aletargado y sueñe,
todo mi amor sueñe.
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Amado mío, amado mío,
todo mi amor
no lo sé decir.
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FIN DE CAÍDA

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Si un hombre cae de un avión en mitad de la noche
sólo Dios puede recogerlo.
Dios se le aparece en el cielo nocturno,
lo toca y disuelve sus penurias.
Dios no reclama su sangre
pues el hombre no es el alma.
Dios no acaricia sus miembros
pues el hombre no es la carne.
Dios desciende sobre él, alza su rostro y lo contempla.
A los ojos de Dios, el hombre es un niño pequeño
que con dificultad se alza en cuatro patas, quiere andar;
que se siente alado y quiere volar.
El hombre está aún confundido, no sabe
que flotar es más grato que arrastrarse.
Dios quiere acariciarle la cabeza
pero se detiene,
no desea intimidarlo
con señales de amor.
.Si un hombre cae de un avión en mitad de la noche
solamente Dios conoce cuál es el fin de la caída.
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Traducción: Gerardo Lewin
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