miércoles, 13 de agosto de 2008

DESEO


Demasiada resaca, poco oleaje;
demasiado silencio, mucho ruido
sin calma, sin música, perdido
el norte u otro signo, la salvaje
sed de otras aguas. Que en silencio baje
del cielo a tierra un dardo que le hiera,
o una daga que ascienda, sucia, artera,
desde el infierno ardiente, en sus carbones
templada la hoja, sangre a borbotones
haga brotar y en ella ahogado muera.

viernes, 8 de agosto de 2008

HALLAZGO

Gonzalo Rojas es un asombroso caso de vitalidad y auténtica vocación. Leo una selección de su poesía editada por la Fundación TELMEX, al cuidado de la poeta cubana Elena Tamargo. Encontrar en un poeta contemporáneo la sensibilidad trascendente de los clásicos, una desafiante vocación lirica (en el sentido mas primitivo) y el impulso, siempre latente y muchas veces manifiesto de violentar todo orden (ejercicio de poder si se busca en la esencia), romper todo canon (probar su fragilidad) es algo que nos sucede cada muchos libros, cada muchas horas de lecturas baldías, cada muchos regresos al inicio del agua en la clepsidra. Gonzalo Rojas es uno de esos arqueros que afila las palabras como dardos, que extiende la mirada y su arco describe una parábola en que cada saeta, cada palabra, encuentra su costado indefenso.


LAS HERMOSAS
Eléctricas, desnudas en el mármol ardiente que pasa de la piel a los vestidos,
turgentes, desafiantes, rápida la marca,
pisan el mundo, pisan la estrella de la suerte con sus finos tacones
y germinan, germinan como plantas silvestres en la calle,
y echan su aroma duro verdemente.
Cálidas impalpables del verano que zumba carnicero. Ni rosas
ni arcángeles: muchachas del país, adivinas
del hombre, y algo más que el calor centelleante,
algo más, algo más que estas ramas flexibles
que saben lo que saben como sabe la tierra.
Tan livianas, tan hondas, tan certeras las suaves. Cacería
de ojos azules y otras llamaradas urgentes en el baile
de las calles veloces. Hembras, hembras
en el oleaje ronco donde echamos las redes de los cinco sentidos
para sacar apenas el beso de la espuma.


TOMAD VUESTRO TELÉFONO

Tomad vuestro teléfono
y preguntad por ella cuando estéis desolados,
cuando estéis totalmente perdidos en la calle
con vuestras venas reventadas, sed sinceros,
decidle la verdad muy al oído.
Llamadla al primer número que miréis en el aire
escrito por la mano del sol que os transfigura.,
porque ese sol es ella,
ese sol que no habla,
ese sol que os escucha
a lo largo de un hilo que va de estrella a estrella
descifrando la suerte de la razón, llamadla
hasta que oigáis su risa
que os helará la punta
del ánimo, lo mismo que la primera nieve
que hace temblar de gozo la nariz del suicida.

Esa risa lo es todo:
la puerta que se abre, la alcoba que os deslumbra,
los pezones encima del volcán que os abrasa,
las rodillas que guardan el blanco monumento,
los pelos que amenazan invadir esas cumbres,
su boca deseada, sus orejas
de cítara, sus manos,
el calor de sus ojos, lo perverso
de esta visión palpable del lujo y la lujuria:
esa risa lo es todo.


ADIÓS A HÖLDERLIN

Ya no se dice oh rosa, ni
apenas rosa sino con vergüenza; ¿con vergüenza
a qué?, ¿a exagerar
unos pétalos, la
hermosura de unos pétalos?
Serpiente se dice en todas las lenguas, eso
es lo que se dice, serpiente
para traducir mariposa porque también la
frágil está proscrita
del paraíso. Computador
se dice con soltura en las fiestas, computador
por pensamiento.
Lira, ¿qué será
lira?, ¿hubo
alguna vez algo parecido
a una lira?, ¿una muchacha
de cinco cuerdas por ejemplo rubia, alta, ebria, levísima,
posesa de la hermosura cuya
transparencia bailaba?
Qué canto ni canto, ahora se exige otra
belleza: menos alucinación
y más droga, mucho más droga. ¿Qué es eso de
acentuar la E de Érato, o Perséfone? Aquí se trata
de otro cuarzo más coherente sin
farsa fáustica, ni
Coro de las Madres, se acabó
el coro, el ditirambo, el célebre
éxtasis, lo Otro, con
Maldoror y todo, lo sedoso y
voluptuoso del pulpo, no hay más
epifanía que el orgasmo.
Tampoco es posible nombrar más a las estrellas, vaciadas
como han sido de su fulgor, muertas,
errantes, ya sin enigma,
descifradas hasta las vísceras por los
instrumentos que vuelan de galaxia en
galaxia.
Ni es tan fácil leer en el humo lo
Desconocido; no hay Desconocido. Abrieron la
tapa del prodigio del
seso, no hay nada sino un poco
de pestilencia en el coágulo del
Génesis alojado ahí. Voló el esperma
del asombro.
Gonzalo Rojas: Poeta chileno nacido en Lebú, Arauco, en 1917. Estudió Derecho y Literatura en el Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile. Fue profesor de Estética Literaria y Jefe del Departamento de Castellano en la Universidad de Concepción. Ejerció la docencia en Utah, EE.UU., Alemania y Venezuela. Organizó a partir de 1958 los famosos Congresos de Escritores en Concepción, reuniendo lo más selecto de la literatura latinoamericana. Fue diplomático en China y Cuba. Perteneció al grupo surrealista reunido en torno a la Revista Mandrágora, 1938-1943. Ha recibido numerosos premios internacionales entre los que se cuentan: Premio Sociedad de Escritores de Chile por «Poesía Inédita» 1946, Premio Reina Sofía de poesía de España, Premio Octavio Paz de México y José Hernández de Argentina, además del Premio Nacional de Literatura de Chile en 1992 y del Premio Cervantes de Literatura 2003.


lunes, 4 de agosto de 2008

NÁUFRAGO

Arístides Vega es un isleño vocacional, y digo isleño y no cubano porque para él, Isla y Cuba son sinónimos. Un espacio limitado por agua, aguas que le compulsan a pararse en el centro. Náufrago, es La primera palabra, y no se me ocurre otra, aunque no sea exacta. No ha navegado o zozobrado en barco u objeto flotante alguno. Nació ya en una isla en medio del mar y ha tenido que propiciarse todo medio de subsistencia (poética).
Corrían los primeros años de la década del ochenta, aún se sentía la sombra negra del Mariel, con su vergonzosa ola de represión, y nuestra generación empezaba a mirar la vida del país con inquietud. Las librerías nos devolvían la sensación de que había que “buscar atrás” o mirar allende el mar. Traducciones del “Anábasis” de Saint-John Perse (de Heberto Padilla) o la traducción (amanerada versión) de Lezama de “Lluvias”, una pequeña edición (con el cuadro “Tierra” de Fayad en la cubierta) de la “Tierra Baldia” de T.S. Eliot, Rilke, Mallarmé, Paul Valéry (en la excelente traducción de Mariano Brull) fueron descubrimientos sucesivos que ayudaron a paliar la coral y laudatoria (a la Revolución) oferta de las librerías. El “salto atrás”, no sólo nos hizo releer, como quien busca una luz al final del túnel, todo el diecinueve cubano. La república, con el emblemático Poveda o el íntimo Ballagas; nos llevó derecho a “Orígenes”, como una balsa flotando en el mismo mar desde los tempranos treinta y aún dando bandazos.
Por esa época conocí a Arístides Vega Chapú. Recién regresaba de La Habana (a Santa Clara) después de un intento fallido (por suerte) de estudiar derecho. Comenzábamos a vernos a menudo un grupo en el que se recuerdan además los poetas Pedro LLanes, Frank Abel Dopico, Joaquín Cabezas de León, y el narrador Evelio Capote (ya fallecido), entre otros. En el departamento de sus padres (en los altos de las oficinas del PCC provincial), sitio de encuentro, escuchábamos música, que no hubiese oído nunca de otro modo, y nos reuníamos para ir a alguna actividad cultural o simplemente para leer o conversar. Su manera de escribir (y de vivir) fue cimentando una amistad que los años y mi admiración sólo han fortalecido.
He recibido, recién, una antología de su poesía que he leído de una manera muy peculiar. Los primeros textos (de los primeros libros) me sonaban tan cercanos que recordaba largos pasajes como si los hubiese escrito. Algunos poemas revivieron los momentos en que fueron escritos o en que los escuché por primera vez, y confirmé la vieja certeza de que Arístides reúne en su obra todos los sueños (muchos truncados) y todas las frustraciones de una generación. La generación (como quieran llamarla) que abrió los ojos con la bofetada del Mariel y dinamitó el monolítico discurso “setentero” y recapituló los anales de la literatura cubana, reclamando un espacio para la individualidad. Ese espacio estaba ya implícito en cada verso.
Después de muchos años, leyendo de un modo fragmentario su obra, poder apreciar reunida una muestra amplia y representativa de cuanto ha escrito, permite constatar como el discurso, lejos de hacerse mas discreto o decantar excesos e improntas de juventud, se mantiene vivaz y minado de desvaríos emocionales, personales referencias y voluntariosos giros que contradicen su actitud reflexiva y ecuánime.
Se habló muchas veces en el pasado, de una vocación en que el tema familiar genera el contexto básico en que se estructura su sensibilidad poética. Hoy tiendo a pensar que el poeta construye nexos para atar (poéticamente) sus temas, sus preocupaciones, sus especulaciones, muchas veces con visos de obsesión existencial, a una referencia cercana, conocida, “familiar” en la otra acepción. La intención de hacerse entender sin dar detalles, sin explicar por qué, no es más que la proyección de su necesidad de entender y su voluntad de ver desde dentro.
Arístides sigue siendo un sobreviviente, enraizado cada vez más en el centro de su isla. Allí ha construido una cabaña con los restos de cada naufragio. No mira hacia el mar, hacia el horizonte, porque no espera nada de las aguas que le rodean como una maldición. Todo lo necesario, lo esencial, esta bajo el árbol más cercano, en la humedad de la sombra y el sabor del fruto.

NO SOSPECHAMOS LO IGUALES QUE SOMOS SENTADOS A LA MESA
Soy el anfitrión de esta mesa familiar,
del pez que duerme con ojos abiertos
semejantes al sol
desdeñado por el batir furioso de las nubes.
Dejando abiertas las ventanas, las luces ardiendo
en las vasijas que cobran el color de las monedas,
agradezco la estación en que se marchan las aves.
No parece que vaya a morir
con mi casa a medio hacer,
con la madera áspera de la mesa humeando.
Pero viene a salvarme.
Veladas están las entradas de la casa
y afuera la tormenta intenta apoderarse de los ojos
con que el pez puso fin a su tristeza.
Como un soldado llegado de la guerra
deseo una mujer que agriete mi pecho,
se sumerja con la certeza de estar a salvo.
Deseo una conversación al oído.
Abrir los ojos y escuchar la música de las ferias
sobrevolando la ciudad sin orientarme.
Pero soy el anfitrión de esta mesa
en que el asado conserva las huellas del dolor
y tu no asomas las manos por miedo al pez.
Esta mesa ajedrezada que nada sostiene
como si nos dispusiéramos a jugar con el peligro
de volvernos a ver en sus falsos bordes,
maldiciendo el país
que la noche convierte en triste mesa
donde estamos uno frente al otro
atentos a la humeante sopa que nos iguala el rostro.

SI FUERA POSIBLE OLVIDARA ESTE TIEMPO
Siembro un árbol como si abrazara a mi hija
con el temor de desconocer hasta dónde crecerán sus hojas.
Para aliviar mis ganas de morir
me he dejado llevar por sus sombras.
tendría un buen corazón si atravesado no estuviera.
Pero un árbol quebrado puede mover el cielo
hasta dejarlo caer suavemente
como un pájaro desorientado.
Tendría que maldecir su sabiduría
para no dibujarle un corazón en el pecho.
Mi padre me posee desde lejos.
Como aun desconocido, lo veo ofrecer naranjas
que los árboles más altos han endulzado.
Quise su miel, pero no es tiempo de escucharnos.
Ninguna ciudad me pertenece
porque no podré alcanzar jamás fruta en árbol tan crecido.

A veces me parece imposible salir del mar y respirar
flotar como el cadáver de un pez
sin tocar nunca más la tierra,
pero quien sabe ciertamente lo que quiere
si no podemos imaginar un astro en nuestras heridas.

Tiempo en que todos sentimos los estruendo de la muerte
que nos sepulta en su soledad.
A los milagros tememos
a la luna tememos
a la luna que semeja un cazador viajando hacia nosotros.
Debo lanzarle flechas, proteger la tierra que oscurece
pero mi historia es demasiado antigua para recordarla.
Convertido en sombra estoy entre dos muertos;
pasado y presente son nuestra angustia.
Ellos tendrán mañana mi rostro, la tierra
a la que descenderán antes del invierno.
Es una larga historia que nos protege
con el poder de la fruta que madura en la fronda.

Quise amar a la que descubrió su pudor
en el espejo de mi pecho.
Pero mi corazón ya no dirá la verdad,
no es el refugio de los que temen quedar solos,
Olvidados por la luna que nos pertenece y alivia.
Siembro el árbol para que penetre su cuerpo de serpiente
por esas puertas nunca abiertas.
Han crecido las murallas de la ciudad
y ni siquiera la magia de la alfombra
podrá sobrevolarla.

A solas converso con alguien a quien no revelo mi nombre.
Sin decirme si es creíble la conversación
he de imaginarla como tantas otras frases que me agradan
y no he pronunciado nunca.
Se marcha entre la memoria y el camino
por el que se vuelve a uno mismo.
Quien le escucha en los días en que el aire tiende su túnica
como una última mirada,
inexistente tiempo en que es difícil descubrirnos
por muy cerca que estemos.
Es un aviso, levántate y cobíjame,
pero hoy no basta el arraigo por la tierra
porque un día desaparecerá mi temor
y habré muerto en calma.

LA SOLEDAD INNECESARIA
Yo amé a un país a tientas del que nada sabía.
Apenas se me dijo: es tu tierra
y como pájaros mortalmente heridos
vi hombres caer donde antes hubo cielo.
Ojos vendados, por los mismos caminos
en que parece imposible oscurezca.
Aquí murieron olvidando el regreso.
Era inútil hablarles. Llamarles por sus nombres.
País que los viste morir, tus puertas no existen
son relámpagos caídos al borde de la ciudad.
Muchos hollaron el suelo prohibido
con la sensación del heroísmo
y el rumor que ocultan los pacíficos pueblos.
Si acaso comprendiéramos que detrás de esta moneda dorada,
de su figura de luz,
están los cuerpos que prefieren la demencia
como lo único conservado.
No escuchen a las muchachas que desenterraban sus despojos
del campo de batalla.
Al cazador que dentro de mí elige
su sombra herida por un dardo.
No conozco otra ciudad, sólo esta
en la que estoy sepultado.
Aún no sé que decir que no estuviera escrito,
fui peregrino y bajo el cielo
no recuerdo haber descubierto un silencioso sitio
que me cubra como un ángel.


CONCIENCIA DE LA PÉRDIDA

Estoy a oscuras,
en el vacío espacio de lo que fue mi casa,
sobre las estáticas flores
de una loza tan antigua
como mi pasado.
Justo en el sitio
donde un caudaloso río se deshizo
de todos los peces
que con su ambición traspasaron los límites
fijados por el movedizo dibujo del agua.
Sucedió antes de que inundara mi casa,
la dividiera en dos
como un libro que se deja momentáneamente.
Bien sé que no he sido inocente,
ni siquiera me lo propuse
y ahora no espero perdón.
Estoy a oscuras,
sin pensar ni esperar de este tiempo
que fluye hacia un pasado inexistente.
La oscuridad desciende
desde una áspera franja de cielo
sin luna ni sol.
Bajo ella aguardo la señal
de los que alguna vez perdieron
el miedo a las pasiones
y fueron condenados sin piedad alguna,
no obstante su sentido común
sólo les permitió anhelar
lo que la luz de sus ojos convirtió
en predios posibles.


PERMANENCIA

Yo que tantas veces he espiado los gestos del celador
me había conformado
con que el árbol naciera a mis espaldas.
A veces hasta me creo a salvo y me volteo
para seguir el rastro verdecido de las ramas,
inmensas como si estuviesen destinadas a un vestuario
y cuyo único anhelo es sentir el frágil peso de un ave
recién salida de un cielo milenario y desconocido,
que va y viene sin revelar nada
que no sea capaz de ascender hasta el.
A pesar de que no existe algo para enterrar
bajo la irrealidad de su sombra,
permanezco aquí, simulando ser parte
de esta oscura tierra extraña para mis antepasados.
Es lo que tengo en común con el árbol
aunque esté a mis espaldas,
ambos estamos predestinados a permanecer.


ESCAPAR CON VIDA

Podría como tantas otras veces creerme hijo de Dios
ante la inmensidad de un horizonte
que se apropia de todo lo existente más allá
de lo que no puedo vaticinar.
Aparentemente descreído, con una dudosa memoria
en la que vagan recuerdos
sin ocupar un pasado o un presente,
he tenido ante mis ojos el esplendor de todo el paisaje
como si tuviese el mundo sobre mí y pudiera soportarlo.
Me he preguntado quién soy, temeroso de vagar
por estas tierras sin límites, ni noche
de una luna menguante o simple luz golpeada por el viento
desprovisto de una dirección.
Como cuando pequeño
me siento sobre el vaivén de las hojas de un árbol
estático como la noche
que la lluvia de estos meses ha incitado a crecer
para que nada sea divisado a su alrededor.
Nada con lo que sea posible orientarme,
creer que uno de esos vientos aparejados a la lluvia
tomará por mi camino
sin obligar a mi cuerpo a sostener la hidalguía
del soldado que no quise ser.
Una llovizna que se desliza con la sutileza de una lágrima
y que sólo está dispuesta a caer en noches tan inciertas
como esta noche,
tiene el destino de borrar el dolor.


¿ACASO NO ESCUCHAS MI VERDAD?
Advierto que me he quedado solo
repitiendo mi verdad a nadie.
La memoria no servirá para reconocer
a quién intento convencer con estos gestos.
Ubico la tempestad en un horizonte límite de nada.
Estas lágrimas provocadas por ningún dolor real
me pertenecen.
Ciegan mis ojos con su penitente ácido
para no ser testigo de cuanto sucede
sobre la sombra irrepetible
de un tiempo en que olvido cómo reconocerme,
cómo describir mi rostro,
es decir el que dispone las circunstancias.
Soy tantos otros,
tantos seres desconocidos
y hasta inexistentes.
Estoy fuera de la imagen
con la que reconstruyo el pasado
en el que no será reconocido nadie
después de sumergir sus cabezas en la penumbra.
Sobre la solitaria tierra que aguarda tras el mar
se configura la noche.
Es algo que presiento
y mis ojos extremadamente agotados
de preferir la luz
me hacen creer que todo cuanto es posible imaginar
sobre la tierra me pertenece.
Poeta, narrador y promotor cultural. Ha publicado trece libros de poesía: "Breve estancia de Cristo en la ciudad de Matanzas" (1989), "Finales de los años" (1993), "Últimas revelaciones en las postales del viajero" (1994), "La casa en el monte de los olivos" (1996), "Retorno de Selim" (1999). “El riesgo de la sabiduría” (2000). “El signo del azar” (2002), “De lo que se supone” (2002), “Días a la deriva” (2002), “Mensajes del pan” (2003), “Sagradas Pasiones” (2005), “Después del puente sobre las aguas” (2007) y la antología personal “Que el gesto de mis manos no alcance” (2008). Su novela “Un día más allá”, inédita desde 1999, será publicada por Bluebird Editions a finales de este año. Reside en Cuba.


ARÍSTIDES VEGA CHAPÚ: (Villa Clara, 1962)


La foto en blanco y negro es un detalle de una foto de grupo tomada en los años ochenta, cortesia del artista plástico y músico Adrián Morales.

lunes, 21 de julio de 2008

PRESENTACION DE "DESPUES DE GISELLE"

El 31 de agosto, a las 4:00 p.m. será presentado el libro "Después de Giselle" (Aduana Vieja, 2008), de Isis Wirth, en la librería Books and Books, de Coral Gables, Miami.
"Después de Giselle, que ya ha sido previamente presentado en París, en la Maison de l'Amérique Latine, y en Madrid, Valencia y Barcelona, es una selección de artículos, críticas, entrevistas y ensayos de Isis Wirth, crítico de danza de origen cubano, que reside en Munich, Alemania. Fueron escritos entre 1987 y 2007. La autora, colaboradora de DanzaBallet, entre otros medios, ofrece una visión apasionada y al mismo tiempo cuidadosamente reflexiva sobre el arte y la estética del ballet." (Zoé Valdés)
"Me dará mucho gusto ver a los amigos de Miami" manifestó la autora en su popular blog "La Reina de la Noche".

martes, 15 de julio de 2008

DEVOCIÓN

Uno se doblega ante las palabras cuando estas encarnan lo que uno piensa. Uno siente, constata, que no ha podido convocarlas. Esa complicidad con el artífice que “te ha robado”, que las estaba usando justo cuando tú las requerías, con el tiempo puede convertirse en devoción. Es esta La Primera Palabra que se me ocurre. Siguiendo con esta serie de notas (que son ya una saga de la poesía de los ochenta), voy a comentarles un libro que, aunque no ha sido una sorpresa, es una confirmación. “Viendo acabado tanto reino fuerte” ha llegado azarosamente a mis manos, y es un libro que en unas semanas no he dejado de releer, incluso de la forma que uno reserva para los clásicos.
Después de leerlo avisado, acucioso, para decodificar sus innúmeros acrósticos; después de leerlo degustando página a página el fluir eurítmico de un aliento familiar y amigable, cercano, ha permanecido durante muchos días al alcance de la mano, ansiosa de ocio, para en el más breve tiempo, en el más sutil intervalo vacío de imperativos vulgares, abrirlo en la página que el azar nombre, y volver a sentir esa sensación de órgano en la tarde o de alimento exótico. Pocos, incluso en nuestra generación, apreciamos en los inicios, el poder fundacional de la poesía de Roberto Méndez. El respeto era un denominador común a todos, pero sólo el tiempo y los valores sostenidos de una poética singular convirtieron esa consideración en necesidad y gusto por su poesía.
Desde sus primeros textos, (de “Carta de relación” o “Manera de estar solo”, que leímos detenidamente por esos años) el poeta tiene ya un camino, custodiado de catedrales góticas, basílicas con frescos bizantinos, o transitado por monjes, poetas latinos o griegos, filósofos y bailarinas orientales; toda una figuración, selva simbólica o referencial, que usualmente confundía al lector, incluso entrenado. El sello de “libresco” u “oscuro”, tenia muchos sitios de los cuales colgarse: una gárgola acá, o una almena, arbotante o asta de siervo, bastaban al efecto. Así es de fácil hacer etiquetas, como difícil es borrarlas. El poeta siempre estuvo consciente, muchas veces lo dijo con una sonrisa cómplice.
Su obra ensayística ha sido una forma creativa, edificante, de ser dadivoso, de ejercer con bondad una venganza poética. Pero la poesía no se ha recluido a rumiar su savia en un discurso de autocomplacencia. Nunca con más lucidez y de un modo más corrosivo, ha cuestionado un poeta la aridez medieval del canon hegemónico impuesto por la cultura oficial. Ya en sus primeros libros se levantaba un mástil en que se izaron, una tras otra, las banderas del humanismo, del cuestionamiento ético y filosófico, de la resistencia inteligente del conocimiento ante el fanatismo ideológico o la polarización política. Una poesía que construye baluartes, fortifica, desde la sustancial idealización del modelo negado: el hombre uno, ante el dilema de la existencia.
Este libro puede leerse como un inventario de lo que logró salvarse de las llamas en la gran biblioteca de Alejandría. Puede leerse como un manual para reconstruir, rearmar la cúpula quebrada, los fragmentos dispersos de la utopía. Puede leerse como un misal de reconciliación con los símbolos hipertrofiados o sobreevaluados de nuestras malogradas convicciones de ha tiempo. Puede leerse como ejemplo de que se puede cenar pan blanco, beber agua fresca, madurando la pasión sin reverenciar el sacrificio. Este libro puede leerse, debe leerse de cualquier modo. Nunca más oportuna lectura, quizás por eso demorada, (se publico en el año 2001) esta que nombra todos nuestros objetos de adoración y de repudio, con idéntica “claridad”, con igual pasión, con igual devoción.


NAVIDAD DE LOS MUERTOS

Desde lo alto del pino los muertos me contemplan,
ellos ríen cuando el viejo señala sus losas rotas
y dice: ésta es la casa última,
para ellos es poca esa brazada en la tierra,
las hojas secas y el mármol no pueden cubrirlos,
los muertos no son cuerpos que se pudren
ni almas en el aire, son sólo muertos,
ellos no tienen pasado sino tristes nombres,
han cambiado el futuro por ropas demasiado pequeñas,
los muertos viven sólo en un presente amargo,
reclaman casas que jamás tuvieron, vasos ya deshechos,
ansían encontrar sus vidas en papeles que pasan volando,
los muertos mienten para hallar sus únicas verdades,
se aferran al hoy reclamado el soplo de otros muertos;
si paso bajo la rama ellos escupen mi sombra,
podría llevarles confites y vinos muy dulces,
ellos seguirían murmurando: no escribas de la tarde,
no dejes más signo que un lamento
sobre las cosas perdidas, sus huesos necesitan para ser
la breve sucesión de mi memoria,
si cortara la rama, ellos volverían sus cabezas sin rostro,
entrarían en la casa para ocupar los lugares más distantes del espejo,
¿qué ofrendas poner a quienes sólo recuerdan
una navidad lejana, siempre la misma
y vuelven a ella con diálogos circulares?
En torno a la rama dispongo las frutas, cuadernos coloreados,
retratos donde ellos semejan príncipes
y ceremonioso, voy prendiendo el fuego,
no escucharé sus cantos cuando la luz vaya a invadirlos,
no desprenderé las guirnaldas para reclamar desde el no ser una agonía
/más leve,
siempre amargos, ellos quieren hacer de la navidad
un inventario de otras que los hombres desecharon,
¿y la desnudez? los muertos nunca se despojan de sus ropas,
sólo se disfrazan de estudiantes, barqueros o mendigos
para confundir a las visitas con amentos que no concluyen.
Al oscurecer esparzo las cenizas bajo la alfombra,
apenas ha quedado una falange, un vidrio de reloj, media sonrisa;
rencorosos, desde su palmo de musgo,
los muertos, incesantes, me acechan
cuando el viejo pule las losas y repite: ésta es la casa última,
inclinan el pino, ríen, aguardan,
es sólo otra navidad la que ha pasado
y ellos son largos e inmortales como el tedio.



TEOLOGÍA FUNDAMENTAL

Esta tarde me han llevado al cumpleaños en la casa humilde. De pie sobre un taburete y con el plato apoyado en el mantel de arabescos, paladeo las empanadas tibias; pasa a mi lado un perro, apenas me mira, pero siento escozor, intranquilidad, un franco miedo y para aplacarlo dejo caer una gran porción que él devora silencioso. Los otros invitados no me han visto, sigo hurgando en mi plato mientras el viento levanta polvo en la calle. Está tan lejos mi casa, esa distancia entra en el sabor de la merienda.
Camino por la ciudad desconocida, entro y salgo de los comercios, recorro con la luz del invierno la plaza del mercado: los artistas ambulantes han encendido una hoguera, se calan extraños sombreros, recitan monólogos o tiran resignados del carromato. No son para mí esos carteles que anuncian la ópera, la lotería, el circo. Deambulo sin guantes preguntándome si la calle del parque conduce hasta aquella iglesia, si el puesto de la vendedora de manzanas y el museo forman parte del mismo laberinto. El frío no me permite saber la hora, me he perdido y no estaré en el hotel para la cena. Pregunto en francés a un transeúnte, quiero concluir la aventura y alargo las sílabas con un temblor semejante a la idea de la nieve.
Con el balcón abierto sobre el mar, asisto a una clase sobre Dios, la comunicación, las virtudes, en verdad contemplo una nave y un pájaro que corren sobre el azul, paralelos, renuevo una cita que ocurrió hace diez años, me pregunto si Dios estará aquí en este silogismo fatigoso o vuela libre como el ave hasta allá donde me pierdo entre dos transeúntes y un fragmento de poema. Le agradezco haberme dado la memoria y en ella: un cumpleaños muy pobre, un perro, una ciudad extranjera, comediantes sin número y un pedazo de mar. Él encarna en ellos, anima con su soplo este instante y después los disuelve, hasta otra tarde, suavemente.


ÁNIMA SOLA

A Simnoe Weil

Solo en alma: la primera vez que escuché esa frase era yo niño y me produjo una sensación oscura, inquietante. Solo en alma. A lo largo de estos años la he dicho alguna vez, sin mucha conciencia de su valor, tres palabras sin explicación exacta, estar así: solo-en-alma no es permanecer simplemente solo, ni andar en soledad, ni siquiera encontrarse a solas con su alma, parece aludir a alguien por una estructura imaginaria, su alma desnuda, o a un ser que rehuyendo la exterioridad ha entrado en sí mismo para dialogar con su alma, tan secretamente que cierra la puerta: a solas ella y él, a solas él en ella.
Solo es vocablo que tiene analogía con pobreza, con arraigo de árbol en yermo azotado por los vientos, con figura del Greco, soplada hacia arriba como una llama, pero también con aspiración al Uno, con la perfección del que vence en feliz síntesis sus fragmentaciones y acepta el existir como una apertura que no teme el vacío ni el azar. la participación viene con en, el puente abierto a la interioridad del alma que vive con delicadeza intangible o plenitud total, soplo entre dos agujas góticas o desenvolvimiento grave y horizontal del Pantocrator.
Quien está solo en alma pasa por una fase nocturna: estuvo fuera de sí, pasó a las entretelas del sí, ahora, tanteando a ciegas, se orienta en ese espacio gaseiforme, desconocido, del alma que se ha amoldado a él sin saberlo.
Un niño nunca está solo en alma, ni in adolescente, su inocencia los resguarda y mantiene en el tibio esplendor de la epidermis, un hombre, una mujer, pueden llegar a estarlo después de muchas sequedades y en espera de otras. Es asumir transitoriamente la condición del mar o de una estrella: habitar una fatal esencialidad, un recogimiento sólo gobernado por lo necesario sin ornamentos ni calificativos. De ahí el doloroso rasgón de los místicos que se vuelven antes mitad humanos mitad cósmicos, con ambas partes unidas como herida mal suturada, abierta al mundo y al voltear de viento.
Tal vez no sabía mi madre el contenido exacto de esa frase, quizá lo intuía oscuramente cuando hablaba de una noche de esa frase, quizá lo intuía oscuramente cuando hablaba de una noche junto a la cama de mi padre enfermo o del trecho de calle que recorrió alguna vez entre ojos amenazantes. Sin haber leído a San Juan de la Cruz ella nos mostraba con naturalidad un jirón de la noche oscura incrustado en la vida, la suya, tan importante como la de Santa Teresa, Novalis o el rey David, alumbradora de la mía, mi propia soledad en alma, la que me empuja a trazar estas líneas.

Roberto Méndez Martínez: (Camagüey, 1958) Poeta, ensayista, crítico de arte y narrador. Es Miembro Correspondiente de la Academia Cubana de la Lengua, Licenciado en Sociología en la Universidad de La Habana y Doctor en Ciencias sobre Arte en el Instituto Superior de Arte de La Habana. Ha publicado: Carta de relación. (poesía) 1988, Manera de estar solo. (poesía) 1989, Desayuno sobre la hierba con máscaras.(poesía) 1991, El fuego en el festín de la sabiduría. (ensayo) 1992, Desayuno sobre la hierba con máscaras. (poesía) 1993, Cifra de la granada. (ensayo) 1994, Conversación con el ciervo.(poesía) 1994, Música de cámara para los delfines.(poesía) 1995, Soledad en la plaza de la Vigía. (poesía) 1995, Variaciones de Jeremías Sullivan.(novela) 1999, Cuaderno de Aliosha (poesía) 2000, La dama y el escorpión .(ensayo) 2000, Viendo acabado tanto reino fuerte (poesía) 2001, Elogio de la noche.(ensayo). 2002, Libro del invierno (poesía) 2002, José María Heredia, la utopía restituida (ensayo) 2003, Castillo interior. (ensayo) 2003, Autorretrato con cardo (poesía) 2004, Las especies del aire (poesía) 2005.

martes, 17 de junio de 2008

INCURABLE

Leo un correo que un gran amigo me envía desde Cuba. Entre otras cosas me contaba: “…hoy recibí un correo de… (1) …invitándome a una lectura de (Alberto Rodríguez) Tosca, que está en La Habana de visita, en el que me comenta que lee tu blog. Yo no podré estar en esa lectura, aunque me hubiera gustado mucho…”
No puedo negar que a mi me hubiese encantado escucharle. Es más, me hubiese gustado estrecharle la mano, decirle que alguna vez sentí también esa sensación que describió, con tan descarnada honestidad, en su crónica “1999”, escrita para el proyecto “Siglo Pasado” de “La Gaceta de Cuba”. Todos nos hemos descubierto alguna vez “pegando versos como se pegan ladrillos” y hemos desempolvado “unos papeles viejos que alguna vez pretendieron ser una novela” para llenar el vacío. Decirle también que esto es como una enfermedad y que, desde que leímos “Todas las jaurías del rey”, estamos convencidos de que, quien escribió esos versos, está enfermo de un modo incurable.


ERAN LABIOS OSCUROS Y PALABRAS OSCURAS
Eran labios oscuros y palabras oscuras.
Inventarios dormidos y balanzas de dudoso equilibrio.
Eran pasos cruzados y sueños y vigilias. Y vigilias
pérdidas y sueños restaurados. Eran mapas y mapas.
Ciudades y secretos. Un forastero hablando de la vida.
Era la vida. Una guerra mundial en un retrato
en que mi madre está triste y yo estoy muerto.
Era un caballo blanco y un número infinito.
El juicio de la noción y de la mascara.
Noción del cielo máscara de un dado.
Era mi hermano que me iba a perdonar
pero no entonces sino un día.


AHORA NO SOMOS MÁS

Ahora no somos más la cáscara el alivio
de la muerte la delicia del gesto
del que va a morir no somos más
la hora y la pericia del corazón en la sorpresa
no somos el agua que resbala
y sale del estanque (a dónde) no somos
una escalera otra entre dos casas
abiertas al descuido del mundo
no somos el ascensor llegando
a qué puerta probable abran no somos
el asesino ni el amante que llegan
todos los días a esta hora el ascensorista
que pregunta a qué cielo pero no somos dios
si fuéramos el avance de otra nada
la cercanía del susto la posesión del hilo
entre una boca y un ojo si fuéramos
el hijo de los padres el inicio de un tiempo
amplio como los vórtices del fuego
el esperado el esperando si fuéramos
el héroe si fuéramos el vidrio de las heridas si fuéramos
la posibilidad de la cáscara el alivio
de la muerte la delicia del gesto
del que va a morir en nuestros brazos.

1- Poeta cubana, que me honra visitando este blog.

ALBERTO RODRÍGUEZ TOSCA: Artemisa, La Habana, Cuba, en 1962. Poeta, ensayista y narrador. Ha publicado Todas las jaurías del rey (Premio David de Poesía, 1987), Otros poemas (Premio Nacional de la Crítica, 1992), El viaje (Ediciones Catapulta, Colombia, 2003), Las derrotas (Ediciones Unión, 2006). Sus poemas y cuentos han aparecido en antologías publicadas en Cuba, España, Argentina, Méjico, Colombia, Venezuela, Puerto Rico, Austria, Italia y Estados Unidos. Reside en Colombia desde 1994. Dirige un taller de escritura en la Casa de Poesía Silva.

jueves, 12 de junio de 2008

VIERNES TRECE (o la maldición de Estocolmo)

Hoy es “viernes trece” y La(s) Primera(s) Palabra(s) no pueden ser otras. El 13 junio de 1865 nace el poeta y premio Nobel William Butler Yeats y el mismo día de 1986 muere el escritor argentino Jorge Luís Borges. Hacerlos converger acá es reeditar sus innumeras coincidencias: el gusto por los simbolistas franceses, el misticismo, el esoterismo, la metafísica, las parábolas, las elucidaciones teológicas y un enorme interés por las tradiciones populares.
Más allá de las connotaciones de la fecha, hay una coincidencia que ambos comparten: una obra que sustenta el merecimiento del premio Nobel de las letras. A W. B. Yeats le fue otorgado en 1923 en un fallo inobjetable. J. L. Borges moriría sin ser reconocido por la Academia Sueca aunque para todos estaba claro que nadie con más justicia que él lo merecía.

Borges, cuya autorizada voz resonaba internacionalmente, saludó con alegría el derrocamiento del partido de Perón por la Junta Militar Argentina, aunque muy probablemente se arrepintió enseguida cuando la implacable represión de Videla comenzó a cobrarse numerosas víctimas y empezaron a proliferar los "desaparecidos" entre los escritores. El propio Borges, en compañía de Ernesto Sábato y otros literatos, se entrevistó ese mismo año de 1976 con el dictador para interesarse por el paradero de sus colegas.
De todos modos, el mal ya estaba hecho, porque su actitud inicial le había granjeado las más firmes enemistades en Europa, hasta el punto de que un académico sueco, Artur Ludkvist, manifestó públicamente que jamás recaería el Premio Nobel de Literatura sobre Borges por razones políticas. Ahora bien, pese a que los académicos se mantuvieron recalcitrantes, durante la última década de vida del escritor, se alzaron voces cada vez más numerosas, denunciando que esa actitud desvirtuaba el espíritu del más preciado premio literario y que era la Academia Sueca quien se desacreditaba con su postura.
La concesión del Premio Cervantes en 1979 compensó en parte este agravio. En cualquier caso, durante sus últimos días Borges recorrió el mundo siendo aclamado por fin como lo que siempre fue: algo tan sencillo e insólito como un "maestro".

¿Se repetirá la maldición también con Mario Vargas Llosa?


¿QUIÉN SOÑÓ QUE LA BELLEZA PASA COMO UN SUEÑO?

¿Quién soñó que la belleza pasa como un sueño?
Por estos labios rojos, con todo su triste orgullo,
tan tristes ya, que ninguna maravilla pueden presagiar,
Troya se nos fue con destello fúnebre y violento
y murieron los hijos de Usna.

Desfilamos, y desfila con nosotros el mundo atareado
entre las almas de los hombres, que se despiden y ceden su
puesto como las pálidas aguas en su glacial carrera;
bajo estrellas que pasan, espuma de los cielos,
sigue viviendo este rostro solitario.

Inclinaos, arcángeles, en vuestra sombría morada:
Antes de que existierais y antes de que ningún corazón latiera,
rendida y amable permanecía junto a su trono;
la belleza hizo que el mundo fuera una senda de hierba
para que Ella posara sus pies errantes.

Versión de Hernando Valencia Goelkel.

LA ISLA DEL LAGO DE INNISFREE

Me levantaré y me pondré en marcha, y a Innisfree
iré, y una choza haré allí, de arcilla y espinos:
nueve surcos de habas tendré allí, un panal para la miel,
y viviré solo en el arrullo de los zumbidos.

Y tendré algo de paz allí, porque la paz viene goteando con calma,
goteando desde los velos de la mañana hasta allí donde canta el grillo;
allí la medianoche es una luz tenue, y el mediodía un brillo escarlata
y el atardecer pleno de alas de pardillo.

Me levantaré y me pondré en marcha, noche y día,
oigo el agua del lago chapotear levemente contra la orilla;
mientras permanezco quieto en la carretera o en el asfalto
gris la oigo en lo más profundo del corazón.

Versión de Luís Zalamea.

WILLIAM BUTLER YEATS: (Dublín, 13 de junio de 1865 - † Roquebrune-Cap-Martin, Francia, 28 de enero de 1939), poeta y dramaturgo irlandés. Envuelto en un halo de misticismo, Yeats ha sido una de las figuras más representativas del renacimiento literario irlandés. Su poesía, que a pesar de su espíritu innovador, generalmente se caracterizó por su cuidado formal. Igualmente, era de carácter simbolista y utilizaba imágenes que traducían el inconsciente universal de las culturas. En 1923 obtuvo el Premio Nóbel de Literatura y, al independizarse su país del Reino Unido, fue elegido senador del Estado Libre Irlandés.

Retrato de William Butler Yeats por John Singer Sargent. (Lápiz, 9” x 6”)


EL HACEDOR

Somos el río que invocaste, Heráclito.
Somos el tiempo. Su intangible curso
acarrea leones y montañas,
llorado amor, ceniza del deleite,
insidiosa esperanza interminable,
vastos nombres de imperios que son polvo,
hexámetros del griego y del romano,
lóbrego un mar bajo el poder del alba,
el sueño, ese pregusto de la muerte,
las armas y el guerrero, monumentos,
las dos caras de Jano que se ignoran,
los laberintos de marfil que urden
las piezas de ajedrez en el tablero,
la roja mano de Macbeth que puede
ensangrentar los mares, la secreta
labor de los relojes en la sombra,
un incesante espejo que se mira
en otro espejo y nadie para verlos,
láminas en acero, letra gótica,
una barra de azufre en un armario,
pesadas campanadas del insomnio,
auroras, ponientes y crepúsculos,
ecos, resaca, arena, liquen, sueños.
Otra cosa no soy que esas imágenes
que baraja el azar y nombra el tedio.
Con ellas, aunque ciego y quebrantado,
he de labrar el verso incorruptible
y (es mi deber) salvarme.


EL BISONTE

Montañoso, abrumado, indescifrable,
rojo como la brasa que se apaga,
anda fornido y lento por la vaga
soledad de su páramo incansable.

El armado testuz levanta. En este
antiguo toro de durmiente ira,
veo a los hombres rojos del Oeste
y a los perdidos hombres de Altamira.

Luego pienso que ignora el tiempo humano,
cuyo espejo espectral es la memoria.
El tiempo no lo toca ni la historia

de su decurso, tan variable y vano.
Intemporal, innumerable, cero,
es el postrer bisonte y el primero.

JORGE LUIS BORGES: (Buenos Aires, 1899 - † Ginebra, Suiza, 1986) Es sin duda el escritor argentino con mayor proyección universal. Su primer libro de poemas fue Fervor de Buenos Aires (1923), en el que ensayó una visión personal de su ciudad, de evidente cuño vanguardista. En 1925 dio a conocer Luna de enfrente y, tres años más tarde, Cuaderno San Martín, poemarios en los que funda con su escritura una Buenos Aires mítica. En 1930 publicó Evaristo Carriego, un título esencial en la producción borgeana. Hacia 1932 da a conocer Discusión, libro de ensayos en los que se pone de manifiesto la agudeza crítica de Borges. En 1935 aparece Historia universal de la infamia, Historia de la eternidad en 1936 y, sobre todo, Ficciones (1944) que acabaron de consolidar a Borges como uno de los escritores más singulares del momento en lengua castellana. También de 1944 es Artificios y El Hacedor de 1960, que incluía algunas piezas escritas treinta años antes y sin embargo guardaba una sólida unidad entre todas sus partes, no sólo formal sino también en cuanto a contenidos.

Foto de archivo.

sábado, 7 de junio de 2008

HUELLAS

La distancia y la falta de comunicación durante periodos muy largos con los poetas de mi generación me hace a veces releer algunos libros con una visión muy critica de cuanto he escrito. En este caso La Primera Palabra que me viene a la mente es “huellas”. Apenas nos saludamos en dos ocasiones, simples saludos por pura urbanidad, en que sentí, más que distancia, una profunda timidez. Carlos Augusto Alfonso, es sin embargo, uno de los poetas de mi generación que más he frecuentado. Sólido, de una aridez sintáctica proverbial, escoge sus lectores, les prueba y luego les fascina. Puede enorgullecerse de un discurso sorprendente, inusualmente rico y raro, de una agudeza que penetra lo esencial por los caminos de la retórica, la alusión subtextual o la fina ironía, en que lo popular, incluso lo grosero, se hace quevedesco y sutil. Sus libros sustentan una vocación en que lo experimental se muestra como hallazgo aunque nos impresione como búsqueda. Su poesía ha plantado más de un hito en el páramo de mis elucubraciones y ha dejado más de una huella visible en algunos de mis versos. Nótese la relación formal y temática entre estos dos excelentes textos suyos (“La Corriente del Niño” y “La Pescadería”) y este poema (“En La Corriente”) que escribí años más tarde, para más coincidencia, durante mi estancia en Perú y durante uno de los fenómenos de “el niño” mas devastadores de los últimos tiempos.


LA CORRIENTE DEL NIÑO.

(Fenómeno meteorológico)
Ciertos informes indican que el niño puede volver.
(Del periódico científico “Rasmusson“)
claro que puede volver
el niño siempre puede volver
era desgraciado era pálido era mandado a volver
he sabido de nubes condicionadas a quedarse antes
si el niño llora en cali en potosí en alabama
entre los filminutos de los empleados de la card vaid
desequilibrado ante los ojos del vió y no vió
más allá de su impacto económico
de su manera fija de proceder/como corresponde a zonas
castigadas por disciplina
aguas tibias y calientes cocinando de lado la anchobeta
llevándose a miles a reforzar el ecologismo
a sentar base de reuniones interminables
navidad de natividades con qué cara puede uno
presentarse ante la fao
y pedir ayuda
a mucho y le compran el traje al bengalí que firma
miles de protocolos en tu mundo
los bancos de cereales cuenta abierta a la polinesia
claro que puede volver
claro que el niño puede volver siempre está volviendo el niño
que necesita para la natividad que no sea que no sea que
entre la virgen por una puerta salga la virgen por la otra
a intervalos de los sueros con un levín en la nariz
el niño mama repugnado de tragar aire
el niño que muere mata y se ríe es válido
nos esperan congresos sobre la corriente del niño
por los días 24 hay también terror
las cosas quedan donde siempre paz y fertilidad
a qué hora abrió los ojos qué ángulo prefirió mirar
cómo se durmió
el niño siempre estará volviendo puntual
con su reloj del hambre.


LA PESCADERÍA.

Cuba: Tratado de Pesca con Perú.
(nación más favorecida)
Vivo sobre pescadería,
es decir,
sobre aviso.
Abajo se me lleva,
cuando me asomo y veo agrupaciones,
de concierto en concierto;
escaleras que aprenden a encontrar su destino.
Vivo sobre pescadería, es decir,
una vez que los tenga,
cortaré las comentes de una canallada.
Abajo se me guarda
como en una circulante.
Vivo sobre pescadería,
es decir,
en costas tabuladas,
en cámaras mortuorias,
con glaucoma de arenas movedizas
en los bancos de peces,
que llegan a las cuencas de mis manos.
Vivo sobre pescadería,
es decir,
sobre aviso.


EN LA CORRIENTE.

Estas pudieran ser aguas más cálidas
en la corriente inversa,
que no adversa, para el pez desdoblado en el frío,
en la ausencia de todo calor,
en la corriente calma de las aguas.
Esta es la corriente que puede matar
empujando desde el más cálido recuerdo,
en el que más estamos,
una muerte que suele parecerse cada vez menos al frío.

Puedes mirar abajo, esos hombres,
que son o pudieran ser arenques
u otro pez seco en salmuera,
esperan su jurel, matan
su vacío en La Habana
en tanto, el frío mar del sur
hace lugar.
Esta, adversa, echa fuera, sobre las rocas o la playa,
los peces muertos en el sueño,
no sabría si cálido, de ser hombres tendidos al sol
o tirando de la red.

Mostrador siempre mísero o vidriera helada de asombro
que de quebrarse,
vidrio o equilibrio natural,
de igual modo acabará pudriendo
la playa o la acera.
En tanto, sigue siendo el abrigo
para ocultar el miedo a lo desconocido,
sigue, contracorriente,
negando el agua límpida
que sueñan aturdidos los hombres y los peces.

CARLOS AUGUSTO ALFONSO: (La Habana, 1963) Poeta. Ha obtenido el Premio David de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba en 1986, el Premio Abril y el Premio de Poesía Julián del Casal de la UNEAC en 1997 y el Premio de la Crítica Literaria 2004. Ha publicado seis libros de poesía: "El segundo aire" (1987), "Población flotante" (1994), y "La oración de Letrán" (1996), “Fast Delivery” (1997), “Cabeza abajo” (2001) y “Cerval” (2004). Reside en Cuba.

Foto de Cuba Literaria. Una foto muy curiosa, dado el clima de Cuba, y la única que he podido obtener.

Nota: (06/21/2008)
Recién encuentro en “alascuba” unos textos y una ficha actualizada del poeta cubano Carlos Augusto Alfonso. Hay además una foto, al parecer reciente, que retribuye mis esfuerzos en vano cuando escribí este post.

viernes, 6 de junio de 2008

CRONICA SOCIAL






Imperdonable olvido: también un seis de junio, pero de 1989, nació Salma Vega Caluff, la cual lleva con mucho orgullo dos apellidos ilustres de la poesía cubana y recién se graduó de músico.





Felicidades.

martes, 3 de junio de 2008

CASUALIDAD

Busco entre mis papeles, releo el archivo de una (por suerte)* abortada antología de la “generación de los ochenta”, que me fuera encargada hace más de diez años. Encuentro un texto que no puedo sustraerme a la tentación de mostrarles, no sólo porque lo incluiría sin dudarlo en cualquier antología, sino porque pareciera que rondaba en mi subconsciente a la hora de concebir el título de este blog. Manuel Sosa, el autor, no me lo ha mencionado, tal vez siquiera lo ha advertido, o ha callado discreto haciendo honor a nuestra amistad.
LA QUEDA

I
La primera palabra en la primera puerta no
advierte y retribuye con su papel de bastimento a la
palabra que golpeará un rostro en el final.
La segunda cita en sombras es otra mentira
como mentira han sido las tumbas, las quedas
anticipadas y estos pobladores sentados en toda su brevedad.

El precio de abdicar se intuye:
si llegara raudo el estafeta,
si vibrase entonces,
si dejara un manto como recuerdo.
Y de recuerdos vive el hombre:
una tregua para amonestarse sin pudor,
una bifurcación cuando los anfitriones rueguen
o acometan.
No es un sitio para evocar, pero hasta donde la vista alcanza,
se vislumbran puntos insalvables,
riscos de sueños y petición,
(adonde nunca llegarán los elegidos)
Acaso alguien camina sin violar la queda
porque no todo descubrimiento es conciliador.
No es un sitio para merecer, pero esta noche se
descubre como una angosta puerta,
y pasan taciturnos a borrar sus cuadernos.
(La primera palabra está en otra página)
La calma suscita un sometimiento que no
importará si es que no importa dividir una casa.
¿Precisan el parlamento esos hombres?
La batalla que interrumpen será olvidada pese a
todo, y en sus memorias continuarán las flaquezas,
los reparos.
"El tiempo que toma hacernos inactuales es el
tiempo del delirio y el afiebramiento",
y como reza el motivo de los guardas,
y así será, así vendrá la luz sobre sus predicciones.
"La primera palabra, que nadie pronuncie otro
nombre y encontrarán el rastro seguro, el final
prescrito".
Si esta es la noche, decidirá la experiencia:
el asedio comienza inexplicablemente
y alguien confiesa sus delaciones.
(La casa parece tan segura, y será la única razón
para abandonarla esta vez)

II
Palabras: en camino quien desciende y anuncia.
Palabras: esperando como una estación revisitada.
Las palabras en la boca de los sitiadores, que hacen
las paces a espaldas del gobierno.
Para cada gobierno un peldaño, y volver a empezar.
(Valgan los oficios que siembran el desconcierto)
El color local, la caridad de provincia,
el azoro de un delegado amenazante: no todo fluye, poeta.
La noche en la poesía regional es simplemente la queda.
La segunda citas, la segunda muerte, la primera
palabra
en su antigua voz.
¿Y quién cambia de parecer, sino el guarda?
Dócil, distanciada otra mujer se estremece.
Nadie necesita esta sorpresa.
No saber del cerco para hacer juego.
En alguna buharda quedan los retratos, las
estampas, las malas noticias.
A la mesa los hijos, las madres que les desconocen
las próximas víctimas.
Así saben cuan larga es la noche, y en la queda
madura el arrobamiento de quienes tardarán
en salir al ruedo.
Así valga el cántico en las afueras, un rumor
casi inaudible y que nadie confiesa.
Así, como un tácito sobresalto, el cántico
quedará en sus oídos,
hasta que llegue el nuevo día...
* Digo “por suerte”, entre otras cosas porque como dice Jorge Luís Arcos "...este grupo de poetas ostenta ya el raro privilegio de haber sido el más antologado en toda la historia de la poesía cubana", y otra colección de poemas de un grupo de autores de mi generación, no pasaría de ser una muestra (y la prueba) de mi estrecho criterio. Volveré sobre este tema en algún momento.

MANUEL SOSA: (Sancti Spíritus, 1967) Poeta. Licenciado en Lengua y Literatura Inglesa. Ha publicado varios libros de poesía entre los que recuerdo "Adviento para música eterna" (1991), y "Utopías del reino", Premio David´91. Reside en Atlanta, EUA.

Foto de archivo.

Nota: El texto tienen una disposición tipográfica que me es imposible reproducir exactamente dadas las limitaciones de este medio y la mías para usarlo. Espero sepan disculparme, sobre todo el autor.