viernes, 6 de enero de 2012

PASO EN LO ALTO (y otros poemas) / Aramis Quintero

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PASO EN LO ALTO

Firme paso en lo alto, desfiladero
que amo. Difícil, ciertamente, mas
no traicionero, sino acoge
mi pie, que cruza
el más amable y entregado a su hierba.
Hondo paso, reducida distancia:
el más amable cruce es el mío,
paso en lo alto que recorro y amo,
si por tan frágil, ofrecido,
por la distante, rechazada lejanía
que es valle o lago y al fin cercanos ojos.
Paso en lo alto, y yo me cruzo, y callas
Mientras algo más hondo que los dos, más fuerte,
calla o habla, es lo mismo, sobre nosotros, votiva hierba,
y es la distancia que no rindes ni rindo,
la distancia que ha ardido en esta suave oblación,
si enemiga y hermosa,
sacrificada, fiel, hermosa, desmentida por este
paso en lo alto, ofrecida feliz, violentada,
qué cruce es este en que hemos puesto piedra de fundación
amada más que la ciudad a que renuncias y renuncio
y amada más que todo
porque podemos removerla, volvernos
y llegarnos a este sitio y edificar de nuevo
y con los mismos nombres, en memoria de
conocidos lugares, repetir este gesto
de fundación, que es nuevo. Y otra vez,
paso en lo alto, tú sonríes.


CÁLIDA, SIMPLE FORMA
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Mis palabras se han vuelto suave escoria.
Un color va envolviéndolas,
y les va dando ese leve desprecio,
ese callado vencimiento
con que lo nuestro acaba y se olvida.
No tienen voz, se quedan
cada vez más donde las llama
su propio peso, su pobreza.
La poca luz en que estuvieron
-amigo fuego, mínimo-
era la de unas pocas manos
que las pasaban entre sí como el pan.

Cálida, simple forma
de estar aquí nosotros, con lo nuestro.
Y decir poco, apenas algo que ilumine
Brevemente la mesa, tan desnuda,
Y las manos, por un momento duraderas,
Sólo por un momento tan hondamente
Acompañadas.

Luego el pan, solo
se va secando y es barrido.


LA MORADA
.Un humo nuevo, todavía en la noche,
tiende su escala irreparable al viento.

Qué pocas tablas guardan este sitio.
Qué pocas tablas son el sitio
en que unas ascuas mínimas
quiebran el primer hueso
a la armazón dura y cerrada de la sombra.

Algo se quema entre esas tablas
con el pretexto ingenuo de la leche.
Otro animal, no ya la sombra,
deja su grasa en ese fuego y proyecta
su voz en las paredes, sus gestos,
y azota el techo con el lomo, y sale
lleno de avisos, deshaciéndose.

Acaso es nada ese animal, y nada
se quema en esas brasas: sólo
la leche puesta allí, que se quema
subiendo sola en su vasija.

Tras esas pocas tablas,
que en tanto sigan juntas son la casa del hombre.
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ARAMIS QUINTERO:
(Matanzas, 1948) Poeta, narrador y ensayista cubano. Licenciado en Lengua y Literatura Hispánicas por la Universidad de La Habana. Ha trabajado como Asesor de Educación Artística del Ministerio de Educación de Cuba, profesor de Cultura Cubana e Historia del Arte, crítico de cine, y guionista y director artístico del grupo escénico cubano La Seña del Humor. Ha publicado varios libros de literatura para niños y jóvenes, así como libros de textos para la educación. Actualmente reside en Santiago de Chile, donde ofrece talleres de escritura literaria y cursos de capacitación para la animación a la lectura. Es miembro de la Corporación Lectura Viva (http://www.lecturaviva.cl/) Ha publicado siete libros de poesía: Diálogos. Poesía. Edit. Letras Cubanas. La Habana, 1981. Una forma de hablar. Poesía. Edic. Unión. La Habana, 1986. Cálida forma. Poesía. Edit. Letras Cubanas. La Habana, 1987. Como la noche incierta. Poesía (en colab. con L. Lorente). Edic. Matanzas. Matanzas, 1991. La sal estricta. Poesía. Edic. Unión. La Habana, 1996. Voz de la madera. Poesía. Edic. Capiro. Santa Clara (Cuba), 1999. Caza perdida. poesía. Edic. Unión. La Habana, 2006.
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