viernes, 27 de marzo de 2009

INVITACIÓN

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BLUEBIRD EDITIONS y ZU GALERÍA (fine art) tienen el gusto de invitarles a la presentación del libro “UNA DOCTRINA DE LA INVISIBILIDAD", del poeta Manuel Sosa.
Heriberto Hernández.
Día:................. Sábado, 4 de abril a las 8:00 p.m.
Lugar:..............
Zu Galería (Fine Art).
.........................2248 SW 8th. Street. Miami, FL 33135

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.Presentación:.


NADIE
Crispada en torno al frasco,
delineando el arrobo de las privaciones,
viene la mano a cerrar un lapso
que no existe fuera de este confín y su herraje.
La mano que acariciaba urnas, puliendo astuta
como para encontrar un respiradero,
puliendo siempre en el sopor que ofuscaba,
inerte y vana en las noches, satisfecha del miasma
y oficiosa si malograba el amanecer,
tuvo que escribir la cantiga
y luego borrarla con el pudor que se aprende
en las candilejas y en la voz que sigue enmendando
la ineficaz actuación; y así correr el dosel
para ceñir otra tiara sedosa, sumisa,
hasta alzarse en el asombro de verse altiva
y ser el arma, la dosis,
el instrumento de rescisión, la tachadura.

MANUEL SOSA: (Meneses, Cuba, 1967) Poeta. Licenciado en Lengua y Literatura Inglesa. Ha publicado los libros "Utopías del Reino" (Premio David 1991, Premio Nacional de la Crítica 1993), "Saga del tiempo inasible" (Premio Pinos Nuevos 1995), "Canon" (2000) y "Todo eco fue voz” (antología, 2007). Reside en Atlanta, Georgia.

viernes, 13 de marzo de 2009

INVITACIÓN


jueves, 12 de marzo de 2009

DÓNDE

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...........................XLII

Cantaban como poseídos
.......“yo no soy marinero, soy capitán”….... y tú pensabas
.…… se va a pique este barco,
.…… naufragamos.

El velamen
…… que antes nos impulsaba
…… es hoy un trapo pérfido,
…… una lona horadada por el salitre
…… que ni siquiera podemos hacer ondear al viento.
Yo no soy, no quiero ser
…… un marinero, ni un capitán, ni nada
…… sin un barco
…… al cual poder poner tu nombre.

Cantaban “soy capitán, soy capitán”…… y se arrojaban unos contra otros,
…… como contra las rocas el barco de mi fe.

Música era el viento, o un ruido
…… venido del cielo.
De dónde si no, en qué sitio
……se determina la suerte de un simple tripulante.
Dónde, si no en el cielo,
…… se conciben el dolor y todos los naufragios.

EL VIGOROSO TRAZADO DE BERTHA CALUFF

Por Arnaldo L. Toledo

.......................................Así descubro
.......................................los indescriptibles parajes
.......................................del Estrecho Sendero.
.............................................(Del Estrecho Sendero)

Nos vamos acomodando insensiblemente a tanto poema balanceado, pulido y desmedulado; tanta letra ornada pero de escaso trasfondo…, que un libro intenso y esencial como este nos toma de sorpresa. No es una excepción en la trayectoria de la autora, que ha sabido defender y mantener su original visión y modos expresivos y recoger los a veces amargos resultados de apartarse de las modas. Toda su poesía publicada ha ido como acercándose gradualmente a la nitidez de los textos que integran este volumen [1]. No he podido hallarle parentesco en la amplísima y diversa producción poética cubana contemporánea, aunque tal vez alguno quiera adjudicarle la etiqueta del minimalismo de retorno que viene asomándose como alternativa a la frondosidad a veces viciosa de nuestra poesía. Buscarle antecedentes nos remontaría a la primitiva lírica popular castellana, al sin par San Juan de la Cruz, a Santa Teresa, a Unamuno, al último Juan Ramón Jiménez, a los ejercicios hispanoamericanos con los haikús … Pero cualquiera que sea el acercamiento que como lectores más o menos enterados hagamos, el título que comentamos permanece firme en su originalidad.
Es un conjunto de notable extensión, sin ser una recopilación de obras ya publicadas por la autora, como es costumbre. Está compuesto por seis cuadernos, o tal vez sería más justo decir: seis partes, pues lejos de fragmentarlo, éstas refuerzan su absoluta unidad. No es que sostengamos que toda compilación de poesía deba someterse a la disciplina del registro homogéneo; es que en este caso esa cualidad responde a su crucial estrategia de significación. Creo que este es un libro para ser leído como totalidad, que sólo puede ofrecer su más entrañable sentido cuando lo recorremos en la dirección del tiempo de la vida: como vigoroso trazado, como destino o voluntad de Dios…, donde la criatura humana pone a prueba su fe y alcanza la gracia. Su trabada coherencia se asienta en igual medida tanto en sus singulares cualidades de expresión como en las de significado. Una sostenida, tensa, audaz sobriedad ––riesgosa en una obra tan extensa–– y un orden de los textos y las partes que van como recorriendo la parábola de una historia insinuada, una suerte de novela omitida: el trayecto de una dolorosa, sufriente búsqueda de alivio, de consuelo, de acompañamiento, que sólo puede ofrecer el Dios del cristianismo… Toda la extensa serie de textos se deja leer como un minucioso registro, como una grave y grávida sucesión de los testimonios que han sido dictados por una difícil travesía espiritual. La fuerte impresión de autenticidad que producen se afianza en la resistencia que oponen a la tentación de incurrir en lo “literario” o lo “poético” aceptados sin dificultad; los textos de Bertha son más rigurosamente literarios cuanto más parecen elegir una expresión que defrauda la complacencia, la grandilocuencia, la suficiencia de los discursos que inundan toda la superficie y ahogan las voces diversas que querrían hacerse escuchar desde las lecturas.
La primera parte –Las pérdidas– nos coloca en el campo de significación dominante –la religiosidad cristiana y la caída– mediante un conjunto de poemas en que las historias bíblicas son referidas directamente. En cuanto a la dinámica interna de todo el poemario, el tema introducido por el primer texto –“Caída de Babilonia”– posee un largo alcance. La caída se extiende al mundo (es el fin de los días, es el castigo de fuego y azufre), pero concierne a la realidad inmediata, a nuestro ámbito familiar, (“Pero aquí nacieron nuestros hijos, / en las escasas horas de la felicidad”), y también es la ciudad espiritual, la ciudad interior (“en vano llore / ante lo que tan caro nos fuera"). Esta múltiple dirección de los sentidos es cualidad recurrente y por tanto característica de todo el poemario. Refiere lo trascendente (Dios, Jesús) pero no podemos evitar asociaciones más inmediatas: “Los paganos cuestionando / de dónde le venía la instrucción.” (Fiesta de los tabernáculos) Obsérvese el difícil gerundio cargado de materia deleznable. O este otro fragmento: “Se iban a la fiesta Tus / desertores, / los dudosos, / los oportunistas, / los ególatras, / los de NO ES PARA TANTO, / NO PODEMOS SUFRIRLO MAS”, cuyas palabras resuenan en esa polifonía tan cargada de polémica dialogicidad con los discursos propios de realidades más inmediatamente hirientes.
La segunda parte –Olvido del dolor– es la más extensa (81 poemas) y es como el núcleo ígneo del libro. La sucesión de los breves textos va recorriendo el círculo de las horas y el calendario del dolor. La criatura que clama y apunta sus angustias, va a tumbos, tambaleante –“Y mis pies iban solos / arrastrándome” (Arrastrándome a mí)–, buscando ayuda, rogando a Dios amparo –“Yo me duermo en el letargo de las súplicas.” (Y tal parece)–, por la noche oscura del alma, por el “Estrecho sendero” (Del Estrecho Sendero) Asistimos aquí al dolor sin fondo, sin sustancia, sin cuerpo: “Todo mi sufrimiento / se resume / en este sufrimiento. / Una causa llama / a la otra causa” (La otra causa). El espacio por el que se arrastra la doliente figura está hecho de escasas referencias: es la noche, o el amanecer, una puerta, la senda, el camino, el sol, el cielo, la ermita… El paisaje vacío, casi ausente, acentúa el espesor de la soledad, la magnitud del dolor sin límites, sin causas visibles. Sólo la proximidad de Dios mantiene el hilillo del aliento, el hálito de la vida, la pureza de la inocencia. Pero la entrega a Dios es tremenda, no exenta de inmensas pruebas y sacrificios, en esa dimensión que nos evoca testimonios supremos de fe como el de Abraham, dispuesto al sacrificio de su hijo; o el de Job, a quien todo le fue quitado: “Que sea para Ti, / que nada me reserve // Tú me arrebatas lo que tengo / y lo que no tengo. (Mi Dios y mi Todo) En el diálogo que entablan los textos, el alivio puede alcanzar la enorme magnitud de la maravilla manifiesta en lo insignificante. Véase la intensidad que produce la contención: “Ayer barrí / la hojarasca de invierno / y mi alma / vivió un instante / de serenidad” (Hojarasca de invierno)
La sección tercera –Tú trazas el puente– (“Tú trazas el puente/ y yo cruzo el pantano") es el conquistado remanso, es una estadía de modesta e intensa dicha, ya prefigurada en la recién citada Hojarasca de invierno, de la sección precedente. El título sugiere con claridad el tránsito a un nuevo momento de la travesía. Se recogen fugaces instantes de dicha sencilla y se suceden algunos poemas de temática amorosa, igualmente muy contenidos y por ello de imprevisibles, secretas resonancias: “En mi cocina aún, / en sitio incómodo, /el banquillo permanece / fiel al peso / de tu cuerpo.” (En sitio incómodo).
El resplandor de los santos –cuarta sección– tiene un precedente en el bello libro Imagen tras la Imagen (Premio y edición Sed de Belleza, 2000). Contiene diálogos con figuras sacras, humildes personajes, líneas devotas… Pero lo que me parece especialmente conmovedor y trascendente son los brevísimos intercambios con San Francisco de Assís, santo y poeta que cuenta con justificadas simpatías de la poetisa. No me resisto a reproducir el brevísimo y tremendo texto: “Con tu glorioso sayal / de la pobreza / desde mi infancia / me esperabas” (Desde mi infancia); o este otro, titulado Amado Francisco: “Las tablas del techo, / carcomidas / se caen. / El piso se raja y se hunde, / amado Francisco” En la poética que se va enunciando desde la elocuencia de la brevedad justa y del silencio donde los lectores se abocan a un abismo de significaciones, no se está afirmando una conformidad sino una jerarquía superior del espíritu. El ser sufriente ha conquistado una estatura, y en las páginas que siguen, el equilibrio con el mundo y aun la dicha.
La quinta parte, titulada Como la naturaleza… representa ya al sujeto lírico salido del anonadamiento del dolor, restablecida la facultad de reintegrarse al universo, apto para interactuar con la creación toda, comprender la grandeza divina en la maravilla de su obra. Capacidad para reparar en pequeños sucesos, milagros cotidianos, la naturaleza próxima, familiar, las sabandijas y animalillos del patio, las plantas comunes, la lluvia, las flores… Toda una larga lista de humildes seres casi olvidados por su modesta condición. “Adivino que llegó la primavera / por la lluvia que cayó / el desentono alegre de las ranas / y el ululú de los niños en la noche / tras las luciérnagas” (Adivino que llegó la primavera). También el misterio de la voluntad de Dios se le revela en señales casi imperceptibles: “El árbol trina como un pájaro / cuando el aire lo doblega. / Así tiene que hacer el hombre, / Dios mío, / cuando le impones / Tu Santa Voluntad.” (El trino del árbol). Ya estamos en condiciones de comprender cómo se ha alcanzado la felicidad.
Exactamente, así se titula la última parte: La extraña felicidad. El título está cargado de insinuaciones y resonancias indetenibles. Es claro que supone otra noción de felicidad, diferente a la que circula habitualmente en el entorno del lector y del poeta. ”Mi felicidad es ese árbol / que contemplo extasiada / no sé por qué.” (Mi felicidad) Y en lo más particular, reafirmación de fidelidad a la dicha de la comunión con Dios: “Qué extraña felicidad me asalta. / Sólo el deseo de amarte / en mi felicidad. // Amarte / y estar a Tus pies.” (La extraña felicidad). El cabal equilibrio en la fe –el “Hágase Tu voluntad”, el “vigoroso trazado”–; el entender no entendiendo de San Juan de la Cruz: “He renacido / en el misterio. / He descubierto / el centro desde allí / acercándome a donde habitas.” (Redescubriendo el misterio).
Se ha cumplido un proceso del espíritu en su totalidad –de principio a fin–; hemos acompañado a la figura poemática a lo largo de la intensa ruta, padeciendo el absoluto sufrimiento y renaciendo en el goce de las obras y el amor divinos. La magnitud de estas experiencias se acentúa –aunque de momento pueda parecer paradójico– en la medida en que el poeta ha decidido y logrado trasmitirla mediante una palabra aparentemente insuficiente. El evidente contraste provoca no la impresión de una pobreza, sino la de una expresión que queda como reservándose la inmensidad, siempre por debajo de la grandiosidad de lo nombrado. Insuficiencia ficticia y no práctica; recurso poético totalmente legítimo y eficaz. Se asienta en el rigor de la selección del léxico, en la sintaxis y en la segmentación de alto valor semántico. Las breves líneas rozan a veces la rispidez, la expresión parca casi en exceso; juegan a bordear los peligrosos despeñaderos por donde el lenguaje se desploma incapaz, pero acaban siempre salvándose, afirmando la elocuencia de la brevedad, de los silencios, de las elipsis, y el misterio de lo que se ha callado, la fuerza irradiadora de lo no dicho.
Estos poemas y el orden en que han sido colocados –y las breves y alteradas sinuosidades por las que van descendiendo los versos estrictos y sin concesiones ni al facilismo ni a lo sentimental–, reclaman un lector capaz, no tanto porque ejerza una información vasta, sino sobre todo porque se encuentre en disposición de un diálogo sincero, emancipado de prejuicios literarios y realmente abierto a la real comprensión del otro, lo que equivale a decir, de sí mismo.
.............................................................Santa Clara, 27 de febrero de 2009.
____________________________________________________________________
[1] Bertha Caluff: El vigoroso trazado, Editorial Capiro, Santa Clara, 2008, 237 pp.

martes, 3 de marzo de 2009

INVITACIÓN

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BLUEBIRD EDITIONS y ZU GALERÍA (fine art) tiene el gusto de invitarles a la a la presentación del libro de poesía “Los nombres de la noche", del poeta Carlos Pintado.

Presentación:. Heriberto Hernández.
Día:................. Sábado, 7 de marzo a las 8:00 p.m.
Lugar:..............
Zu Galería (Fine Art).
..........................2248 SW 8th. Street. Miami, Florida 33135

AGRAVADO POR LA NOCTURNIDAD

Por Heriberto Hernández.
La poesía es un suceso nocturno, su escritura. El ejercicio medieval de ir al encuentro de la palabra que ha de nombrar cada acto, cada gesto en que recordamos haber estado, hemos de incurrir, o soñamos perpetrar con entera premeditación, nos hace cómplices del par indisoluble en que la nocturnidad es el inicio y el fin. La noche no es, en este libro, el espejo natural en que se superponen múltiples oscuridades. Es la otra luz, ese otro sitio, iluminado apenas por las sutilezas del adjetivo justo, robado a las sombras por el ritmo que enaltece oquedades, donde el sonido de versos medidos con el patrón de oro destinan cada inflexión de la voz al sitio que más nos ampara. Carlos Pintado no ensombrece, funda en las sombras una luz otra que es la noche. “La noche avanza breve por mi cuerpo", dice convencido de que, sólo en la oscuridad, otras palabras pueden ser también la luz u otro dibujo valioso.

CARLOS PINTADO
: (Cuba, 1974). Poeta y narrador. Recibió el Premio Internacional de Poesía Sant Jordi 2006 en España por su libro Autorretrato en azul. Jefe de redacción de la revista literaria La Zorra y El Cuervo. Ha publicado los libros El diablo en el Cuerpo (2005), Los bosques de Mortefontaine (Bluebird Editions, 2007) Habitación a oscuras (Vitruvio, Madrid, 2007) y el libro de ensayos y cuentos La Seducción del Minotauro (Islas Canarias, 2000). La editorial Bluebird Editions en los Estados Unidos publicó una antología de su poesía bajo el nombre de Los Nombres de la noche (Bluebird Editions, 2008). Su último libro, El azar y los tesoros fue finalista del premio Adonais, 2008 en España y será publicado por Editora del Sur, en Buenos Aires, Argentina. Textos suyos han sido traducidos al inglés, al alemán, al turco y al polaco, y han aparecido en las antologías Ante el espejo (Poesía Iberoamericana, Fundación Inquietud Europea, Madrid, 2008), Adiós (Madrid, 2006) Aldabonazo en Trocadero 162 (Ed. Aduana Vieja, Madrid, 2008) Una voz en el abismo (Perú, 2007) y en revistas de España, Turquía, México, Alemania, Perú, Argentina y Estados Unidos.

miércoles, 25 de febrero de 2009

INVITACIÓN

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He recibido esta invitación del artista (pocas veces me siento tentado de decir esto de un fotógrafo) Delio Regueral, y me complace invitarlos para que nos veamos allí.

Día:....Sabado, 28 de febrero.
Hora:..7:00 p.m.
Lugar:Lignum Custom Millkwork.
...........7006 SW 4th. Street.
...........Miami, Florida 33144

viernes, 20 de febrero de 2009

UN PREMIO EN ACUARELA


Miami-Dade County Public Schools.

Judge's Choice Awards to Erick A. Hernández.

miércoles, 18 de febrero de 2009

FIN DE AÑO

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……………..…..XXX
Era esa la conversación que se escuchaba,
........las palabras que caían
……..confundiéndose con el sonido de los cubiertos.
De espaldas, intentábamos no escucharles,
...…..intentábamos estar en otro sitio.

El olor a pimientos, la hilarante
……..gestualidad con que festejan los reencuentros,
……..todo el artificio de las fiestas de fin de año
……..puestos en un sólo recuerdo, como vasijas en un estante
……..o copas, simples adornos, en la vitrina de la infancia.

Ven, me decías,
……..y bailemos, con unos enormes deseos de ser otros.
Ven, olvidemos quienes somos
……..esta noche en que el año termina,
……..en que terminamos algo.
Ven, bailemos como quien se despide.

Pero yo he decidido no moverme de este sitio,
……..perdido en una esquina de la mesa
……..naufragar en los bordados inútiles del mantel
He decidido comer de esta comida insípida
……..por años, o toda esta noche
……..hasta que amanezca,
……..o hasta morir, si se pudiese.

lunes, 16 de febrero de 2009

LAS PALABRAS DEL CUERPO

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Palabras leídas por el poeta Norge Espinosa en la presentación del libro de poemas "Los olores del cuerpo” de Bladimir Zamora Céspedes.
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Por Norge Espinosa.

He leído estos poemas con anterioridad. O los he escuchado, en voz de su autor, durante un tiempo que me permito poblar de mis memorias. Volver a encontrarlos unidos en un volumen, donde la voz de Bladimir Zamora parece haberlos impreso con una tinta que es la de esa memoria y esas noches, me ha recordado que la poesía es, sobre todo, una manera de salvarnos de la pérdida. Si no me uniera al autor de estos poemas un cariño, o para decirlo con una palabra tal vez más cierta, una querencia tan larga, puede que me hubiese negado a hacer esta presentación. Porque en no pocos versos he reencontrado paisajes en los que yo era otro, más joven o ingenuo, y me abrazaban, y se abrazaban, otros que no nos acompañan ya, o que tal vez no deseen volver a retratarse en idénticos abrazos. Salvarnos de la pérdida, eso digo. Lo quieran o no, en Los olores del cuerpo esos abrazos son todavía cálidos.
Bladimir lo ha dicho en no pocas ocasiones. Como su admirado Gastón Baquero, al que tanto hizo por acercarnos hasta el día de hoy en el que mencionar su nombre ya no es deshonra sino fiesta verbal de todos; descree de los libros como quien descree de las tumbas. Para suerte suya, Los olores del cuerpo rezuma, junto al estado de ánimo de quien escoge y repasa, un anhelo que no es de la despedida, sino más bien el concierto de lo vivido en pos de nuevas resonancias. Fiel a sí mismo, Bladimir ha puesto en un haz los poemas con los cuales llenó aquel primer cuaderno, Sin puntos cardinales, y ha dilatado ese mapa sensible que es su propia biografía de poeta humilde y alejado de la vanidad de tantos con otros textos que lo acompañan y nos acompañan. Una buena antología de la poesía cubana de los años 80 no perdería un ápice de dignidad si incluyese “Bailas para mí en 1916", esa evocación de una Isadora Duncan que renace como alma y baile de manera insólita en uno de sus mejores poemas. Y que, hasta donde sé, no ha podido ser superada por otra página que intente seguir la huella de la excepcional bailarina entre nosotros desde la poesía que fue ella misma. “El cetro de la imaginación” es otro poema, a mi juicio, veraz y válido: el propio Gastón Baquero es el retrato de una Isla que comienza donde la poesía tiene su latitud visible. Son, digamos, ejemplos de una poesía que puede emular con lo que, como concepto, manejan muchos. Pero quizás me atreva más, y pueda sugerirle al lector que no conozca a Bladimir poemas más sencillos, en los que se transparenta un ser humano que lidia sin cesar contra otras figuraciones.
Habrá que decirlo de una vez: siendo él mismo un hombre esencial en el desplazamiento que muchos jóvenes poetas ganaron hacia la publicidad mediante las páginas de El Caimán Barbudo, en las cuales les hizo sitio desde aquella columna que se llama “Por Primera Vez"; Bladimir Zamora ha ido entretejiendo su propia palabra de poeta en la hora, al parecer, menos iluminada. Escribe para sí mismo con las palabras de la infancia, oídas y aprendidas en Cauto del Paso, y tocadas por un encantamiento que las desdobla hacia otra posibilidad de sonido y sentido. La transparencia parece ser su clave; y en su poesía, despojada de efectos y recursos que otros calcan sobre sí mismos, hay un retrato íntimo de la persona que procura un rostro menos solitario, y pide y clama en estos poemas por la posibilidad de una compañía que lo salve. La suya es una poesía que pide confraternidad. No es ese un gesto nada frecuente en lo que se escribe y lee hoy en la Isla.
Conocido por tantos, trovadores, poetas, pintores, artistas de Cuba y fuera de Cuba, podría crearse de él la imagen de un ser a quien no le faltan abrazos. Los olores del cuerpo muestra la otra figura de la misma persona, y al revelarlo en su fragilidad, ayuda a entender mucho mejor a ese Bladimir Zamora público, capaz de arroparse en el ron más sencillo, y cambiarlo por el hallazgo de un nuevo cantautor, o de volver a Martí o Fina García-Marruz, dos de sus pasiones, con la vulnerabilidad de quien vive y comparte todo lo que vive. Cuántas veces hemos subido la escalera estrechísima del Hotel Monserrate para oír, en la disposición mínima de La Gaveta, varios secretos cantados de Cuba. Cuántas veces no he pensado en él si me despierto necesitando a María Teresa Vera o Los Matamoros. Los olores del cuerpo contiene la música íntima de Bladimir Zamora: de alguna manera son más que poemas, estos, sones, baladas, su melodía más cierta. Algunos de estos versos, quizás por ello, nos invitan a cantarlos.
Algunas personas, sin que la exageración nos empuje a afirmar tal cosa, pueden calificarse de irrepetibles. Son, ellas, las que ganan un sitio que no podemos compartir sino desde el gesto con el cual nos sabríamos privados del algo que creemos estrictamente irremplazables; algo sin lo cual algunas cosas no serían iguales ni nos harían precisamente iguales. Los olores del cuerpo, para quienes lo conozcan de veras, es un libro que se parece a su autor, que lo revela sin circunloquios ni pirotecnia de la poesía al uso. De ahí proviene su extrañeza y su singularidad. Los amigos que el autor puede nombrar, varios de los cuales están en la página de créditos del volumen, podrían confirmarlo. Yo lo digo porque también puedo imaginarme en el espejo que esos versos me dejan habitar: puedo reconocerme en ellos con la seguridad palpitante de quien desempolva una foto de familia para encontrar su propio rostro entre los rostros: el paisaje que puede ser la poesía en un fondo que se va volviendo sepia. Lo que este libro nos devuelve es el tiempo en que muchas cosas parecían ser posibles, reviviéndolas con palabras que son el aliento, el olor, el eco mismo de Bladimir Zamora. El Bladimir Zamora que podría abrir, hasta las madrugadas infinitas que acaso ya no vuelvan, una casona en la calle Paseo para que coincidieran Delfín Prats y Carlos Varela, Martha Valdés y un poeta recién descubierto, Zaida del Río y Javier Guerra. A eso podríamos llamarle vivir. De ese olor, también, pueden llenársele al lector las manos.

domingo, 15 de febrero de 2009

EL MENOS COMÚN

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No se trata de “alta economía”, se trata de sentido común. Si los problemas de un país son la suma de los problemas particulares de cada uno de sus habitantes, yo me pregunto si a cada uno de los habitantes de este país no les bastaría con mucho menos de lo que les corresponde per cápita, de “el paquete” que nos están vendiendo como una solución salomónica, para resolver todos sus problemas definitivamente.
Si “el problema” es una consecuencia de la crisis hipotecaria, y las hipotecas son la carga fundamental del endeudamiento de los contribuyentes, ¿por qué no comprar la deuda a los contribuyentes directamente?

¿Será que nos están vendiendo un problema más grande del que realmente existe, para poder diseñar una solución lo suficientemente grande pueda amparar otros intereses?
¿Por qué crear soluciones complicadas para problemas simples?